Los baños dejaron de ser simples espacios funcionales para convertirse en grandes protagonistas de las casas. Además de cumplir la funciones básicas recrean verdaderas salas de baño con amplias dimensiones, detalles de diseño, equipamiento funcional .
Como común denominador aparece la biofilia, cada vez más presente, mobiliario confortable con importantes espacios de guardado, áreas para el relax, lavatorios con mesadas escultóricas, obras de arte y una iluminación escenográfica.
Esta tendencia se observa claramente en los espacios que se exhiben en la 42° edición de Casa FOA, la muestra de arquitectura, diseño y paisajismo que se está realizando en el Palacio Molina (exfábrica de Alpargatas), en el barrio de Barracas que se ha extendido y permanecerá abierta hasta el próximo domingo 8 de noviembre.
Espacio 23. Terciopelos y piezas de diseño (Arzuaga y Biscaysaqu).
Acentos escenográficos con energía sensual
En el Espacio 13, el estudio Máximo Interiorismo propone un ambiente moderno, vibrante y sofisticado. Con acentos escenográficos, donde la energía sensual está presente en el primer impacto. “Se trata de un espacio para disfrutar momentos de ocio, tranquilidad y también poder ser compartido en pareja”, explican.
Una propuesta inmersiva donde la experiencia del usuario es sumamente importante, que busca generar áreas para diversas situaciones de uso. Los límites son virtuales y se pueden encontrar diferentes situaciones y escenarios probables para el uso del vestidor, bañera, descanso e higiene; la cual se encuentra separada y oculta.
En cuanto a materiales se destacan piedras naturales y sintéticas, madera, porcelanato, revestimiento texturado, vidrios en tonos bronce y negro, lacas, pana, papel pintado, placas de acero en color oro espejo y negro, melaminas lisas y texturadas, espejos y vegetación.
Espacio 15, geometría que genera una expresión escultórica (Gimenez).
Materiales que producen un proceso de transformación
En el Espacio 15, en el baño del estudio Gimenez Familia de Arquitectos, los materiales se conciben como un proceso de transformación. Aunque las superficies tienen una estética de líneas puras, la presencia de vetas, rugosidades y texturas introduce el carácter orgánico de los materiales naturales.
El baño se plantea como un espacio que trasciende su carácter estrictamente funcional para convertirse en una experiencia de diseño. La propuesta invita a descubrir el espacio de manera progresiva, donde se perciben nuevas texturas, iluminación y vegetación. Deja de ser un espacio concebido desde su función para convertirse en una experiencia sensorial que se descubre a través del recorrido.
Espacio 13, propone un ambiente moderno, vibrante y sofisticado (Máximo Interiorismo).
La vegetación incorpora una dimensión natural que complementa esta búsqueda. Su presencia incorpora textura, movimiento y contraste. Más que un elemento decorativo, funciona como una referencia directa a la naturaleza.
En esta composición, algunos elementos se convierten en piezas de identidad. La columna existente se replica y reinterpreta en el diseño de la mesada lavatorio. La geometría de ambos elementos comparten una misma lógica que adquiere una expresión escultórica.
Maximalismo reinterpretado
En el Espacio 23, el diseñador Ramiro Arzuaga y la arquitecta Verónica Biscaysaqu presentan un maximalismo reinterpretado, donde conviven terciopelos, molduras, piezas de diseño y objetos cuidadosamente seleccionados. Los materiales, las texturas y la iluminación aportan dramatismo y construyen una atmósfera sofisticada , teatral y a la vez acogedora .
El recorrido comienza en el pasillo, donde la luz natural de grandes ventanas y antiguos cerramientos vidriados anticipan el carácter del espacio y recuperan la esencia de los antiguos talleres. En tanto, muros desgastados conviven con mármoles, hierros con géneros contemporáneos y carpinterías con piezas de autor.
Forma cirucluar en el baño del Espacio 25.
Un baño que evoca una cueva
En el Espacio 25, la arquitecta Renata Vedda y el diseñador Ignacio Martínez Todeschinis presentan un baño que se divide en dos etapas contiguas. Ambas evocan una cueva que emula un edificio abandonado, oscuro y perdido pero que luego se ilumina a partir del presente y de la evolución de la tecnología y el diseño.
La primera etapa está diseñada desde el sonido, la vegetación y los materiales, que revelan el paso del tiempo. La segunda emerge hacia la superficie, hacia el espacio de uso y función: los cubículos y el cambiador, donde el diseño muestra piezas de iluminación trabajadas especialmente a medida.
“La premisa es que el baño sea un espacio de reconexión, un lugar íntimo para alejarse del bullicio y estar, por un momento, con uno mismo. Porque habitar también es eso: encontrar un lugar donde volver a uno”, resumen los autores.
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