Durante generaciones, sentarse quieto ha funcionado como una de las señales más visibles de que un estudiante está prestando atención. Balancearse en la silla, mover los pies o cambiar de posición suele interpretarse justo de la forma contraria: distracción.
Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad Stanford cuestiona esa asociación. El equipo realizó dos experimentos con alumnos de sexto y séptimo grado. Participaron 32 estudiantes de entre 11 y 12 años en el primero y 43 de entre 12 y 13 años en el segundo.
Los investigadores compararon situaciones en las que los jóvenes tenían instrucciones de permanecer quietos con otras en las que podían moverse de forma natural sobre un asiento dinámico que permitía balancearse.
Después evaluaron su pensamiento divergente: la capacidad de producir numerosas ideas novedosas ante una pregunta abierta.
La libertad de movimiento favoreció las ideas nuevas
En el primer experimento, alrededor del 80% de los alumnos mostró mayor creatividad cuando podía moverse. Produjeron más ideas novedosas y una proporción superior de propuestas creativas respecto del total.
Pedir a un alumno que permanezca inmóvil no garantiza que esté más concentrado. Foto: EFE/ Miguel Ángel Molina
Lo importante es que esa ventaja no apareció a costa de la memoria. Los estudiantes también realizaron una prueba para recordar palabras y el rendimiento no cambió de forma significativa entre las condiciones.
El segundo experimento incorporó una tercera situación: sentarse de la forma habitual, sin una orden explícita de permanecer inmóvil.
El patrón volvió a aparecer. Cerca del 82% de los estudiantes generó más ideas novedosas cuando tuvo libertad de movimiento que cuando recibió la orden de quedarse quieto. Además, el grupo que se sentó como lo haría habitualmente obtuvo resultados intermedios.
Esto no significa que cuanto más se mueva un niño, mejor aprenderá. El estudio no evaluó levantarse, correr por el aula o realizar movimientos capaces de distraer a compañeros. Analizó movimientos naturales realizados mientras el alumno permanecía sentado.
También conviene precisar qué significa “creatividad”. Los investigadores midieron pensamiento divergente, pidiendo usos alternativos para objetos comunes. No demostraron que moverse mejore todas las áreas del aprendizaje.
Dar libertad para moverse favoreció la creatividad sin perjudicar memoria o atención. Pexels.
De hecho, los propios autores describen el trabajo como una primera aproximación y señalan que algunas comparaciones del segundo experimento no alcanzaron significación estadística de manera individual, pese a existir un efecto general de la condición.
La conclusión relevante es más limitada, pero también más útil: quietud y atención no son sinónimos. Mover una pierna, balancearse un poco o cambiar de postura puede formar parte de la manera natural en la que algunos alumnos mantienen el nivel de activación necesario para pensar.
Así, el estudiante que no deja de moverse en el asiento no está demostrando por ese solo hecho que haya dejado de prestar atención. En ciertas tareas, permitirle algo de libertad corporal podría incluso facilitar que aparezca una idea que sentado "como una estatua" no habría tenido.
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