Allá por 1985, en plena epidemia de VIH y poco tiempo después de que la ciencia descubriera sus causas, Erik y Bente Gregersen -un matrimonio danés- desarrollaron un método que prometía ampliar las opciones de protección y darles mayor autonomía sexual a las mujeres: el preservativo vaginal.

Salió a la venta recién en 1992 y, aunque al principio había grandes expectativas, nunca llegó a alcanzar la popularidad del condón masculino. “A pesar de haber sido aprobado por la FDA en Estados Unidos, en Argentina no tuvo la repercusión que se consideraba que iba a tener”, asegura la licenciada Lucía Báez Romano, presidenta de la Asociación Sexológica Argentina (ASAR), en diálogo con Clarín.

Según explica, ya en aquel entonces las mujeres experimentaban lo que hoy se conoce como stealthing, la práctica de quitarse el preservativo durante el acto sexual o mentir sobre su uso sin el consentimiento de la otra persona: "Se pensó que las mujeres iban a disfrutar mucho más de esta alternativa, pero eso no ocurrió". ¿Los motivos? La dificultad para colocarlo, precios mucho más altos que el tradicional y las dudas sobre cuál era el mejor momento para usarlo durante el acto.

El preservativo masculino sigue siendo el método más utilizado para prevenir ITS y embarazos. Foto: ilustración Shutterstock.

Qué es el preservativo vaginal y cómo funciona

La página oficial del Ministerio de Salud de la Nación define al preservativo vaginal como "un método de barrera que mide aproximadamente 17 centímetros y está hecho de nitrilo, un material apto para personas alérgicas al látex".

Además, viene lubricado a base de silicona. Cuenta con dos anillos: uno externo, más ancho, que queda por fuera y cubre parcialmente la vulva; y otro interno, flexible, que permite introducir el preservativo en la vagina y ayuda a mantenerlo en su lugar durante la relación sexual.

Para su correcta utilización, el organismo da a conocer una serie de pasos a seguir:

  • Para colocar el preservativo vaginal, encontrá una posición que te resulte cómoda, generalmente de cuclillas.

  • Agarrá el anillo interno (extremo cerrado) entre el pulgar y el índice. Luego, apretalo por los lados hasta que se junten y formen una punta.

  • Separá los labios externos de la vulva y usá la punta formada por la unión de los lados para empujar el PV hacia adentro.

  • Deslizá los dedos dentro del preservativo y empujá el anillo interior, que ya está dentro de la vagina, hasta donde sea posible.

  • El preservativo vaginal tiene que ajustarse a la pared de la vagina sin retorcerse. Sostené el anillo exterior al inicio de la penetración.

  • Para retirarlo, agarrá el anillo exterior y giralo para extraerlo.

Así es la correcta utilización del preservativo vaginal. Foto: Ministerio de Salud.

Además, Báez Romano recomienda "familiarizarse" con el preservativo interno, ya que su uso es diferente al masculino. En este caso, puede ponerse hasta ocho horas antes del coito, aunque la sexóloga sugiere colocarlo un minuto antes de la penetración.

5 datos que tal vez no conocías sobre los preservativos vaginales

1. No reduce la sensibilidad

A diferencia del látex, este preservativo está fabricado con nitrilo, un material fino y resistente que se adapta rápidamente a la temperatura corporal. Esto permite disfrutar con más sensibilidad y combinarlo con cualquier tipo de lubricante. La funda se adapta a la cavidad vaginal y el anillo exterior puede servir para estimular el clítoris.

2. Tiene la misma efectividad que el preservativo masculino

Según la presidenta de la ASAR, el condón femenino tiene 95% de efectividad -al igual que el método tradicional- tanto para prevenir embarazos como para evitar enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, desde la OMS aseguran que, debido a errores en su uso, la efectividad real es del 79%.

"Por más que tenga alto porcentaje de efectividad, no le dan dicha validez. Su fracaso debe ser por la impaciencia de su colocación y quizás su valor monetario", dice la sexóloga.

El condón femenino tiene 95% de efectividad, al igual que el método tradicional. Foto: ilustración Shutterstock.

3. No se combina con el condón tradicional

"Es un mito que deba usarse en conjunto con el preservativo masculino", asegura Báez Romano. Justamente, se recomienda evitar esa práctica para que no se rompa con la fricción.

Sin embargo, se puede combinar con otros métodos, como pastillas anticonceptivas, dispositivos intrauterinos (DIU y SIU), anticoncepción inyectable e implantes.

4. Son difíciles de encontrar y más caros

Aunque hay de distintas marcas, el preservativo “FC2 Female Condom”, cuya empresa está radicada en Reino Unido, es el único autorizado por la ANMAT y está respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Son difíciles de conseguir en Argentina, ya que solo están repartidos en pocos centros de salud y no cuentan con autorización comercial en el país. Se pueden comprar a través de plataformas online internacionales o sex shops especializados y su precio puede ser hasta tres veces más caros que los preservativos masculinos.

Los preservativos vaginales no cuentan con autorización comercial en el país. Foto: ilustración Shutterstock.

5. Qué dicen las mujeres

En 2021, el Fondo de Población de las Naciones Unidas en Argentina (UNFPA) llevó a cabo el estudio Aceptabilidad del preservativo vaginal entre mujeres adolescentes y jóvenes del AMBA. Se estableció una muestra de 100 mujeres de entre 18 y 29 años y se le entregaron preservativos vaginales a cada una.

De allí surgieron estos datos: el 98% de las encuestadas consideró que debe ser incorporado en la política pública; el 97% manifestó que su pareja sexual aceptó su uso; el 96% lo recomendaría y el 80% lo volvería a usar.

Y si bien el 68% admitió que tuvo dificultades en la primera práctica de colocación, cuando posteriormente lo usaron en relaciones sexuales, el porcentaje se redujo al 36%.

Campo de látex, una barrera para las ITS

Aunque suele asociarse a relaciones heterosexuales, el preservativo vaginal también puede utilizarse en relaciones entre personas con vagina, ya que actúa como barrera frente al intercambio de fluidos. Sin embargo, en estos casos es más habitual el uso del campo de látex.

El campo de látex es una superficie fina, que se realiza a partir de un preservativo común, y se utiliza para protegerse de infecciones de transmisión sexual. Foto: Fundación Huésped.

Se trata de una superficie fina, que se realiza a partir de un preservativo común, y se utiliza para protegerse de infecciones de transmisión sexual cuando se practica el sexo oral en la vagina o en el ano.

Para armar un campo de látex, Báez Romano aconseja cortar los vértices y abrirlo de forma transversal hasta obtener un rectángulo de látex. Luego, apoyarlo sobre la vulva para evitar el contacto directo con mucosas y fluidos.

"Es algo que no se suele usar, porque la mayoría practica sexo oral sin protección. Pero es un formato que se debería usar siempre cuando las relaciones sexuales son circunstanciales, hasta tanto no se hagan los análisis correspondientes de ITS", concluye la experta.