Durante años, muchas personas crecieron con un padre exigente, distante o poco afectuoso. Sin embargo, al convertirse en abuelo, ese mismo hombre puede mostrarse más paciente y disponible, dando lugar a una imagen muy distinta de la que sus hijos recuerdan.
Ese cambio suele despertar sentimientos encontrados. Por un lado, aparece la tranquilidad de ver que los hijos disfrutan de un vínculo cálido con su abuelo. Por otro, la inquietud de por qué esa versión de él no existió durante la propia infancia.
La psicología sostiene que no se trata solo de cómo un padre cambia con el paso de los años, sino también de la manera en que sus hijos adultos interpretan esa nueva etapa de la relación.
Una nueva oportunidad
El psicólogo clínico estadounidense Leon Seltzer, divulgador durante años en Psychology Today, explica que la relación entre abuelos y nietos suele desarrollarse en un contexto muy distinto al de la crianza.
Después de haber atravesado las exigencias y responsabilidades de criar a un hijo, muchos abuelos ya no sienten la misma presión cotidiana y pueden dedicar más tiempo a disfrutar el vínculo. Esa diferencia, sostiene, hace que en muchos casos les resulte más fácil expresar afecto, jugar y compartir momentos con sus nietos.
El psicólogo León Seltzer denomina a ese fenómeno "La oportunidad para hacerlo de nuevo". Foto: Shutterstock.
Seltzer denomina a este fenómeno "La oportunidad para hacerlo de nuevo" (The Chance for a Do-Over, en inglés). Según explica, algunos abuelos viven esta etapa como la posibilidad de ofrecer con más calma y disponibilidad emocional aquello que, por distintas circunstancias, no pudieron brindar cuando eran padres.
Para muchos hijos adultos, sin embargo, esa actitud puede resultar ambivalente: mientras celebran que sus hijos disfruten de esa faceta del abuelo, también sienten que ellos nunca tuvieron esa oportunidad.
Al ver esa transformación, aparecen emociones como:
- Tranquilidad porque los propios hijos disfrutan de un abuelo presente y cariñoso.
- Tristeza al pensar que esa versión del padre nunca formó parte de su niñez.
- Confusión por intentar reconciliar dos imágenes muy distintas de una misma persona.
- Culpa por sentir resentimiento mientras los hijos construyen recuerdos felices con su abuelo.
Un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology, analizó la influencia de la relación entre abuelos y nietos en el bienestar emocional de los jóvenes adultos.
Esa experiencia puede reabrir heridas del pasado al poner en evidencia una faceta del padre que ellos no conocieron durante su infancia. Foto: Shutterstock.
Las investigadoras Jane Stephenson y Laura Carstensen, de la Universidad de Stanford, observaron que quienes habían desarrollado un vínculo cercano con sus abuelos tendían a mostrar mayores niveles de resiliencia, satisfacción con la vida y bienestar psicológico en la juventud. Otros trabajos sobre la relación entre abuelos y nietos también encontraron beneficios para los adultos mayores, al asociar este vínculo con un mayor sentido de propósito, más participación en la vida familiar y bienestar emocional.
Ese hallazgo ayuda a entender por qué muchos padres sienten alivio al ver que sus hijos disfrutan de un abuelo afectuoso. Al mismo tiempo, sin embargo, esa experiencia puede reabrir heridas del pasado al poner en evidencia una faceta del padre que ellos no conocieron durante su infancia.
Desde la psicología, ambas emociones pueden coexistir. Agradecer que los hijos tengan un vínculo sano con sus abuelos no invalida el dolor por la propia historia familiar. Del mismo modo, aceptar que una persona pudo cambiar con el paso de los años no necesariamente minimiza el impacto que tuvieron las experiencias vividas durante la crianza.
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