La herida de abandono es una de esas que no se ven, pero se sienten. Aunque no es literal respecto al desamparo, de todos modos requiere de mucha introspección y ayuda profesional para sanar. Tal es así que, algo que se desata en la niñez, deja sus huellas en la adultez. La psicóloga Sol Buscio aseveró a Clarín: “Todas las secuelas de nuestra infancia se hacen presente de distintas maneras en nuestra vida adulta”.

La herida de abandono es una herida emocional. Las heridas emocionales refieren a secuelas, dolores, o situaciones que vivimos, experiencias que están ahí esperando ser sanadas”, amplió la especialista.

Las consecuencias son numerosas y afectan a las futuras relaciones de quien sufrió este tipo de daños. Así, según la psicóloga, “la herida de abandono distorsiona los lentes con los que miramos el vínculo. Un mensaje no contestado no es ‘está ocupado’, se siente como un ‘ya no le importo’. Un plan con amigos no es espacio personal, se vive como un descarte”.

Lo positivo del caso -si es que se puede ser optimista en estos temas- es que los efectos no necesariamente tienen que ser para siempre: con “mucho trabajo terapéutico” la herida se puede reparar. “Reconocer estos patrones no es para culparse, sino para empezar a cambiarlos. Una herida de la infancia se sana en el presente, aprendiendo a darnos la seguridad que nos faltó”, señaló Buscio.

El origen de la herida de abandono

Esta herida no significa que la persona realmente fue abandonada sino que percibió en su infancia la falta de respuestas, disponibilidad afectiva o apoyo. La repetición de situaciones de este tipo en esa etapa de la vida generan una sensación de abandono que atraviesa el futuro de quien lo sufrió. Según la profesional, es una de las secuelas que más se ven en el consultorio.

La falta de respuestas, disponibilidad afectiva o apoyo son parte de la herida de abandono. Foto ilustración Adobe Stock.

La psicóloga sostuvo que la herida de abandono se instala gracias a “una acumulación de experiencias que se repiten”. Ese desamparo, entonces, se dio a nivel emocional como consecuencia de alguna actitud constante, en general, en los primeros años de vida, que puede vincularse a la falta de presencia de los padres (aunque los motivos sean justificables).

En ese sentido, Buscio enfatizó que al momento de indagar en esto el objetivo no es buscar un culpable: “Cuando trabajamos en heridas con pacientes adultos, trabajamos justamente la responsabilidad y la comprensión de esa percepción que tuvo. No tiene que ver con la razón, sino con abrazar y alojar esa parte de nuestra infancia que convive con nosotros, que es donde se instaló esta herida; y así poder prestarle atención, ponerle un poco de mirada y de cuidado, y ver qué podemos hacer con eso como los adultos que somos”.

La herida de abandono se instala gracias a una acumulación de experiencias que se repiten. Foto ilustración Adobe Stock.

La herida de abandono y sus consecuencias

La herida de abandono no indica que no hubo amor, sino que faltó algo o que no estuvo presente de la manera en que ese niño necesitaba en ese momento, aclaró la especialista. Tras esa aclaración, enumeró algunas de las consecuencias de este tipo de herida emocional.

  • Se convierten en adultos que se creen poco merecedores de amor: la falta de mirada, de presencia, de cariño, de atención y de cuidado en los primeros años de vida impacta tanto en esos niños que, al crecer, “se creen poco merecedores de amor”. Por esa misma razón suelen ser muy autónomos e independientes, destacó la psicóloga.

Tras la herida de abandono, esas personas se convierten en adultos que se creen poco merecedores de amor. Foto ilustración Adobe Stock.

  • En la adultez, son dependientes y controladores en sus relaciones: Buscio explicó que una de las características de estas personas es la necesidad constante de confirmar sus vínculos y el amor, donde todo el tiempo hay dudas y rumiación (pensamientos repetitivos donde los temas desagradables y la preocupación son protagonistas).

  • La profecía autocumplida: estas personas suelen desconfiar constantemente porque su herida está abierta, activa, irradiando el presente. “Están todo el tiempo desconfiando de ese otro porque antes, en sus primeros años de vida, ese otro no era confiable o no era incondicional. Terminan recreando esos escenarios que son tan temidos, amenazantes y peligrosos para ellos”, afirmó la especialista.

Por la herida de abandono, la autoestima queda muy empobrecida. Foto ilustración Adobe Stock.

  • La autoestima queda muy empobrecida: la psicóloga expuso que el amor propio resulta tan dañado que, en general, esos adultos consideran que lo que les pasa no es importante, repiten patrones en sus relaciones o se paran siempre desde esa herida. “En la repetición hay una búsqueda de reparación: reparar eso que tanto duele para poder entender o darse la posibilidad de que existe otro presente distinto y más saludable”, concluyó.