El sauna forma parte de la vida cotidiana en Finlandia desde hace generaciones. Para muchos, es un ritual de descanso, calor, sudor y silencio. Para la ciencia médica, también se convirtió en una práctica interesante por sus posibles efectos cardiovasculares.
El dato más citado surge de un estudio prospectivo publicado en JAMA Internal Medicine, que siguió durante una media de 20,7 años a 2.315 hombres finlandeses de mediana edad.
Los investigadores analizaron la relación entre frecuencia de sauna y riesgo de muerte súbita cardíaca, enfermedad coronaria fatal, enfermedad cardiovascular fatal y mortalidad por todas las causas.
El uso del sauna podría alargar la vida en un 40%
El resultado estimó que quienes usaban sauna entre 4 y 7 veces por semana tuvieron una reducción del 40% en mortalidad por todas las causas frente a quienes la usaban una vez por semana. También se observaron asociaciones con menor riesgo de muerte súbita cardíaca, enfermedad coronaria fatal y enfermedad cardiovascular fatal.
El mecanismo posible tiene sentido fisiológico. Durante una sesión de sauna, aumenta la frecuencia cardíaca, se dilatan vasos sanguíneos, sube la temperatura corporal y se produce sudoración. Los autores del estudio compararon algunas de esas respuestas con un ejercicio físico de intensidad baja a moderada, aunque no son exactamente lo mismo.
Quienes usaban sauna entre 4 y 7 veces por semana tuvieron una reducción del 40% en mortalidad . Foto: Zoopla/ Northview London Limited.
Sin embargo, hay una diferencia clave entre “asociación” y “causalidad”. El estudio no fue un ensayo clínico donde se asignó al azar a personas a usar o no sauna. Fue una observación de hábitos reales.
Esto significa que el estudio encontró una relación entre ambas variables, pero no puede asegurar que el sauna haya sido la causa directa de la menor mortalidad, ya que también pueden haber influido otros factores como el estilo de vida, la salud previa o los hábitos de quienes lo utilizaban con mayor frecuencia.
Aun con esa limitación, el resultado llamó la atención por la magnitud de la asociación observada. Los propios autores señalaron que se necesitan más investigaciones para comprender qué mecanismos podrían explicar este vínculo y confirmar si existe una relación causal.
También hay límites de seguridad. El sauna no es recomendable para todas las personas en cualquier condición. Quienes tienen enfermedad cardíaca inestable, presión no controlada, embarazo de riesgo, deshidratación, consumo de alcohol o síntomas como mareos deben consultar a un médico antes de exponerse a calor intenso.
Aun con esas precauciones, el estudio ayuda a explicar por qué el sauna despertó tanto interés entre los investigadores. Aunque no reemplaza la actividad física, una alimentación equilibrada, el descanso ni los controles médicos, los resultados sugieren que, integrado a un estilo de vida saludable, podría convertirse en un aliado más para la salud cardiovascular.
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