Encontrar un planeta parecido a la Tierra fuera del Sistema Solar es uno de los grandes objetivos de la astronomía moderna. En los últimos tiempos, un equipo internacional de científicos detectó una nueva “supertierra” ubicada a apenas 18 años luz que podría reunir condiciones compatibles con la presencia de agua líquida.

El planeta fue bautizado como GJ 251c y orbita una estrella enana roja mucho más pequeña y fría que el Sol. Lo que llamó la atención de los investigadores es que se encuentra dentro de la llamada “zona habitable”, una región donde las temperaturas podrían permitir agua líquida en superficie si existe una atmósfera adecuada.

Aunque todavía no pudo ser fotografiado de manera directa, los astrónomos lograron detectar su presencia gracias al “bamboleo” gravitacional que provoca sobre su estrella. Ese leve movimiento fue registrado durante más de dos décadas mediante telescopios e instrumentos de alta precisión instalados en Estados Unidos, Hawái, Arizona y España.

El planeta fue bautizado como GJ 251c y orbita una estrella enana roja mucho más pequeña y fría que el Sol. (Foto: IA).

Los datos muestran que GJ 251c tiene una masa mínima equivalente a 3,8 veces la de la Tierra y tarda unos 53,6 días en completar una órbita alrededor de su estrella. Esa combinación lo ubica dentro de la categoría de supertierras, un tipo de planeta rocoso más grande que la Tierra, pero más pequeño que Neptuno.

Qué condiciones tendría esta supertierra

La gran incógnita ahora es cómo es la atmósfera de GJ 251c. Los modelos climáticos elaborados por los científicos muestran escenarios completamente distintos según los gases que rodeen al planeta.

Si tuviera una atmósfera similar a la terrestre, las temperaturas serían extremadamente bajas y el agua permanecería congelada. En cambio, una atmósfera más densa y rica en dióxido de carbono podría generar un efecto invernadero suficiente para mantener océanos líquidos y temperaturas relativamente estables.

Los investigadores también analizaron un escenario extremo con una atmósfera dominada por hidrógeno. En ese caso, el planeta se transformaría en un mundo muy caliente, con temperaturas superiores a los 500 kelvin, incompatibles con la vida tal como se conoce actualmente.

Los datos muestran que GJ 251c tiene una masa mínima equivalente a 3,8 veces la de la Tierra. (Foto: IA).

Uno de los aspectos que más entusiasma a la comunidad científica es la cercanía del sistema. En términos astronómicos, 18 años luz representa prácticamente el “vecindario” de la Tierra, algo poco habitual para un planeta de estas características.

Por qué podría ser clave para buscar vida fuera de la Tierra

La proximidad de GJ 251c permitirá que futuros telescopios gigantes intenten captar directamente la luz reflejada por el planeta y estudiar su atmósfera con mucho más detalle que en otros exoplanetas lejanos. Entre los elementos que podrían buscarse aparecen vapor de agua, dióxido de carbono, metano u oxígeno, gases considerados potenciales biomarcadores.

El descubrimiento fue posible gracias al uso del espectrógrafo HPF, instalado en el Telescopio Hobby-Eberly de Texas, y del espectrómetro NEID, ubicado en Arizona. Ambos instrumentos fueron diseñados específicamente para detectar pequeños movimientos en estrellas cercanas provocados por planetas rocosos.

Los investigadores remarcan que todavía es demasiado pronto para afirmar que GJ 251c sea habitable o que tenga vida. Sin embargo, sostienen que hoy es uno de los candidatos más prometedores para futuras observaciones directas y para entender mejor cómo podrían ser otros mundos similares a la Tierra fuera del Sistema Solar.