El 10 de abril de 1963, el USS Thresher, considerado uno de los submarinos más avanzados del mundo, comunicó al buque de rescate USS Skylark que tenía “dificultades menores”. La tripulación intentó vaciar los tanques de lastre para volver a la superficie, pero minutos después se perdió todo contacto con la nave. A bordo viajaban 129 personas, entre marineros y personal civil. Ninguna sobrevivió.

El submarino realizaba pruebas de inmersión profunda frente a las costas de Cape Cod, en Estados Unidos, cuando comenzó una cadena de fallos que terminó con su hundimiento. La investigación posterior de la Armada estadounidense señaló que una posible filtración de agua de mar en una unión de tuberías habría provocado el apagado de emergencia del reactor y dejado a la nave sin propulsión.

La tragedia marcó un punto de inflexión en la historia naval estadounidense. Aunque el Thresher había sido concebido para mejorar las capacidades de detección y combate bajo el agua, una falla en un componente y otros problemas técnicos terminaron por superar los sistemas de seguridad del submarino.

La falla en una tubería que pudo desencadenar la tragedia

La investigación de la Armada, respaldada posteriormente por datos acústicos registrados durante el incidente, reconstruyó una posible secuencia de acontecimientos. No obstante, no fue posible determinar con absoluta certeza cada detalle de lo ocurrido.

Una de las principales hipótesis apuntó a una unión de tuberías de la sala de máquinas que había sido realizada mediante soldadura fuerte, con una aleación, en lugar de una soldadura por fusión. Por esa conexión habría ingresado agua de mar, que pudo alcanzar los equipos eléctricos y desencadenar la parada automática del reactor como medida de precaución.

Sin propulsión, el submarino quedó en una situación crítica. La tripulación intentó vaciar los tanques de lastre para recuperar la flotabilidad y ascender, pero el procedimiento no habría funcionado como estaba previsto.

El USS Thresher había surgido de la clase Permit, vinculado al Proyecto Nobska. Foto: 19fortyfive.com

Otro problema habría agravado el escenario: la humedad presente en el sistema de aire a alta presión pudo provocar la formación de hielo en las tuberías. Esa obstrucción habría impedido que el aire fluyera correctamente hacia los tanques de lastre, por lo que el Thresher no pudo recuperar la capacidad de ascenso.

La combinación de la pérdida de propulsión y la imposibilidad de controlar la flotabilidad llevó al submarino a descender más allá de su profundidad de colapso. Bajo una presión extrema, el casco cedió. Según la reconstrucción, es muy probable que los 129 ocupantes murieran en ese momento.

Un proyecto avanzado que terminó en una revisión de la seguridad naval

El USS Thresher había surgido de la clase Permit, cuyo desarrollo estuvo vinculado al Proyecto Nobska, iniciado por la Marina estadounidense en 1956. La iniciativa reunió a especialistas en física y autoridades navales para analizar cómo debía evolucionar la guerra submarina en la era nuclear.

Entre sus conclusiones, el proyecto estableció que los nuevos submarinos debían priorizar la reducción del ruido que emitían y mejorar sus capacidades de sonar, en lugar de concentrarse exclusivamente en la velocidad. También propuso orientar sus misiones hacia la detección y el combate de submarinos soviéticos.

La tragedia marcó un punto de inflexión en la historia naval estadounidense. Foto: 19fortyfive.com

La clase Permit incorporó un casco con forma de gota de agua, una gran esfera de sonar en la proa y medidas destinadas a reducir la firma acústica. Sin embargo, la sofisticación del diseño no evitó las deficiencias que quedaron expuestas tras el hundimiento del Thresher.

Como consecuencia, la Armada puso en marcha el programa SUBSAFE, que transformó los procedimientos de construcción y mantenimiento de sus submarinos. Desde entonces, sus componentes quedaron sujetos a exigentes controles y procesos de certificación destinados a garantizar que pudieran soportar las presiones del entorno submarino.