A cierta edad, la felicidad puede dejar de parecerse a una lista de grandes objetivos pendientes. Viajar al otro lado del mundo, comenzar un proyecto extraordinario o encontrar “la misión” definitiva de la vida no desaparecen como fuentes de bienestar, pero lo cotidiano empieza a adquirir otro peso.
Tomar café con alguien querido, caminar por el mismo barrio, leer por la tarde o preparar una comida conocida pueden parecer escenas menores. Sin embargo, la investigación sobre envejecimiento sugiere que las experiencias comunes ganan valor a medida que cambia la percepción del tiempo.
Según un estudio publicado por investigadores de Dartmouth College y la Universidad de Pensilvania, las experiencias extraordinarias generan más felicidad entre los jóvenes, mientras que las experiencias ordinarias se asocian cada vez más con el bienestar a medida que las personas envejecen. Los autores llegaron a esa conclusión tras ocho estudios sobre experiencias recordadas, planeadas e imaginadas.
La idea no es que después de los 70 deje de importar tener metas. De hecho, otros trabajos han relacionado un mayor sentido de propósito con una mayor satisfacción vital en adultos mayores. La diferencia está en que una vida satisfactoria no necesita depender de una gran misión. Lo pequeño puede dejar de sentirse como un intervalo entre momentos importantes y convertirse en el momento importante.
Otras tres cosas que suelen pesar más con los años
1. Relaciones que hacen bien. El contacto social aparece una y otra vez entre los factores ligados al bienestar en la vejez. Robert Waldinger, de la Facultad de Medicina de Harvard, y Marc Schulz, del Colegio Bryn Mawr, realizaron un estudio en el que siguieron durante ocho días a 47 parejas de alrededor de 80 años. Los resultados mostraron que, en los días en que pasaban más tiempo con otras personas, hombres y mujeres informaban mayor felicidad. La calidad del vínculo de pareja también ayudaba a amortiguar el efecto de sentirse peor de salud.
Con los años, las experiencias comunes pueden adquirir tanto valor como aquellas que alguna vez parecían extraordinarias.
2. Rutinas que dan estructura. Repetir ciertas cosas no equivale a vivir en piloto automático. Un trabajo con 103 adultos suizos de entre 65 y 84 años, realizado por investigadores vinculados a la Universidad de Zúrich y la Universidad de Bonn, encontró que una mayor regularidad de las interacciones sociales se asociaba con más afecto positivo y menos afecto negativo. Ver a alguien en horarios parecidos o mantener pequeños rituales sociales puede aportar estabilidad.
3. Gratitud por lo que ya está. Un análisis de tres muestras que reunió a 31.206 participantes encontró que la gratitud era mayor entre los adultos mayores que entre las personas de mediana edad y los jóvenes.
El equipo, con investigadores de la Universidad Estatal de Michigan, la Universidad de Michigan, la Universidad George Mason y otras instituciones, también halló una relación estable entre gratitud y bienestar a lo largo de la vida.
Los vínculos, las rutinas sociales y la gratitud también aparecen asociados al bienestar en la vejez. Foto: ilustración Shutterstock.
En conjunto, estos trabajos dibujan una idea menos espectacular de la felicidad después de los 70. No se trata de renunciar a proyectos ni de conformarse. Se trata de que una jornada sin acontecimientos extraordinarios puede seguir siendo una buena jornada.
Una conversación, una caminata, una rutina compartida o el placer de estar en casa pueden tener un valor que no depende de que ocurra algo excepcional. Para muchas personas mayores, ahí puede estar una parte central de la vida que vale la pena vivir.
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