Más allá de que no hubo anuncios específicos (tampoco se esperaban), el discurso del presidente Javier Milei en el acto inaugural de la Exposición Rural de Palermo estuvo cargado de contenido. Puso al campo y la agroindustria en el centro del tablero. Exaltó el salto productivo fenomenal que está experimentando el sector, en una fuerte aceleración con records de producción y exportaciones de los principales rubros. Y expresó que la gran oportunidad de la Argentina pasa por aprovechar plenamente el potencial de su sector agroindustrial.

No sonó, por lo menos para nuestros oídos, como una dorada de píldora a la dirigencia ruralista anfitriona. Hace pocas semanas se había despachado en similares términos en el aniversario de la Bolsa de Cereales. Pareciera que en el seno del gobierno se consolidó la idea de que a la fulgurante performance de la Vaca Muerta, se suma el “revival” de la Vaca Viva, que puede dar mucha más leche todavía si se la deja comer en libertad.

Remarcó que el auge del petróleo y la minería permiten aliviar la pesada carga que le tocó al agro para que el país no saltara en mil pedazos. Repasó la historia reciente: eliminación del cepo, una exacción a todos los sectores exportadores, y en particular para el principal. Se redujeron las retenciones, aunque el sector reclama (lo hizo ayer el titular de la Sociedad Rural Nicolás Pino) la eliminación lisa y llana de las remanentes. Agradeció una vez más la paciencia y la comprensión del sector, que avala la necesidad del equilibrio fiscal, pero se pregunta por qué le tocará bailar con la más fea por unos años todavía…

Pero ahora al menos hay un cronograma. Algunos recuerdan que Macri también lo tuvo, y no lo pudo sostener. Eso es lo que Milei está diciendo cuando habla de un programa sustentable.

Cuando hace más de treinta años comenzamos a hablar de la Segunda Revolución de las Pampas, muchos la interpretaban como una simple metáfora periodística (la primera había sido la del avance sobre el desierto. La segunda, la del salto tecnológico). Sin embargo, la realidad terminó superando aquella definición. La producción agrícola se triplicó en volumen y cuadruplicó en valor. Los rindes crecieron gracias a la ciencia. La industria de maquinaria agrícola desarrolló equipos que hoy despiertan interés internacional. Empresas de base tecnológica nacidas en el interior comenzaron a competir globalmente. El conocimiento pasó a ser el verdadero fertilizante del crecimiento.

Javier Milei habla durante la inauguración de la Exposición Rural de Palermo

Ese proceso dio origen a cientos de pueblos dinámicos, generó empleo calificado, impulsó universidades, institutos de investigación, contratistas, fabricantes de insumos, desarrolladores de software, exportadores de maquinaria y emprendedores que encontraron en el agro un espacio para innovar.

Por eso resulta significativo que un Presidente coloque hoy al campo en el centro de una estrategia de crecimiento económico. No porque el agro deba ser el único motor del desarrollo argentino, sino porque constituye el punto de partida más sólido para poner en marcha muchos otros sectores. Cada dólar exportado por el complejo agroindustrial multiplica inversiones en transporte, puertos, energía, industria, servicios financieros, logística y tecnología.

La Segunda Revolución de las Pampas todavía tiene enormes capítulos por escribir. La bioeconomía apenas comienza. La industrialización de la biomasa, los biocombustibles, la química verde, los nuevos materiales, las proteínas alternativas y la digitalización prometen agregar mucho más valor que el que hoy imaginamos. Argentina dispone de recursos naturales excepcionales, pero sobre todo posee productores, científicos, técnicos y empresarios capaces de transformarlos en riqueza sostenible.

Las oportunidades, sin embargo, no se concretan solamente con buenos discursos. Requieren estabilidad macroeconómica, reglas previsibles, infraestructura moderna, inserción internacional e incentivos permanentes para invertir e innovar. Ninguna revolución productiva prospera si depende exclusivamente del entusiasmo de quienes producen. Felizmente, parecen alinearse los planetas.