Los caracoles arborícolas (Achatinella fuscobasis) se habían extinguido en Hawái en 1991. Sin embargo, en 2024, el Departamento de Tierras y Recursos Naturales (DLNR) del estado liberó algunos ejemplares, criados en un laboratorio, en un área protegida de las montañas Ko'olau, ubicadas en la isla de O'ahu. Era el éxito de casi medio siglo de tareas conservacionistas.
Desde los años 70, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) apoya la protección y recuperación de los caracoles, colaborando con el DLNR, la Universidad de Hawái y el Ejército. Y uno de sus objetivos es la llamada “joya del bosque” los kāhuli hawaianos , o caracoles arborícolas.
Provistos de hermosos caparazones multicolores y suelen aparecer en la poesía tradicional hawaiana, el hula y los cánticos. También desempeñan un papel importante en el ecosistema hawaiano al alimentarse de hongos y algas que crecen en la superficie de las plantas.
Su historia es otro ejemplo de cómo las especies pueden desaparecer. En 1991, el doctor Michael Hadfield, investigador de la Universidad de Hawái, recolectó los últimos ejemplares de las únicas poblaciones conocidas en O'ahu. De no ser por la labor y la visión de Hadfield y otros biólogos que lograron capturarlos, habrían desaparecido para siempre. Ahora, más de 1.000 ejemplares viven en cautiverio en el laboratorio SEPP de Pearl City.
Caracoles caníbales
En este caso, la extinción del caracol arborícola es el producto de la presencia de una especie invasora: el caracol gigante africano (Lissachatina fulica) que llegó a Hawái como adorno de jardín en los años 30, explica un artículo del DLNR.
Los caracoles liberados en la isla de Oahu, en una parcela cercada de un cuarto de acre, conocida como recinto de exclusión. Foto: Go Visit Hawaii.
Si bien en Hawái se le conoce principalmente como una plaga de los jardines, su presencia impulsó a los administradores de tierras a introducir el caracol lobo rosado (Euglandina rosea), para ayudar a controlar su población, en 1955. Pero, además de depredar a los caracoles gigantes africanos, también destruyó poblaciones enteras de caracoles nativos.
“Nuestros caracoles son auténticas joyas de la naturaleza y la cultura, patrimonio público”, afirmó David Sischo, coordinador del programa SEPP dedicado a conservar las especies nativas.
El regreso de los caracoles arborícolas al bosque de O'ahu marca la culminación de décadas de trabajo de conservación. Foto: Archivo.
El nuevo hogar de los caracoles arborícolas en las montañas Ko'olau es una parcela cercada de un cuarto de acre, conocida como recinto de exclusión, llamada así por su capacidad para impedir el acceso de especies dañinas.
Los vientos alisios, las lluvias ligeras, la capa de nubes que refresca y el sol cálido son elementos a los que los caracoles debieron adaptarse luego de haber sido criados en cautiverio.
Las paredes de polietileno de cinco pies de altura, fijadas con bridas angulares, malla de alambre de cobre y una barrera protectora, impiden el paso de ratas, camaleones de Jackson y el caracol lobo rosado, los principales depredadores de los caracoles nativos de Hawái.
El equipo de SEPP y un gran número de voluntarios dedicaron cerca de 600 horas a buscar y eliminar depredadores dentro del recinto. También invirtieron incontables horas para eliminar malezas y otras plantas invasoras y para restaurar la zona con especies nativas.
La isla de Oahu, en Hawaii, es de un mar y una arena espléndidas. Foto: Hugh Gentry. Reuters.
“Nuestro objetivo inmediato era evitar la extinción de la especie aumentando su población y creando colonias tanto en cautividad como en libertad”, añadió Sischo. “A largo plazo, nos gustaría ver colonias prósperas de vuelta en su hábitat natural”.
Todavia no hay comentarios aprobados.