Los Redondos son el archivo más riguroso y más bello de la Argentina del último cuarto del siglo XX.

Sus nueve discos cubren, con precisión poética extraordinaria, el período que va del golpe militar de 1976 al colapso del 2001: la dictadura y sus consecuencias, la frágil primavera democrática, el menemismo y su devastación social, el fin del modelo y el estallido.

La poética solariana es la crónica más rigurosa y más bella de las últimas cuatro décadas del siglo XX argentino. No porque el Indio Solari haya propuesto describir la realidad sino porque la indirección resultó ser el método más eficaz para capturar la verdad de ese período. El lenguaje directo habría producido propaganda; el lenguaje cifrado produjo poesía.

La gran paradoja que define el fenómeno ricotero -y que lo hace único en la historia de la cultura popular latinoamericana- es la tensión entre hermetismo y masividad.

Una banda que habla en clave, que rechaza los medios masivos, que se niega a simplificar o condescender, convoca a cien mil personas que cantan sus letras de memoria sin poder explicar del todo qué significan.

Histórica imagen de Los Redondos en un show en La Esquina del Sol en los '80. / La Voz / Archivo

Ese es el milagro ricotero: la poesía verdadera que llega a quien la necesita sin necesitar que la entienda en el sentido académico del término.

El enorme legado de Los Redondos

El legado de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no es solo musical. Es una manera de hacer arte que es también una manera de estar en el mundo: con independencia, con coherencia, con la convicción de que la libertad es irrenunciable y de que renunciar a ella por el éxito es el precio que la obra no puede pagar sin destruirse.

El hermetismo de las letras del Indio Solari fue, durante años, objeto de críticas por parte de quienes lo veían como oscurantismo deliberado o como incapacidad para comunicar con claridad.

El propio Solari respondió a estas críticas en su célebre “carta a los colegas quejosos”: una defensa del derecho a la ambigüedad como posición estética y política, no como deficiencia comunicativa.

Show de los Redondos en el estadio de Racing. / Archivo Clarín

El cifrado de las letras tiene múltiples funciones. En primer lugar, la ya mencionada herencia dictatorial: hablar en clave era una estrategia de supervivencia que la banda desarrolló en los años setenta y que nunca abandonó del todo, incluso cuando la censura había desaparecido formalmente.

La clandestinidad dejó una marca en el lenguaje que luego se convirtió en estilo.

El hermetismo como "contrabando de información"

En segundo lugar, el hermetismo tiene una función que el propio Indio llamó “contrabando de información”: tomar conceptos de la alta cultura -Foucault, Orwell, Gurdjieff, la tradición sufi- y “licuarlos” en lenguaje popular para que lleguen a quienes no tienen acceso a la biblioteca universitaria.

La universidad que el Indio no cursó pero que leyó por su cuenta se cuela en las letras disfrazada de lunfardo.

Seguidores del Indio en la misa ricotera en Plaza de Mayo, tras su muerte. / EFE/ Nehuen Rovediello

En tercer lugar, y quizás más fundamentalmente, el hermetismo es una invitación a la participación activa del oyente. Una letra que se cierra en un significado único no exige nada del que la escucha; una letra que se abre a múltiples lecturas lo convierte en co-productor del sentido.

La comunidad ricotera es una comunidad de intérpretes: gente que lleva años debatiendo qué quiso decir el Indio en tal verso.

Con la muerte del Indio Solari el 5 de junio de 2026, la última voz física del proyecto se apaga. Pero el archivo no: nueve discos, cientos de canciones, millones de oyentes que llevan décadas interpretando ese lenguaje cifrado y encontrando en él algo que les habla de sus propias vidas con una precisión que ningún otro lenguaje ha logrado.

Esa permanencia es la definición más exacta del clásico: la obra que resiste el tiempo porque habla de algo que el tiempo no cancela.

E.M.