Nerea tiene 27 años y una historia que rompe los moldes habituales de carrera profesional. Estudió Medicina pero hoy trabaja como albañila en Australia y gana 32 euros por hora. Para ella, no es solo cuestión de dinero: es una elección que abarca su estilo de vida, su satisfacción personal y su bienestar.

En sus propias palabras, "me compensa trabajar en la obra porque puedo ver resultados tangibles, siento que mi trabajo vale y me llena". Más allá del salario, Nerea destaca cómo la albañilería le ha ofrecido oportunidades y experiencias que no encontró en su camino hacia la medicina.

Su testimonio invita a repensar las valoraciones sociales sobre las profesiones y el éxito, y abre un espacio para valorar la diversidad de trayectorias y motivaciones detrás de cada elección laboral.

"Trabajo en la obra porque me siento auténtica"

Nerea habla con seguridad y pasión. "Cuando estudiaba Medicina, esperaba dedicar mi vida a ayudar a la gente, pero el sistema, la presión y la remuneración hicieron que lo valorara menos,” comenta. “Aquí, en la construcción, sé que mi esfuerzo se traduce en algo concreto, tangible."

Con orgullo, explica: “Ganar 32 euros la hora no está nada mal, y más importante: disfruto lo que hago. El ambiente, la camaradería con mis compañeros y sentir que aporto al trabajo físico me hace estar satisfecha.”

Nerea, 27 años, albañila: ""Si soy lenta no es porque sea mujer, sino porque soy principiante"

La joven añade que romper con los estereotipos sobre las mujeres en profesiones tradicionalmente masculinas ha sido un desafío, pero también una fuente de motivación. "Sí, hay días difíciles y algún comentario machista, pero poder demostrar que puedo estar a la altura me llena de orgullo."

Además, Nerea pone en valor la necesidad de revalorizar los oficios y profesiones técnicas. “Cuando alguien dice que la construcción es ‘trabajo sucio’, me duele. Es un trabajo duro, sí, pero noble y necesario. Construir es dar vida a un proyecto, crear futuro.”

Entre otros temas, resalta la importancia de la formación continua. “Aunque no escogí la Medicina como profesión, no dejo de aprender y capacitarme en albañilería, para hacerlo mejor y mantenerme vigente.”

Nerea estudió Medicina en España y ahora trabaja de albañila.

El testimonio de Nerea refleja una realidad que muchas veces queda fuera del discurso convencional: la decisión de cambiar de rumbo o apostar por oficios que ofrecen estabilidad, buena remuneración y satisfacción personal.

Su caso también pone sobre la mesa reflexiones sobre el mercado laboral, la precariedad en algunas profesiones tradicionales y cómo el dinero, el bienestar y la realización personal pueden coincidir en caminos inesperados.

Aunque la construcción necesita incorporar nueva mano de obra y busca atraer a jóvenes y mujeres para garantizar el relevo generacional, los estereotipos continúan actuando como una barrera de entrada.

Nerea considera que muchos responsables de contratación y encargados de obra deberían cambiar su mirada hacia quienes empiezan en el oficio.

"Si soy lenta o cometo errores no es porque sea mujer, sino porque soy nueva y principiante", afirma. Para ella, el aprendizaje requiere tiempo, práctica y paciencia, exactamente igual que ocurre en cualquier otra profesión.

La joven insiste en que el género no determina la capacidad para desempeñar un trabajo manual. A su juicio, la motivación y las ganas de aprender son factores mucho más importantes que el sexo de la persona.

Destaca la importancia de romper con prejuicios sociales y de género, mostrando que el talento y la dedicación no tienen género ni espacio exclusivo.

Destaca la importancia de romper con prejuicios sociales y de género, mostrando que el talento y la dedicación no tienen género ni espacio exclusivo. Según un estudio del Observatorio Industrial de la Construcción, las mujeres representan el 11,5% del total de personas afiliadas.

La historia de Nerea inspira a ver el trabajo más allá de los títulos y el estatus: es una cuestión de pasión, de propósito y de encontrar el lugar que realmente te haga sentir bien.