Pese a que por el fin de la moratoria previsional está disminuyendo el número de nuevos jubilados, por la fuerte baja del empleo registrado, la relación entre aportantes y beneficiarios de la ANSeS volvió a caer en los últimos años y es de apenas 1,42 cuando en 2023 estaba en el 1,60, según los datos de la Seguridad Social.

Hay que remontarse a 2020 (año de la pandemia) para encontrar una relación más baja (1,41) o a la crisis de la convertibilidad (1,38 en 2002). Luego volvió a subir hasta 2,04 en 2006 para ir descendiendo a a 1,53 en 2015, 1,49 en 2021, luego a 1,57 en 2022 y 1,60 en 2023. En 2024 bajó 1,53, en 2025 a 1,45 para descender en marzo 2026 a 1,42.

El descenso de los últimos años obedece a la mayor caída de los aportantes en relación a los beneficiarios: hay 622.308 menos que en 2023 mientras los beneficios crecieron en 426.261. Este deterioro es mayor respecto de 2024: los aportantes disminuyeron en 546.270 y los beneficios subieron en 168.395.

Los fondos que recauda la Seguridad Social de los trabajadores activos van a financiar el pago de haberes a los jubilados. Lo que no cubren los aportantes debe ser completado por el Tesoro.

En consecuencia, hay una caída en el financiamiento propio de la Seguridad Social, agravado por la caída de los salarios de los aportantes y la reducción de las contribuciones patronales. Y también por el FAL (Fondo de Asistencia Laboral) que recibirá aportes que hoy van a la ANSeS para pagar las indemnizaciones por despidos de empleados formales.

Este deterioro se fue trasladando a los jubilados, Por ejemplo, el bono de hasta $ 70.000 está congelado desde marzo de 2024. “Si actualizáramos este bono, en lugar de un mínimo actual de $ 481.989,30 tendríamos un mínimo de $ 626.500 ($ 411.989 + $ 214.505), lo cual implica una pérdida de ingresos del 23%”, según los cálculos del especialista Guillermo Jauregui.

La relación aportantes/jubilados óptima depende, de lado de los ingresos del sistema, de la cantidad de aportantes, de los niveles salariales y del monto de los aportes y de las contribuciones patronales a la Seguridad Social. Y del lado de los egresos, del número de beneficiarios y de los haberes.

Hacia adelante, la tendencia es que los aportantes sigan disminuyendo por las cesantías tanto en el sector público como privado mientras las nuevas jubilaciones seguirán desacelerándose, por las dificultades de reunir los 30 años de aportes por la creciente informalidad laboral.

"La destrucción del empleo formal no se refleja en aumento del desempleo porque la gente se incorpora a la informalidad. En el corto plazo esto se traduce en caída en los ingresos y en el mediano plazo en menos y peores jubilaciones", admite IDESA.

Y agrega: "El deterioro del mercado laboral tiene impactos negativos en el presente, pero también en el futuro. La mayor parte de los jubilados tenderán a ser personas sin aportes que se jubilarán con la PUAM, cuyo haber equivale a 80% de la jubilación mínima. Incluso en el reducido segmento de personas que se jubilan con aportes es cada vez mayor la proporción que lo hace con el monotributo con lo cual se jubilarán con la jubilación mínima. La persistencia de la masiva informalidad en el mercado laboral asegura que el futuro de la calidad de vida de los jubilados será peor que la actual".

La población ocupada se estima en torno a los 22,5 millones y los aportantes suman casi 13 millones. Así, habría unos 9,2 millones que se desempeñan en la informalidad entre asalariados y el resto de las modalidades de trabajo.

Son personas ocupadas que, al no registrar aportes y contribuciones de sus empleadores o propios como trabajadores independientes, entre otros derechos, no tienen cobertura previsional ni de salud ni de riesgos laborales. Y podrán tener, cuando alcancen la edad jubilatoria, un haber bajísimo o de subsistencia.