El marido de Didier Lestrade tiene una teoría incomprobable: Asegura que los hombres más hermosos murieron de sida, que esos muchachos en flor que veían en las películas porno de los 80 fueron arrasados por el virus. Lestrade toma esta afirmación en otro sentido y considera que el sida terminó con la imagen de esos jóvenes empapados de sol en las fotografías de Bruce Webber para las publicidades de Calvin Klein y con el andar despreocupado en pleno día en Le Marais cuando durante el mandato de François Mitterand los gay disfrutaban de una libertad que hoy han perdido en París y en muchas capitales del mundo. El sida inició la etapa de la nocturnidad y el under, el pasaje de la rave al tecno, según el periodista especializado en música.

Act up. Didier Lestrade

Didier Lestrade supo que era seropositivo en el año 1987, cuando tenía 29 años. A los 42 publicó la primera edición del libro Act Up. Una historia de la militancia contra el sida que ahora presenta El cuenco de Plata con un posfacio para la edición del año 2022.

En 1989 Lestrade viajó a Nueva York enviado por la revista Rolling Stone parisina para escribir una nota sobre Act Up, la asociación que realizaba una batalla militante contra el sida con una estética atractiva y con una forma de comunicación contundente tomada de grupos artísticos de guerrilla urbana. La calcomanía Silencio = Muerte podía verse en las calles de Nueva York con el triángulo rosa que habían usado los nazis para identificar a los homosexuales, aquí resignificado en una consigna que señalaba que la falta de asistencia médica podría ser el equivalente a un nuevo lager, otra forma de exterminio masivo ya que durante los años 80 y comienzos de los 90 la enfermedad fue vertiginosa en sus efectos mortales hasta la aparición de los cócteles antirretrovirales.

Cuando regresó a París, Lestrade sentía que debía crearse una organización similar en su ciudad pero jamás imaginó que él se convertiría en el fundador de Act Up Paris junto con Pascal Loubet y Luc Coulavin. Su timidez y lo que consideraba cierta impericia para hablar en público parecían habilitarlo para esta iniciativa pero, en la lectura de este libro traducido por Ezequiel Martinez Kolodens queda claro que Act Up es un espacio de entrenamiento militante para intervenir en la vida social

Act Up es de todas las organizaciones de lucha contra el sida, la más radicalizada. Se animó a cuestionar discursos que hacia el interior de la comunidad gay funcionaban como una suerte de defensa contra la discriminación. En Act Up los miembros homosexuales tenían mayor poder que los heterosexuales y los seropositivos eran los que tenían la última palabra frente a los seronegativos. La seropositividad era una identidad que no se ocultaba y que en el marco de la organización tenía un valor por encima del resto. Act Up operaba en sentido inverso a la sociedad, desde su lugar estaban planteando una sublevación de las jerarquías.

Las actrices Elizabeth Taylor, Natasha Richardson y Mathilda Krim, presidenta fundacion investigaciones sobre el sida, en Nueva York Foto: Jeff Christensen / Reuters

Si el sida estaba transformando una época, Act Up supo leer que había que implicarse en la militancia desde la visibilidad, es decir en la medida de lo posible buscaban que un portador de sida no tuviera que esconderse ni hablar de espaldas. Por el contrario, el objetivo era ponerle nombres tanto a quienes habían contraído el virus como a los responsables de la falta de respuesta sanitaria. La forma de comunicación debía ser atrayente desde lo estético, sintetizar algunos elementos simbólicos y tener alto impacto en la sociedad.

Lestrade se realizaba el test de sida todos los meses cuando supo de la aparición del virus pero no usaba preservativo. La explicación que él encontró para una conducta que hoy puede parecernos demasiado contradictoria es que las campañas de prevención a mediados de los años 80 no eran lo suficientemente agresivas. Act Up se animó a hablar de muerte, a usar la imagen de la sangre en sus manifestaciones, a decir que el vih era, principalmente, una enfermedad de homosexuales, algo que muchas organizaciones de lucha contra el sida consideraban estigmatizante. La decisión de Act Up hablaba de la posibilidad de asumir la propia sexualidad y el modo de vivirla como una práctica que los condujo al contagio sin que eso implicara una lectura moralizante o la aceptación de un castigo.

Michel Foucault.

El principal antagonista dentro de la intelectualidad gay para Lestrade era Michel Foucault que murió de sida en 1984. Lestrade llegó a desaconsejar su lectura porque el filósofo francés siempre se negó a hablar de su homosexualidad públicamente (más allá que su vida sexual era conocida y para nada privada ni pudorosa) y a decir que era seropositivo. Foucault consideraba que los grupos de liberación sexual se definían por su sexualidad y, de este modo, reproducían el mismo dispositivo que el poder ejercía sobre ellos. Para Lestrade la negación de la homosexualidad era una característica de muchas organizaciones de lucha contra el sida como Aides, el periodista francés reconocía que la seropositividad le había dado una identidad nueva que lo había llevado a la acción militante. En esta discrepancia hay una afirmación de un modo de vida más allá de las consecuencias o, dicho de otro modo, podríamos interpretar que Act Up al admitir que la homosexualidad era una población de riesgo (una caracterización que la mayoría de las asociaciones de lucha contra el sida rechazaron) estaba eludiendo la culpabilización que el silencio implicaba y estaba afirmando una subjetividad en el mismo momento donde el contexto la llevaba a apagarse.

El libro de Lestrade es un archivo de la militancia gay pero también es una suerte de autobiografía situada en la organización de Act Up. Tiene una carga de sinceridad arrolladora, se reconoce como el fundador de una asociación jerárquica, poco democrática y obsesionada con la organización, muchas veces alterada por la aparición de personas que usaban el espacio de las reuniones como catarsis o terapia. También deja testimonio de un alto nivel de autocrítica y replanteo de sus procedimientos (de hecho en el año 1999 la presidenta de Act Up fue Emmanuelle Cosse, heterosexual y seronegativa)

Nudistas portadores del virus hiv sida desnudos en una instalación de Spencer Tunick realizada en un restaurante en el West Village de Nueva York en 2204. Foto: Diane Bondareff / AP.

Los números de muertos en sus pancartas y las bengalas con humo rojo señalaban que Act Up también desafiaba el tabú de la muerte que limitaba a las otras organizaciones de lucha contra el sida. Act Up siempre buscó con la acción directa que la sociedad se adaptara a ellos y no intentar amoldarse a los discursos de época. Entendieron que el sida era una guerra y requería de un comportamiento de guerrilla para conquistar espacios en los laboratorios y el funcionamiento médico. El sida cambió la relación médico paciente, los seropositivos pasaron a decidir sobre sus tratamientos. Hoy cualquier persona con una buena obra social puede neutralizar el virus y el PrEP (Profilaxis de preexposición) un medicamento que se inyecta de forma diaria funciona prácticamente como una vacuna. Más allá de estos recursos, un tercio de los enfermos en el mundo no puede acceder a un tratamiento antirretroviral por motivos socioeconómicos, lo que hace que una enfermedad que podría dejar de existir en el año 2030 siga siendo un factor a combatir.

Salir a la calle nunca fue suficiente para Act Up, las campañas debían tener una intensidad desestabilizadora. De hecho Lestrade reivindica la publicidad de Benetton del año 1992 cuando mostraba la imagen de un enfermo agonizante de sida con las manchas del sarcoma de Kaposi y sus padres llorando junto a él. Para Lestrade, Benetton se atrevió a mostrar la escena de la muerte y por esa razón había ido más lejos que la militancia, más allá que hacia el interior de Act Up hubo opiniones diversas, la marca le dio un espacio público a algo que permanecía en el orden de lo obsceno y que esa fotografía de Therese Frare obligó a mirar.

Didier Lestrade. Foto: Centro Pompidou

Act Up se ocupó de conceptualizar la ira. La persona que abandona el lugar de víctima se convierte en una amenaza porque entra en un terreno de combate. La identidad de la seropositividad implicaba dejar esa posición melancólica para encontrar en la enfermedad un impulso para la intervención pública. En esta línea el conocimiento médico, la información sobre cada droga que los laboratorios lanzaban al mercado los convirtió en especialistas que podían tomar decisiones sobre su enfermedad y sobre los tratamientos médicos en general. Hoy es común que las asociaciones de lucha contra el sida trabajen con los laboratorios pero en 1993 acceder a los protocolos de ensayo fue una conquista.

En la escritura de Lestrade la ciudad aparece como síntesis de un época donde el activismo unía la particularidad de la lucha contra el sida con una dimensión política y social más amplia ligada a la construcción de una subjetividad desde un lugar agónico Cuando parece que el sujeto se ve sometido a su propia aniquilación, Act Up encuentra allí la vitalidad de una potencia.