Los broches de la ropa forman parte de esos objetos cotidianos que se usan durante años sin que uno se detenga a pensar por qué tienen la forma que tienen. Se compran, se guardan cerca de la lavadora y aparecen en el tendedero cada vez que una prenda necesita secarse al aire libre.
Sin embargo, basta mirar una con más de atención para encontrar un detalle que suele pasar inadvertido. En cada una hay dos aberturas entre las piezas que forman la pinza, una más pequeña y otra de mayor tamaño. No están ubicadas en el mismo lugar ni tienen exactamente la misma función.
Ese diseño también permite cambiar la manera habitual de tender la ropa. En lugar de utilizar el broche solo para apretar la tela contra la cuerda, existe una forma de colocarla que separa el punto en el que queda sujeta al tendedero del lugar en el que sostiene la prenda.
Para qué sirve cada uno de los dos agujeros del broche
Un artículo de TheCoolist explica que el agujero más pequeño, situado cerca de la parte central, puede utilizarse para sujetar el broche a la cuerda del tendedero, mientras que el más grande, ubicado hacia el extremo, sirve para sostener la tela. De esta manera, la cuerda queda alojada en una abertura y la prenda en la otra.
El agujero más grande pemite sostener la tela.
Para aprovechar esta forma de uso, primero se coloca el broche en el tendedero utilizando la abertura más pequeña. Después se introduce el borde de la prenda en la abertura más grande. El lugar donde se sujeta también importa: en una camiseta conviene elegir una zona resistente, como el borde inferior; en pantalones pueden utilizarse los extremos de las piernas y en faldas o vestidos, la cintura o una costura firme.
La manera de colgar cada prenda puede variar según su tejido y su peso, pero el principio es el mismo: una parte de la pinza queda vinculada al tendedero y la otra sostiene la ropa. El objetivo es evitar que toda la presión recaiga sobre un mismo punto de la tela y reducir las marcas que pueden quedar después del secado.
Cómo fue cambiando el diseño
La forma de las pinzas fue cambiando a medida que aparecieron distintas soluciones para sujetar la ropa al tendedero. En 1853, David M. Smith, de Springfield, Vermont, obtuvo la patente estadounidense US 10.163 para una “spring-clamp for clothes-lines”, un modelo formado por dos piezas articuladas y un resorte. El diseño incluía una abertura entre las piezas, identificada como D, en la que se colocaban la cuerda y la ropa. La propia patente también muestra, a modo de comparación, una pinza de madera de uso común en aquella época.
El diseño de las pinzas de la ropa fue variando con el tiempo y cada resulta más funcional.
Décadas después, en 1887, Solon E. Moore patentó otro modelo de pinza de madera, con un resorte formado por un solo alambre enrollado. Incorporaba dos recesos enfrentados en las caras internas de las piezas, donde se apoyaba la parte enrollada del resorte y que funcionaban como puntos de apoyo para el movimiento de la pinza. También incluía ranuras en las que quedaba apoyada la cuerda.
Los diseños fueron incorporando así nuevas formas de ensamblar las piezas, sujetarlas al tendedero y hacer funcionar el mecanismo de apertura y cierre. Estas soluciones dieron lugar al formato que hoy resulta tan familiar: dos piezas de madera unidas por un resorte y con dos huecos internos que quedan enfrentados cuando la pinza está armada.
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