MINNEAPOLIS (AP) — Cuando Donald Trump se postuló para presidente hace dos años, las pantallas de televisión de los estadounidenses se llenaron de imágenes de caos migratorio. Había campamentos de tiendas de campaña a ambos lados de la frontera, caravanas de personas avanzando trabajosamente por Centroamérica y preocupación por que los recién llegados desbordaran los servicios sociales.
Ese tumulto se desvaneció a medida que el presidente Joe Biden endureció la aplicación de las leyes migratorias después de que Trump la endureciera aún más. Ahora, cualquier caos está en las calles estadounidenses, donde enfrentamientos violentos e incluso mortales han definido una campaña de deportaciones diseñada para cumplir los objetivos de los sectores más duros de expulsar a cualquiera que esté en el país de manera ilegal.
El cambio ayuda a explicar por qué el esfuerzo de Trump por cumplir sus promesas se ha convertido en una reacción en contra, socavando uno de los temas centrales que impulsaron su regreso a la Casa Blanca. Aunque Trump mantiene cierto respaldo por su manejo de la frontera, las encuestas muestran que los votantes desaprueban su estrategia en inmigración, un giro llamativo que podría debilitar los intentos republicanos de mantener el control del Congreso en las elecciones de mitad de mandato.
“El pueblo estadounidense apoyó una seguridad fronteriza fuerte”, afirmó el senador por Maryland Chris Van Hollen, un demócrata que se ha convertido en un crítico destacado de las políticas del gobierno. “Lo que recibieron en su lugar fue hacer trizas la Constitución, deportaciones masivas y matar a ciudadanos estadounidenses en las calles de Minneapolis”.
Los aliados de Trump dicen que el presidente es víctima de su propio éxito.
“El desastre en la frontera y la impunidad de personas que simplemente cruzaban caminando y eran liberadas dentro del país era difícil de ignorar”, sostuvo Mark Krikorian, director ejecutivo del Center for Immigration Studies. Trump redujo drásticamente los cruces fronterizos ilegales, señaló Krikorian, “y eso a menudo es políticamente malo”.
Krikorian elogió a Trump por adoptar redadas de bajo perfil pero muy efectivas que han logrado, mes tras mes, cifras récord de arrestos. Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas arrestaron a casi 51.000 inmigrantes que estaban en el país de manera ilegal en agosto, según el Departamento de Seguridad Nacional, frente a 49.000 en julio y 43.000 en junio. Se estima que 660.000 personas han sido deportadas en el último año fiscal, de acuerdo con el Migration Policy Institute, por debajo del objetivo del gobierno de 1 millón al año.
Las políticas migratorias de Biden siguen siendo un blanco habitual de los republicanos este año. Trump dijo en un mitin reciente en Florida que los demócratas dejaron que los migrantes “rebosaran sobre nuestras fronteras desde todo el mundo”.
“Si ganan en las elecciones de mitad de mandato, lo harán otra vez”, advirtió.
Trump regresó a la Casa Blanca con una promesa de deportaciones En 2024, Trump advirtió repetidamente sobre una “invasión” de inmigrantes. “Están envenenando la sangre de nuestro país”, dijo sobre las personas que cruzaban la frontera ilegalmente. Insistió, falsamente, en que los inmigrantes estaban detrás de aumentos en el crimen y que se comían mascotas domésticas.
Incluso mientras Trump recibía críticas por sus comentarios, su enfoque en el tema conectó con votantes que habían visto dispararse la inmigración ilegal durante el gobierno de Biden, con arrestos en la frontera desde México que alcanzaron un récord de 250.000 en diciembre de 2023.
La victoria de Trump parecía lista para reconfigurar la política migratoria. Cuarenta y seis demócratas en la Cámara de Representantes y una docena en el Senado se unieron a los republicanos para votar a favor de la Ley Laken Riley, un proyecto nombrado por una estudiante de Georgia asesinada por un hombre que estaba en el país de manera ilegal. La ley exige detención sin fianza para no ciudadanos acusados de asesinato y otros delitos violentos.
Después de que Trump asumió el cargo, aceleró las deportaciones. Kilmar Ábrego Garcia, residente de Maryland, fue una de las personas atrapadas en esa red. Pese a una orden judicial que lo prohibía, el gobierno lo envió a su país natal, El Salvador, donde fue recluido en la notoria megaprisión central de ese país, que también se utilizó para alojar a otros deportados por Trump.
La Corte Suprema de Estados Unidos ordenó al gobierno “facilitar” el regreso de Ábrego Garcia, y Van Hollen voló a El Salvador para reunirse con él. Algunos demócratas cuestionaron la conveniencia de confrontar a Trump en un tema en el que el presidente era tan popular, recordó el senador. Ahora su partido se siente más envalentonado en este asunto.
“Hemos pasado de algunos de esos ataques desde la barrera a un voto claro entre los demócratas para retirar los fondos a ICE”, comentó Van Hollen.
Las redadas en Minneapolis provocan reacción en contra La cara inicial de la ofensiva de Trump fue el principal comandante de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, quien se pavoneaba durante redadas con equipo táctico y desplegó fuerzas en Los Ángeles y Chicago, donde encabezó una redada con helicóptero en un edificio de apartamentos.
Pero Minneapolis fue el punto de inflexión. Más de 2.000 agentes federales fueron enviados a la ciudad, y se volvieron comunes las escenas de agentes enmascarados saliendo de convoyes de vehículos sin identificación. Decenas de miles de manifestantes salieron a las calles.
Dos ciudadanos de Estados Unidos —Renee Good y Alex Pretti, ambos de 37 años— murieron durante enfrentamientos con agentes. En las semanas siguientes, la Casa Blanca apartó a Bovino y a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Michael Pretti, padre de Alex, dijo esta semana que la familia sigue perturbada por los videos de transeúntes del tiroteo. Él llevaba un arma en funda que tenía permitido portar legalmente, y ninguna de las grabaciones lo muestra blandiendo el arma o atacando a agentes federales en los momentos previos a que lo mataran.
“Creo que a muchos estadounidenses les atormenta ver a un ciudadano de Estados Unidos que estaba en paz y en su comunidad recibir múltiples disparos por la espalda, en la espalda, mientras estaba en el suelo”, declaró a los periodistas.
Los arrestos bajaron después de las muertes, aunque con el tiempo volvieron a cifras récord. Pero la política se volvió más complicada, y el mensaje republicano sobre inmigración se ha fracturado.
Hay sectores duros como la senadora por Tennessee Marsha Blackburn, quien promete más deportaciones mientras se postula para gobernadora. Y está la representante cubanoestadounidense de Florida Maria-Elena Salazar, quien criticó la ofensiva migratoria de Trump en un anuncio de campaña filmado frente a la Casa Blanca.
Salazar ha patrocinado legislación que permitiría a inmigrantes que están en el país de manera ilegal permanecer siempre que, por lo demás, hayan cumplido la ley. Entre los patrocinadores está el representante republicano Gabe Evans, nieto de un inmigrante mexicano, que intenta diferenciarse de Trump mientras compite en un distrito disputado de Colorado.
En Nueva Hampshire, el exsenador John Sununu, que se postula para un escaño abierto en el Senado, ha sido crítico con las tácticas de ICE y del uso de máscaras por parte de la agencia para ocultar la identidad de los agentes.
Los republicanos a menudo intentan vincular la inmigración con las preocupaciones de los votantes por los precios altos. El senador por Ohio Jon Husted arremete contra su rival demócrata Sherrod Brown, a quien describe como alguien que “votó repetidamente para subirles los impuestos y dar esos dólares de impuestos a los ilegales”.
“Los republicanos tratan de poner a los votantes en contra de los demócratas por lo que hizo Joe Biden al no controlar la frontera de manera efectiva”, dijo Frank Sharry, un activista veterano por los derechos de los inmigrantes que asesora al grupo demócrata centrista Third Way. “Así que intentan definir a los demócratas como partidarios de fronteras abiertas y no serios respecto a expulsar a los criminales”.
Los demócratas están cambiando su estrategia Pero eso ocurre mientras muchos candidatos demócratas se alejan del mensaje de la era Biden sobre inmigración.
En Texas, el candidato al Senado James Talarico se define como un “demócrata de seguridad fronteriza” que quiere contratar a más agentes de la Patrulla Fronteriza e incrementar el uso de tecnología de vigilancia.
Talarico critica muchas de las políticas migratorias de Trump por derrochadoras, pero no se contiene cuando se trata de criticar al último presidente demócrata.
“Joe Biden y su gobierno nos fallaron en nuestra frontera sur”, declaró en una conferencia de prensa en julio en un condado de Texas en la frontera con México.
Incluso algunos de los candidatos demócratas más progresistas, como Abdul El-Sayed de Michigan, se cuidan de señalar que quieren fronteras fuertes.
“No conozco a un candidato que esté en una contienda disputada que esté diciendo algo distinto de ‘Tenemos que asegurar la frontera’ y ‘Tenemos que sacar a los criminales’”, indicó Sharry.
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