El “Pequeño Cottolengo Don Orione” que será visitado por el Papa en los próximos días es un sitio emblemático de la urbanización del Gran Buenos Aires. No solo por las dimensiones de sus instalaciones caritativas sino por su periferia: el Barrio Don Orione.

Con un núcleo primigenio de 56 manzanas en un predio de 187 hectáreas y 43.000 habitantes deben sumárseles otros once complejos y asentamientos. Un total de 661 hectáreas con más de 80 mil pobladores a la vera de la Ruta provincial 4 –Camino de Cintura- que en ese tramo entre Burzaco y Florencio Varela se denomina Avenida Gobernador Monteverde. Repasemos su historia.

En 1899, el sacerdote italiano Luis Orione había fundado en su Italia natal la “Pequeña Obra de la Divina Providencia” adosándole, quince años más tarde, organizaciones satélites como “Pequeñas Hermanas de la Caridad” y las “Hermanas Adoratrices”.

Sus viajes a la Argentina dejaron, como en otros países, la semilla de su misión que floreció a raíz del XXXII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires en 1934. Unos años antes, las Damas Vicentinas de Avellaneda le cedieron un inmueble en donde habían instalado un refugio nocturnos destinados al auxilio de los desheredados que se multiplicaron a raíz de la crisis de 1930.

Pero desbordada e ingobernable por la violencia decidió compactar su acción misional en un proyecto más acotado bajo la inspiración de San José Benito Cottolengo a principios del siglo XIX para socorrer solo a discapacitados en un predio extenso y campestre.

Un año más tarde, y a raíz de la donación de 21 hectáreas. por la Condesa Elina Pombo de Devoto, instaló la piedra fundamental en una zona de quintas de la localidad de Claypole; municipio de Almirante Brown. Luego, partió dejando al cottolengo en marcha y prometiendo volver allí “vivo o muerto”.

Cuando falleció en su Italia natal en 1940, sucesivas donaciones piadosas duplicaron su extensión. Para entonces, ya se habían edificado en su interior cuarenta establecimientos entre hogares, talleres, capillas, consultorios médicos y hasta una escuela de educación especial. La vertiginosidad suscitó nuevas mercedes territoriales de las familias Lacaze, Shaw y Obligado sumando un total 260 ha.

Hacia mediados de los 50, ya con el primer cordón industrial del GBA casi saturado, el segundo gobierno peronista intentó ensayar allí una “ciudad obrera jardín” al estilo de la “Ciudad Evita” de La Matanza con abundantes espacios verdes, chalecitos individuales, rotondas y entidades comunitarias.

Pero tardío, el proyecto quedó trunco tras su caída. Fue retomado por el gobierno de Isabel Perón en 1975 que apenas llegó a edificar solo algunas casitas. El experimento fue retomado por los militares del Proceso resignificándolo según su doble cometido de descongestión de las villas metropolitanas y de control demográfico de un segundo cordón que durante la industrialización de los 60 se había expandido caóticamente en las localidades aledañas de San José, Rafael Calzada, San Francisco Solano, Burzaco y Florencio Varela.

El gobernador bonaerense Ibérico Saint Jean sancionó la ley 8912/77 que condicionaba la prosecución de los loteos en unidades no menores de 300 m2 con todas las instalaciones de servicios públicos. Pero su vuelco al precio los tornó inaccesibles poniendo fin a ese sistema histórico de poblamiento urbano.

Mientras tanto, el intendente capitalino Osvaldo Cacciatore articuló acciones con su par provincial mediante un megaproyecto para relocalizar contingentes villeros de la Capital Federal comprándole a la Orden de la Divina Providencia 187 ha. con recursos del FONAVI a través de la Comisión de la Vivienda. Este se le adjudicó a Impresit Iveco perteneciente al grupo empresarial de Franco Macri. Fue inaugurado en diciembre de 1981 cuando el régimen se aproximaba a su debacle.

Se configuró como “tiras” de monobloques de tres y cuatro pisos en torno de los chalets de la trunca ciudad jardín peronista. Y si bien en sus cincuenta y seis manzanas se planificaba albergar a 4300 viviendas, en esa fase se escrituraron 300; aunque con equipamiento comunitario e infraestructura de base.

Un año más tarde, y con el Proceso en retirada, se produjo una primera toma territorial en donde el gobierno pretendía expropiar nuevas extensiones para ampliar al Don Orione primigenio dando nacimiento al Barrio Libertad. Con la instauración democrática el proyecto experimentó sucesivas deformaciones internas por sucesivos agregados espasmódicos. Así, las 4000 viviendas pasaron a 8000 sitiados por asentamientos en condiciones exactamente inversas a la de los ambiciosos cometidos de la Ley de 1977: calles de tierra, sin desagües cloacales, insuficiencia de agua, gas natural, corriente eléctrica y basurales a cielo abierto.

El último capítulo de esta sucesión de proyectos truncos y de resultados inversos a los de sus planificadores ocurrió en 2013 cuando el municipio de Almirante Brown aprovechó la llegada del corazón de Don Orione –su retorno muerto- para aunar a toda la zona ya de más de 600 ha. en una nueva localidad denominada San Francisco de Asís. Obviamente, con nuevo programa de viviendas y urbanización correspondiente que, por supuesto, quedó inconcluso y seguido por sucedáneos hasta nuestros días.

Mientras tanto, el complejo constituye una de las zonas más “picantes” del GBA; un nodo con bandas de diverso porte –varias controladas por chicos muy jóvenes- que controlan monobloques enteros y que conjugan el narcomenudeo con el robo de vehículos incendiados en los doce barrios periféricos.