A 26 años de haber despuntado por primera vez en las pasarelas, el mundo íntimo de Pablo Ramírez alcanzó formato de libro. Archivo Ramírez es un ensayo teórico y visual que logra un exhaustivo recorrido sobre –justamente– el archivo personal del reconocido diseñador de moda argentino.
Archivo Ramírez. De Pablo Ramírez. Fundación Medifé Edita.
La publicación lanzada por Fundación Medifé Edita, surgió a partir de la idea de la socióloga Daniela Lucena, quien además coordinó el equipo de investigación conformado principalmente por Sebastián Rodríguez, a cargo del acervo visual, y Agustina Fernández, guardiana del patrimonio creativo que el autor reunió más allá de su trayectoria laboral, a lo largo de toda su vida.
Entre las más de 700 imágenes inéditas que comprende el libro, se incluyen las relativas a su quehacer cotidiano, por caso las fichas técnicas y los figurines de colecciones icónicas como la debutante “Casta”, la inmarcesible “Tango” y la imprescindible “Madres”, también aparecen alusiones a las que fueron presentadas en el exterior, como las que llevó a Alemania y Paraguay, por ejemplo.
A eso se suma su incursión en el rock y pop argentino, con el boceto del atuendo rojo que hizo para Fito Páez en tiempos del Amor después del amor, y el del principito patrio para Gustavo Cerati en los 11 Episodios sinfónicos, presentados en el Teatro Avenida. Además, incluye el testimonio de lo primigenio, como cuando participó del concurso para jóvenes diseñadores de la empresa Alpargatas a mediados de los años 90 y desarrolló una colección en denim que todavía hoy sigue siendo referencia. Tal como las producciones fotográficas y los dibujos que hizo para las firmas en las que trabajó antes de tener su marca homónima: Gloria Vanderbilt y Via Vai, entre otras.
Lo cierto es que, más allá del racconto de lo evidente, lo que suele estar en el foco de la escena fashion de la que sin dudas Ramírez es uno de los actores principales, esta publicación pone la lupa en las historias mínimas sobre aquellos objetos y anotaciones que podrían haber quedado en los márgenes. Por el contrario, los profundiza para revisitar su trayectoria de trabajo y de vida, desde que era un niño en Navarro, Provincia de Buenos Aires, y ya esbozaba diseños de estirpe cinematográfica.
Interiores de Archivo Ramírez.
Así es que, la factura de compra en el showroom de Recoleta y la foto en paños menores de la editora británica Isabella Blow, en el backstage del primer desfile que hizo en Bafweek, a principios del nuevo milenio, conviven con las polaroids de su breve estadía en Nueva York y los documentos físicos de un reconocible Ramírez con flequillo tupido, en las fotografías de antaño de los actos escolares y otras aventuras infantiles, como parte de la bitácora personal, y seleccionados especialmente para el libro.
Respecto a esto último, este trabajo puede ser visto y leído como una respuesta a la actual saturación digital, con la pregnancia del registro analógico de los diarios de vida que confeccionó desde muy chico y que a partir de esta publicación alcanzan el rango de tesoros.
Figurines de Archivo Ramírez.
“Mi pasarela ideal para el mejor desfile”, dice la captura de la letra cursiva redondeada, plasmada en un bloc de hojas ralladas, en convivencia con los trazos aspiracionales de la pubertad, cuando el faro apuntaba a los legendarios Christian Dior y Cristóbal Balenciaga, con la posterior libreta de notas de su paso por el CBC en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.
A su vez, esa decisión transversal –la de iluminar lo periférico– sobresale en un presente exorbitado por la apariencia de la IA en las pantallas. No solo por el contraste de los dibujos en tinta y las fotos en papel fotográfico, sino porque además de mostrar lo que no suele verse o queda por fuera del fashion show, evidencia lo que subyace, lo no dicho. Por caso los apuntes garabateados que el diseñador hace en medio del proceso de trabajo antes de presentar el desfile de colección, con pensamientos y reflexiones que en un mismo plano pasan del hedonismo a lo más concreto de la confección. Asimismo, se alude a los saberes empleados en cada una de las piezas en el binomio blanco y negro que, desde el vamos, se volvieron su marca registrada, en siluetas ultra vigentes que no por eso dejan de venerar la vestimenta de otras épocas.
Y si, por un lado, se recuperan los artículos de las tres decanas del periodismo de moda cuyos textos están publicados en el libro: Felisa Pinto, Ana Torrejón y Victoria Lescano, se valora la idea de incorporar escritos de otros autores que orbitaron por primera vez sobre su trabajo. Entre ellos se destacan el historiador Marcelo Marino y Ernesto Meccia, doctor en Ciencias Sociales: el primero de ellos enfocado en las veces que retrató a Eva Perón, indiscutido ícono fashion del siglo XX y musa habitual para el creador, mientras, el segundo, se detiene en la certeza identitaria sobre aquello que Ramírez “no quería hacer”, desde su infancia en Navarro.
Archivo Ramírez, de Pablo Ramírez.
Así como el autorretrato de la portada, donde el diseñador aparece dibujado con una mano en la cara, dejando entrever uno de sus ojos, funciona como preámbulo de todo lo que irá develando a lo largo de los distintos relatos y las imágenes publicadas en el libro, el glosario final no deja de ser un epílogo de este primer cuarto de siglo, donde plasma sus hitos públicos.
En ese tramo se retoman referencias a los vestuarios que creó para las obras de Alfredo Arias, la ópera Carmen en el Teatro Municipal de San Pablo, Brasil, y el reciente unipersonal La Viva Voz –donde también tomó el rol de director– en el Teatro Nacional Cervantes.
Interiores de Archivo Ramírez, de Pablo Ramírez.
Además, se aprecia como un repaso de épocas –de las anteriores y de la actual– para indagar en las últimas dos décadas y media del diseño de moda local, donde Ramírez fue protagonista indiscutido de la selección dorada de los autores surgidos en los 2000. El mismo que trascendió a las crisis que azotaron a la industria de la indumentaria, no solo por las expresiones magistrales que desplegó arriba de escenarios y pasarelas, sino por –ahora se sabe– el caudal de riquezas resguardadas en su archivo.
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