Michael Kearney comenzó a hablar cuando apenas tenía cuatro meses. Antes de cumplir un año sorprendió a su médico al identificar una infección de oído y, décadas después de convertirse en el graduado universitario más joven del mundo, eligió una vida muy distinta a la que muchos imaginaban para un niño prodigio: enseñar a otros jóvenes con altas capacidades y contar el costo personal que tuvo crecer siendo un genio.
Kearney obtuvo la licenciatura en Antropología en la Universidad de South Alabama cuando tenía apenas 10 años y cuatro meses. Ese logro le permitió ingresar al Libro Guinness de los Récords como la persona más joven en graduarse de una universidad, una marca que, más de tres décadas después, todavía permanece invicta.
Su desarrollo intelectual fue extraordinario desde los primeros meses de vida. Pronunció su primera palabra a los cuatro meses y, tiempo después, recibió un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y disgrafía, una condición que dificulta la escritura a mano. Ante ese escenario, sus padres optaron por educarlo en casa para que pudiera avanzar a su propio ritmo, sin las limitaciones de un sistema escolar tradicional.
Antes de aprender a caminar ya dominaba el inglés. Incluso, cuando tenía apenas un año, llamó la atención de su médico al reconocer los síntomas de una infección en uno de sus oídos y sugerir el tratamiento adecuado.
Su carrera académica no se detuvo tras aquel récord. Antes de cumplir 20 años obtuvo dos maestrías, inició un doctorado y hasta ganó un millón de dólares en un popular concurso de televisión. Su hermana menor, Maeghan, también fue considerada una niña prodigio y se graduó de la universidad a los 16 años.
Una carrera académica fuera de lo común
Michael junto a sus papás.
Las capacidades de Kearney comenzaron a llamar la atención desde muy pequeño. A los cuatro años rindió una prueba del programa para estudiantes con talento matemático de la Universidad Johns Hopkins y obtuvo la puntuación máxima sin preparación previa.
Dos años más tarde terminó la escuela secundaria San Marin High School, en Novato, California, después de cursar apenas un año. Luego ingresó al Santa Rosa Junior College y posteriormente se transfirió a la Universidad de South Alabama, donde en 1994 consiguió el título universitario que lo convirtió en un fenómeno mundial.
Su colección de logros continuó creciendo. A los 14 años obtuvo una maestría en Bioquímica en Middle Tennessee State University y luego comenzó un doctorado en Química en la misma institución. Aunque no llegó a completar esa tesis, para cuando alcanzó la mayoría de edad ya había obtenido cuatro títulos universitarios en Antropología, Química, Ciencias de la Computación y Geología.
"La mayoría de las personas empieza la escuela a los seis años y termina la universidad alrededor de los 22 o 23. Yo, simplemente, pasé todo ese tiempo en la universidad", recordó Kearney.
Del récord Guinness a las aulas
Con el paso de los años, Kearney decidió alejarse de la imagen del niño prodigio para construir una carrera vinculada a la educación. Enseñó a estudiantes con altas capacidades en las universidades de Vanderbilt y Tennessee y dedicó buena parte de su trabajo a acompañar a jóvenes que atravesaban experiencias similares a la suya.
También alcanzó notoriedad fuera del ámbito académico al ganar un millón de dólares en Gold Rush, un concurso televisivo que combinaba preguntas de cultura general con desafíos en internet.
Pero su principal legado estuvo en otro lugar. En el libro Beyond the Threshold relató cómo vivió la aceleración académica desde la infancia y reflexionó sobre las dificultades emocionales y el aislamiento social que suelen enfrentar muchos niños prodigio. Sus testimonios todavía se utilizan como material de estudio en programas de formación docente especializados en educación para estudiantes superdotados en Estados Unidos.
Con el tiempo, eligió retirarse de la exposición pública. Después de haber ocupado titulares durante años, participar en programas de televisión y desarrollar una carrera universitaria, prefirió llevar una vida lejos de los medios.
Su récord, sin embargo, continúa vigente. En 2021, el belga Laurent Simons intentó convertirse en el graduado universitario más joven del mundo al obtener su título a los 11 años y cinco meses. Estuvo cerca, pero no logró superar la marca que Michael Kearney estableció con apenas 10 años y cuatro meses.
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