Quienes nacieron entre 1945 y 1965 atravesaron enormes transformaciones: posguerra, conflictos internacionales, crisis económicas, cambios tecnológicos y transformaciones sociales. Resulta atractivo pensar que vivir repetidamente bajo incertidumbre los convirtió en una generación especialmente preparada para manejar las emociones.

La investigación psicológica encuentra una ventaja emocional asociada con la edad. Las personas mayores suelen mostrar una mayor capacidad para regular sus emociones, afrontar momentos difíciles y mantener un mayor equilibrio afectivo.

Esa capacidad puede entenderse, al menos en parte, como resultado de los años acumulados y de haber atravesado distintos períodos de cambio y dificultad. Para quienes crecieron y llegaron a la adultez durante épocas especialmente convulsas, esas vivencias forman parte de una trayectoria marcada por la adaptación.

La psicóloga y profesora de la Universidad de Stanford Laura Carstensen siguió durante más de diez años a adultos de diferentes edades mediante evaluaciones repetidas de sus emociones cotidianas. Su estudio encontró que, a medida que envejecían, los mismos participantes mostraban mayor bienestar emocional general, más estabilidad y una experiencia emocional más compleja, en la que podían convivir sentimientos positivos y negativos.

Ese diseño es especialmente importante porque permite separar, al menos en forma parcial, el efecto de envejecer del simple hecho de haber nacido en una generación distinta.

La ventaja puede estar en saber dónde poner la atención

La teoría de la selectividad socioemocional de Carstensen propone una explicación. Cuando las personas perciben que el tiempo futuro es menos ilimitado, modifican sus prioridades. Tienden a dedicar más atención a relaciones emocionalmente significativas y menos a objetivos que producen conflictos o recompensas lejanas.

Esto no significa que los adultos mayores no experimenten tristeza, ansiedad o enojo. Significa que, en promedio, parecen organizar mejor algunos aspectos de su entorno emocional.

Los adultos mayores muestran algunas ventajas emocionales frente a los jóvenes. Foto: Shutterstock.

Un estudio clásico dirigido por Susan Turk Charles y Carstensen comparó adultos jóvenes y mayores mientras escuchaban grabaciones en las que otras personas supuestamente hacían comentarios despectivos sobre ellos. Los mayores reportaron menos ira y realizaron interpretaciones menos negativas del episodio.

Incluso durante la pandemia de COVID-19 apareció un resultado llamativo. En una muestra cercana a 1.000 estadounidenses de entre 18 y 76 años, los participantes mayores declararon más calma y emociones positivas y menos emociones negativas que los más jóvenes, pese a encontrarse en mayor riesgo frente al virus.

La psicología del desarrollo también señala que la exposición a dificultades moderadas durante la infancia y la adolescencia puede favorecer una mayor capacidad de adaptación, siempre que esas experiencias estén acompañadas de apoyo y recursos suficientes. En ese sentido, haber atravesado períodos de incertidumbre puede contribuir a desarrollar herramientas para afrontar cambios y frustraciones posteriores.

Los investigadores contemplan la posibilidad de un "efecto generacional". Foto: Shutterstock.

La evidencia permite, así, considerar dos aspectos que pueden complementarse: por un lado, las ventajas emocionales asociadas con el paso de los años y, por otro, las experiencias que cada generación acumula durante su trayectoria. En quienes nacieron entre 1945 y 1965, ambas dimensiones se cruzan con décadas marcadas por cambios e incertidumbre.

La ventaja, por tanto, puede tener una dimensión generacional, pero también formar parte de una capacidad que una parte importante de las personas desarrolla precisamente a medida que vive más.