Entre el 18 y el 20 de octubre de 1974, George Perec se sentó en un lugar específico para describir todo lo que ocurría en la Plaza Saint-Suplice. Desde el vuelo amorfo de las palomas hasta el sincronizado tránsito de los autobuses. Cada día, cada hora, cada minuto están registrados por medio de palabras en Tentativas de agotar un lugar parisino, ese experimento que se publicó primero como artículo y luego como libro del escritor francés. Para la literatura es un exponente de la corriente objetivista; aunque para las artes visuales del siglo XX puede pensarse dentro de un gesto avant la lettre (literal) del site specific. Llenar el espacio de la ciudad de palabras que van a estar en el lugar de las cosas: construir una trama lingüística, a modo de puente, de esquina, de cielo. Una maqueta hecha con lenguaje y signos de puntuación, obsesiva y performativa donde las cadenas de sentido parecerían atarse solas, descalzadas de un narrador ejecutor de discurso.

Un poco antes, en 1962, Julio Cortázar escribió Historias de Cronopios y de Famas. También en París. Además de contar las andanzas de esos seres inventados sobre la base de una distinción de clase (los cronopios, clase media; los famas, pura sangre) daba unas notables instrucciones para hacer cosas triviales. Por medio de la desautomatización, eso que los formalistas rusos indicaban para que el mundo se vuelva menos habitual, Cortázar instruye cómo subir una escalera, llorar o darle cuerda a un reloj.

Andanzas de artista. Macchi retoma modos de Buenos Aires Tour (2004).

En la posible cuña o entredós de estas experiencias con la lengua se puede situar RETOUR, la muestra de Jorge Macchi que reúne los hallazgos callejeros, objetos encontrados por la calle que fueron papeles descartados, tirados con intención o al descuido, listas de compras ya sin sentido, direcciones escritas para llegar a algún lado, notas, esquemas y diagramas para realizar objetos, que el artista los transformó en obras de arte.

Este es el primer pasaje: del destino confiado al tacho de basura, a la recolección de limpieza e higiene de la ciudad, a una pieza en el Museo Sívori que alberga esta experiencia. Sustraer del decurso “natural” de calidad de desperdicios y rescatarlo para el arte es la amalgama que aúna al objet trouvé con el gesto pop. Ese “objeto encontrado” se refiere tanto a un objeto perdido por su dueño y encontrado por otra persona, en este caso Macchi que actúa como mediador y artífice de esa ocurrencia, como a un concepto artístico, también llamado ready-made, que a principios del siglo XX, sobre todo por Marcel Duchamp, consiste en levantarlo del piso, subirle la categoría de objeto cotidiano a obra de arte.

En las salas del Museo Sívori.

El segundo desplazamiento está en el doble y el antecedente. Retour palabra francesa que significa “retorno” “vuelta”, incluso “retroalimentación” y “regreso” es un llamador a la obra que lo precede Buenos Aires Tour, la instalación de 2004. Un vidrio quebrado a sabiendas deja ver el azar de sus líneas. Debajo el mapa de la ciudad de Buenos Aires mitiga esa eventualidad y lo transforma en recorrido. Las líneas que lo trazan parecen las de una red de subte pero son pura fortuna. Los sonidos del ambiente son los objet trouvé de este plano accidental. Control, descontrol, control como impulsos generativos. No es la mirada turística. Tampoco la del flâneur. Como toda ciudad que se funda, como todo mito, en ese territorio craquelado, construido, imaginado hay una decisión de vida.

Jorge Macchi vive y trabaja en Buenos Aires y no es una línea de currículum. Hizo de ella un campo de operaciones al que vuelve, retorna, regresa y se alimenta. La partícula “re”, a su vez, es un refuerzo, un aumentativo casi onomatopéyico. Es el re tour, uno recargado, que viene con todo. Con una comida, con un disco y un libro. La primera será realizada por un chef con los ingredientes escritos en una de las notas que Macchi levantó de la vereda; el picture disc en vinilo que cuelga en la muestra tiene dos composiciones de Edgardo Rudnitzky, músico y artista sonoro. Rudnitzky y Macchi ya son un dúo que compone junto hace tiempo: en la obra mencionada de 2004 hasta la representación argentina en la Bienal de Venecia. El libro de gran formato lo edita KBB, Kültur Büro Barcelona.

Piezas de RETOUR, de Macchi.

Para afincarse, Macchi eligió un barrio que es el de su taller en Villa Crespo. Es su sitio específico desde donde irradian las líneas de este nuevo proyecto. Está girando todo el tiempo impreso en el disco que hace coincidir su agujero central con esta ubicación. Es el centro del mapa donde tomó forma su exploración, el rastreo minucioso de papelitos, así en diminutivo, que se volvieron grandes croquis pegados en la pared, un mueble de cocina que se exhibe en una tarima, estudios de grafología de esas escrituras extrañas, posters de películas debidamente enmarcados, mapas. La lista de la evidencia es notable que se suma a la letra escrita, tachada, arrugada y sucia: un naipe, el guante de la mano izquierda, una muñeca rota, bolsa de agua caliente amarilla, un globo naranja desinflado, pedazo de soga.

Doble estructura: lo abierto y lo cerrado para delicia del filósofo francés que analizó, mucho y bien, el tema de la representación en Las palabras y las cosas. Según Michel Foucault, –ahora pienso con él–, para el conjunto de relaciones que puede unir, en una época determinada, las prácticas discursivas con sistemas de conocimiento formalizados, lo que se conoce como episteme y en este caso la del siglo XVI, el mundo era un espacio cerrado. Un mundo atrapado en una duplicación permanente, al que se accede por medio del lenguaje: “El mundo está cubierto de signos que es necesario descifrar y estos signos, que revelan semejanzas y afinidades. Así, pues, conocer será interpretar: pasar de la marca invisible a lo que se dice a través de ella y que, sin ella, permanecería como palabra muda, adormecida entre las cosas”, explica su autor. Algo así como si la palabra estuviera más adherida a las cosas que lo que estuvo un poco después.

En clave callejera. Piezas de una instalación basada en “textos que no deberían ser leídos”.

Entonces, se trata de armar y desarmar sentidos. Para ello, Macchi se obliga a la búsqueda y se deja llevar por el incidente. Es soberano y autónomo en el comienzo, dispara la estrategia y al obtener el resultado, se somete a ella. Gobierna y capitanea las cuadras, requisa sus metros para obtener aciertos a los que acata y obedece. Los transforma en normas, órdenes y preceptos que no sólo serán futuras obras de arte sino materiales mismos de esta creación. Hace de ellos reglas y exhibe el procedimiento inventado para ese propósito imposible de extenuar y completar la significación y el motivo de los metros cuadrados que lo circundan.

  • RETOUR - Jorge Macchi
  • Lugar: Museo Eduardo Sívori, Av. Infanta Isabel 555
  • Horario: lun. mie. jue y vie. de 11 a 19; sáb. y dom. de 11 a 20.
  • Fecha: hasta el 9 de agosto.
  • Entrada: $10.000

Jorge Macchi inaugurará el próximo 28 de octubre de 2026 su décima muestra individual en la galería Ruth Benzacar, continuando un vínculo sostenido a lo largo de más de tres décadas.