Mucho, pero mucho, lleva leído en su vida la escritora y docente Elsa Drucaroff. En su vida, en su formación como profesora de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González”, como doctora summa cum laude en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y como formadora de nuevas generaciones. De tanto que ha leído, ¿qué libro le regalaría a la pequeña que fue alguna vez?

Elsa Drucaroff. Foto: Héctor Piastri, gentileza Marea.

"Me hubiera gustado de niña leer la saga de Harry Potter –dice y se pregunta al mismo tiempo–, porque yo fui lectora voraz desde muy niña, leyendo la saga de Sandokán, libros para varoncitos, y también la saga de Louisa May Alcott. Después llegaron Papaito Piernas Largas y Mi querido enemigo. Por suerte, porque ahí encontré otro modelo de mujer".

Esa mujer, que es en el presente, articula su carrera de escritora con su trayectoria docente. En tanto autora, escribió las novelas La patria de las mujeres, Conspiración contra Güemes, El infierno prometido y El último caso de Rodolfo Walsh; el libro de relatos Leyenda erótica; mientras que algunos relatos suyos han sido incluidos en diversas antologías. También ha escrito los libros de ensayo Mijail Bajtín. La guerra de las culturas, Arlt, profeta del miedo, Los prisioneros de la torre. Política, jóvenes, literatura y Otro logos. Signos, discursos, política.

Dice Elsa Drucaroff: "Lo que me pasó con Emilio Salgari marcó profundamente mi manera de escribir. Yo adoraba sus novelas de aventuras, pero todo el tiempo tenía que dar vuelta en mi cabeza los valores de Sandokán para llevarlos hacia lo que yo deseaba. Quería ser como Sandokán, pero Sandokán era un hombre. También quería ser Mariana, porque quería que un hombre como Sandokán me amara. El problema era que Mariana se desmayaba cada vez que pasaba algo interesante y, encima, terminaba muriéndose. Las mujeres de Salgari desaparecían para que los héroes pudieran seguir viviendo. Yo no quería ni desmayarme ni morirme: quería ser la protagonista de la aventura".

Lo es, de hecho. Protagonista de una carrera notable. Drucaroff dirigió La narración gana la partida, Historia Crítica de la Literatura Argentina, vol. XI (2000). Ha sido traducida y editada en el extranjero. Publicó más de un centenar de artículos literarios en revistas académicas y masivas. Dio cursos y charlas en universidades latinoamericanas, europeas y norteamericanas.

Aunque no fue Mariana ni Sandokán, Drucaroff siguió pensando en ellos. "Con el tiempo entendí que esa doble identificación nos pasaba a muchas mujeres. Y creo que por eso escribí mis propias novelas de aventuras, como las de la saga salteña, La patria de las mujeres y Conspiración contra Güemes: para crear el tipo de historias que a mí me hubiera gustado leer de chica, donde las mujeres no se desmayaran y pudieran vivir aventuras junto a hombres tan fascinantes como Sandokán".

Sandokán y Harry Potter

Por eso, puede establecer un diálogo entre Sandokán y la saga de J.K. Rowling. "Por eso elegiría Harry Potter. Harry es un héroe distinto. No es invencible ni extraordinario: es un chico asustado, inseguro, bastante común, ni siquiera un alumno brillante. Es noble, pero nunca está seguro de estar a la altura de la misión que le toca enfrentar. Además, no puede hacerlo solo: necesita de Hermione, de Ron y de muchos otros. Es un héroe que duda, vacila y depende de los demás. Me hubiera gustado crecer con un modelo de heroísmo así, mucho más humano. Y, sin embargo, sigue siendo profundamente heroico: hace lo que tiene que hacer con los recursos que tiene".

Drucaroff colabora ocasionalmente en revistas y suplementos literarios y trabajó en radio como comentarista cultural. Sus obras de ficción cruzan géneros populares como la novela de aventuras, el policial o el melodrama con la novela histórica.

El infierno prometido (2006) ganó el Premio Ricardo Rojas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Elsa Drucaroff. Foto: gentileza

Con tantas lecturas y escrituras a su alrededor, Elsa Drucaroff tiene una certeza: "La literatura no va a desaparecer mientras sigan naciendo personas capaces de desarrollar pensamiento crítico y de imaginar el mundo por sí mismas".

No se debe a que considere que los libros sean mejores que los videojuegos, el cine o cualquier otro lenguaje artístico. “Hay videojuegos extraordinarios, con una potencia narrativa enorme. La imaginación y la sensibilidad atraviesan todas las artes, y los videojuegos ya demostraron que pueden ser un lenguaje artístico de primer nivel. No haría una competencia entre unos y otros".

"Lo que sí creo es que la literatura sigue teniendo algo absolutamente específico. Cuando leemos, solo contamos con el lenguaje para imaginar. Esa relación entre la palabra escrita y la voz que uno escucha dentro de su propia cabeza produce una experiencia muy particular de introspección y, al mismo tiempo, de apertura al mundo”, concluye.