Como es lógico, envejecer no trae solamente cambios físicos innegables, sino que los años llegan con más "mañas" y prioridades distintas para cada etapa de la vida. Una reflexión de una sexagenaria sobre los lazos que la rodean, explica cómo el paso del tiempo afecta de una manera a quien lo padece, mientras que la mirada exterior puede ser distinta.

Se trata de la sensación de que las personas que nos rodean siguen viendo una versión de nosotros que ya no existe. En un escrito, una autora puso en palabras una experiencia que asegura que comparten muchas personas mayores de 60 años.

Las personas cambian con la edad, pero quienes lo rodean pueden seguir pensando que son los mismos que hace 20 años y eso afecta. Foto Shutterstock.

"Una de las realidades más difíciles es darte cuenta de que las personas que te aman en realidad están enamoradas de una versión de ti que tiene 20 años de antigüedad", destaca la autora en el medio digital Bolde. La frase, compleja por lo profunda pero fácil de comprender, invita a pensar cómo cambian las relaciones con el paso del tiempo.

Quizá por eso, sostiene, una de las tareas más difíciles de envejecer no sea aceptar las canas, las dificultades económicas de la jubilación o dejar de realizar ciertas cosas, sino lograr que aquellos seres cercanos descubran a la verdadera persona en la que se convierte con los años.

Qué pasa con la mirada del otro después de los 65 años: la teoría de las versiones en cada uno

El afecto es una construcción diaria que corre el riesgo de seguir siendo amados por alguien quien ya uno no es. Es lógico, que ninguna persona sea la misma a los 20 años que a los 60. El paso del tiempo deja huellas físicas, emocionales y, sobre todo, aprendizajes duros de asimilar. Sin embargo, no se percibe en el día a día un cambio constante.

Las variaciones son paulatinas, atravesando las situaciones distintas y ninguna persona es igual a la otra. Aunque nadie tiene las mismas características, hay patrones comunes, y la vida lleva siempre para un mismo lugar. Aquellos que llegan a los 60 pueden percibirse como que ya no son los mismos jóvenes y también pueden sentir que los seres amados se han quedado con esa versión de uno mismo, cuando el carácter es otro.

Reflexiones sobre el paso del tiempo, llegar a 65 años y la relación con los seres que te aman. Foto: ilustración Shutterstock.

La autora del texto puso en foco a su tía, de 65 años, quien la marcó con la frase: "Todavía creen que soy esa persona", al referirse cómo hablaban de ella en anécdotas, siendo que sentía que era solo un recuerdo, pero había cambiado.

Aseguró que el paso del tiempo hace eso con las relaciones, que las personas más cercanas dejan de ser curiosas con lo que les pasa a los mayores. Es algo gradual, dice, años de acumulación, "de conocerte o creer que te conocen", dispara.

Es algo lógico: cuando llevás décadas en la vida de alguien, desarrollás una idea preconcebida sobre quién es, sus hábitos, sus reacciones, su sentido del humor, etc. Sin embargo, las personas cambian, no siempre son las mismas, ni tienen las mismas motivaciones.

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La reflexión de la autora es que el amor de los demás hacia ti es real, pero esa justamente es la parte dolorosa, porque "aman una versión de ti que ya no existe del todo", indica. Y concluye en que no se siente como un rechazo a quien sos en la actualidad, sino como una especie de invisibilidad de quien eres ahora.