En el muy heterogéneo paisaje de lo que suele denominarse “danza contemporánea”, el coreógrafo y director Pablo Rotemberg se fue abriendo un camino personal, camino que, entre otros rasgos, no ha eludido la exposición de un erotismo muy abierto.
Ahora está a punto de estrenar en el Centro Borges una obra inspirada en un clásico indiscutible del cine, Sunset Boulevard (1950), dirigida por Billy Wilder. La trama gira en torno a Norma Desmond, una vieja estrella del cine mudo -Gloria Swanson en el rol- que se resiste a su dramática decadencia.
Mi joven vida tiene un final es el título de la obra de Rotemberg, se estrenó hacia fines de 2025 en la Sala Infinito del Centro Borges y regresa ahora bajo una forma nueva.
–¿Por qué en esta temporada "Mi joven vida..." es más un estreno que un reestreno?
Pablo Rotemberg empezó estudiando el piano, luego fue la pintura, el paisajismo... Foto: Francisco Loureiro
-En la sala Infinito el público te rodea y está a una distancia mínima. Pasar a la sala Piazzolla, una sala tradicional a la italiana, nos ponía frente a algo muy distinto. Ensayamos muchísimo, pero gran parte del tiempo se lo llevó esa adaptación a un escenario tan diferente. Un trabajo arduo, pero que terminó desembocando en otra obra, algo menos performático, con un espectador más observador y menos participativo.
Vayamos ahora un poco hacia atrás, de cómo Rotemberg llegó al mundo de la danza después de otras tentativas artísticas, comenzadas muy tempranamente.
Al principio fue el piano, gracias a su tía Dora, una muy buena pianista -recuerda Pablo- con poca paciencia para enseñar, y así fue como cambió a una profesora barrial que leía revistas mientras el niño tocaba Para Elisa.
En la obra él interpreta a Norma Desmond y dos bailarines, al mismo personaje, pero en el pasado.
“Mi papá, muy aficionado al arte, soñaba con que yo fuera pianista, o que me dedicara a cualquier otra profesión relacionada con el arte -cuenta-. Así pasé a la pintura, pero la primera cosa que hice no me gustó. Y luego quise estudiar escultura, gracias a un libro sobre la vida de Miguel Ángel. Mi papá entonces dijo “basta”; me había comprado todo que necesitaba para las clases de pintura y mi primer fracaso me había hecho renunciar. De todos modos, la música es lo que más me gusta y más me interesa hasta hoy”.
Después comenzó a estudiar paisajismo, fue jardinero y más adelante ingresó a la Universidad del Cine, creada por Manuel Antín.
La danza llega a su vida gracias a la recomendación de una compañera de las clases de teatro que tomaba en la escuela de Ricardo Bartís “porque también quería ser actor”. Fue un gran descubrimiento y una dedicación muy intensa: tomaba dos o tres clases de danza por día y empezó a participar como intérprete de algunas obras.
-Volviendo al presente, ¿cómo apareció el tema de "Mi joven vida tiene un final"?
-Por un lado, quería volver al escenario, lugar que dejé hace tiempo para dedicarme solo a la dirección. Por otro, empecé sin una idea precisa como suelo hacer. Fueron cuatro o cinco ensayos, improvisaciones con los dos bailarines, Valentín Garingella y Ezequiel Posse, sin llegar a nada. Y de pronto, volviendo a mi cinefilia, no sé por qué me apareció la imagen de Sunset Boulevard y del personaje de Norma Desmond. La obra es coreográfica, pero tiene mucho texto y sobre él también fui improvisando.
Pablo Rotemberg se dará el gusto de volver a un escenario.
-¿Cuál es la relación con "Sunset Boulevard"?
-Es solo una excusa para hablar sobre las cosas que a mí me interesan y que están en la película: la muerte, el paso del tiempo, el deterioro del cuerpo. Y también aparece algo del personaje tiránico y egocéntrico que interpreta Gloria Swanson, y además mucha metatextualidad respecto de la danza, quiero decir, muchas referencias a la danza.
-¿El personaje de Norma Desmond está de alguna manera presente?
-Sí, yo soy Norma Desmond y los bailarines son Norma 1 y Norma 2, sus proyecciones en el pasado. Hay, por otra parte, un equilibrio entre el movimiento y la palabra, que permite a los muchachos lucirse físicamente; ellos tienen poquísimo texto.
-¿Cómo es la estructura de la obra?
-Sin duda, no tiene una forma narrativa, con comienzo, desarrollo y final. Es en todo caso como un monólogo interior, pero el monólogo de un fantasma. Tengo una cábala desde que empecé con Mi joven vida…: siempre veo la película antes de cada función y compruebo todo lo que me interpela. Por ejemplo, me digo por qué demoré tanto en volver a subir al escenario.
-Finalmente, ¿qué formas asumen estas tres Normas? ¿Son mujeres, hombres, fantasmas neutros?
-Alguna gente nos dice que somos Urdapilleta, Tortonese y Batato Barea. Admiro especialmente a Urdapilleta y aunque no soy actor, creo que hay algo de esa energía en el espectáculo, algo igualmente del exceso y también del mundo queer. Pueden gustarte mis obras o no, pero no puede negarse que hay siempre una tremenda entrega por parte de los intérpretes.
Mi joven vida tiene un final se presenta los sábados y domingos de noviembre (desde el 7), a las 20, en el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín, con entrada gratuita.
POS
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