La infancia y la adolescencia están atravesadas por el contexto social, económico y cultural de cada época. Los cambios tecnológicos, las formas de crianza y las costumbres familiares influyen en las habilidades y valores que las personas desarrollan a lo largo de la vida.

Quienes crecieron en las décadas de 1960 y 1970 vivieron en un mundo muy distinto al actual. La comunicación era más lenta, el entretenimiento dependía menos de las pantallas y muchas actividades cotidianas requerían una mayor autonomía desde edades tempranas.

Estas diferencias generacionales despertaron el interés de psicólogos y especialistas en comportamiento, que analizan cómo las experiencias compartidas pueden influir en determinadas formas de pensar y actuar.

Aunque cada historia personal es diferente, algunas investigaciones sugieren que ciertos aprendizajes fueron especialmente frecuentes entre quienes atravesaron su infancia y juventud en aquellas décadas.

Según la psicología, las personas que crecieron en las décadas de 1960 y 1970 aprendieron nueve lecciones de vida que rara vez se enseñan hoy en día

Un artículo reúne distintas reflexiones de especialistas sobre habilidades y valores que muchas personas desarrollaron durante las décadas de 1960 y 1970.

La autonomía, la tolerancia a la frustración y la resolución de problemas aparecen entre los aprendizajes asociados a quienes crecieron en las décadas del 60 y 70. Foto: Pexels.

Los autores aclaran que no se trata de características presentes en todos los integrantes de esa generación, sino de tendencias asociadas al contexto en el que crecieron.

Entre las principales lecciones mencionadas se encuentran 9 muy especiales:

1. Resolver problemas con los recursos disponibles. La creatividad solía ser una herramienta cotidiana ante la falta de soluciones inmediatas.

2. Tolerar la frustración. Esperar resultados o enfrentar contratiempos formaba parte de muchas experiencias diarias.

3. Asumir responsabilidades desde edades tempranas. Numerosos niños colaboraban con tareas domésticas o cuidaban a hermanos menores.

4. Valorar el esfuerzo sostenido. Alcanzar objetivos requería tiempo y constancia.

5. Desarrollar autonomía. Era frecuente que los niños pasaran más tiempo jugando sin supervisión permanente.

6. Cuidar los objetos. Reparar y reutilizar era una práctica habitual antes de reemplazar un producto.

7. Fortalecer los vínculos personales. Las relaciones dependían del contacto cara a cara y de encuentros presenciales.

8. Administrar mejor la espera. La inmediatez no formaba parte de la vida cotidiana como ocurre con muchas tecnologías actuales.

9. Adaptarse a los cambios. Las transformaciones sociales y económicas impulsaron el desarrollo de estrategias para afrontar la incertidumbre.

Permitir a los niños explorar, asumir riesgos razonables y moverse con cierta autonomía puede beneficiar su desarrollo físico, emocional y social. Foto: Pexels.

Los especialistas destacan que estos aprendizajes no son exclusivos de una generación ni desaparecieron con el paso del tiempo. Muchas de estas habilidades siguen transmitiéndose dentro de las familias, las escuelas y otros ámbitos sociales, aunque en contextos diferentes.

La American Psychological Association (APA) explica que las experiencias vividas durante la infancia y la adolescencia influyen en el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y cognitivas, aunque también intervienen factores como la personalidad, el entorno familiar y las oportunidades educativas.

Por su parte, la American Academy of Pediatrics (AAP) señala que promover la autonomía, la resolución de problemas y la participación en tareas acordes a la edad favorece el desarrollo de competencias que acompañan a las personas durante la vida adulta.