Se me impone por estos días una palabra ligada a los partidos de la selección: corazón. Al preguntarle a la IA por este término afirma que aparece con una frecuencia altísima y constante para describir el estilo y la identidad de la selección argentina. De pronto, no se ponen más huevos, sino corazón. Cambio de sustantivo que, detrás de la primera reacción de risa que puede concitar pensarlo, aparece como un indicio, tal vez, de algo más profundo.

Lionel Scaloni, director técnico de Argentina, llegando a una conferencia de prensa previa al partido de la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ante España, en Nueva York, Estados Unidos. (Xinhua/Li Ming) (ra) (da)

En el partido de Argentina contra Suiza, el Dibu arengaba a sus compañeros mientras salían a la cancha diciendo: “con el corazón” (le seguía una habitual palabra que recuerda el órgano femenino de una madre). Pero primero, hablaba del corazón. Veamos el vaso medio lleno. Un corazón que trae como corolario lágrimas. Hace tiempo que aparecieron las lágrimas de Scaloni en diversos momentos y las de Messi al finalizar cada partido de esta copa. Hasta Lautaro (el toro bravío) al final del partido contra Inglaterra no podía casi hablar entre emoción y lágrimas para decir que había soñado con ese gol.

En este punto surge también un nombre que viene siendo parte de los mundiales con canciones que se nos pegan por años: Shakira. Por fuera de estas canciones mundialistas, recuerdo cuando apareció su tema "Última", el cual fue celebrado con fervor rebelde por muchísimas mujeres. Una de sus frases –y título del álbum– era "las mujeres ya no lloran las mujeres facturan". Me resultó imposible encontrar cualquier atisbo de empoderamiento femenino en una letra que replicaba el modelo patriarcal y machista para volverlo modelo ¿feminista?. La contradicción se me hacía flagrante. Pensaba entonces que el desafío no era que las mujeres dejásemos de llorar, sino que empezarán a hacerlo los varones.

Entrenamiento de la Selección Argentina en el Compass Minerals Nacional Performance Center. Foto: Juano Tesone/ Enviado especial -

Me encuentro, nos encontramos, con una Scaloneta que, afortunadamente, es un mar de lágrimas. Esta mañana también recordaba y tarareaba el hermoso tema de Shakira “Día de enero”, en el cual le canta a un hombre al que le duele el corazón y llora de emoción. Los hombres también lloran. Y sus llantos, el de Scaloni, Messi, Martínez nos conmueven a todos/as. Si pensar en ganar un segundo mundial consecutivo se vislumbraba como una utopía, pensar en palabras positivas con connotaciones sensibles en este contexto también lo es.

En cuanto a los insultos como parte de esta reflexión vinculada con el lenguaje, si hay un ámbito donde malas palabras y groserías están habilitadas como parte de una jerga esperada es en el fútbol. Además, muchos de los términos suelen asociarse a órganos genitales masculinos o femeninos o son de índole discriminatoria por identidades de género. Al respecto, fue célebre el insulto de Messi durante el mundial pasado con su "Qué miras, bobo”. Sobre todo porque, si bien es peyorativo, suena casi elogioso en relación con la diatriba a la que estamos habituados en el fútbol y, diría, en la sociedad y en sus más altas esferas gubernamentales, en nuestro país y en otras latitudes.

Entrenamiento de la Selección Argentina en el Compass Minerals Nacional Performance Center. Lautaro Martinez en la imagen. Foto: Juano Tesone/

Sí, en el lenguaje se cifran mundos, perspectivas, formas de ser, éticas. Es un asunto de primera importancia. Y vuelvo al corazón, ese órgano tan asociado por siglos al universo femenino, como si solo las mujeres fuesen poseedoras de la capacidad de ponerlo a funcionar a través de palabras bellas, llantos, sentimientos. El corazón, entonces, se vuelve también metáfora de modelo de un equipo deportivo de fútbol.

En su libro Íconos, la historiadora del arte e investigadora Laura Malosetti Costa se refiere al estilo “inédito” de Messi, con gestos amables, divertidos, alejado del héroe trágico y de un paradigma masculino agresivo, bélico. Así lo explicita: “(…) tal vez la figura de Messi sea indicio de un cambio a nivel generacional en el sentido de moderación de las emociones violentas también en el juego”. Luego de enumerar varias virtudes más del futbolista concluye que lo más interesante es que no responden a modelos hegemónicos conservadores y reaccionarios. Y concluye su libro: “Ese modelo de varón y de héroe está en mi deseo feminista”.

Entrenamiento de la Selección Argentina. Foto: Juano Tesone/ Enviado especial.

A quienes hablar de nuevo paradigma les suene demasiado, si incluso fuese solo una moda, una tendencia momentánea, por un rato ya ganó la copa una palabra (corazón) vinculada a la emocionalidad sensible en un ámbito de masculinidades históricamente asociadas, casi con exclusividad, sólo a la fuerza y a la destreza física. Ya ganaron la copa las lágrimas en una sociedad donde muchas veces la sensibilidad y la empatía parecen extinguidas. Por un momento, ya ganamos todos/as. Gracias hay que hay razones que sólo el corazón, sin distinciones de sexuales ni de géneros, comprende.

*Laura Casanovas es periodista, historiadora del arte y docente universitaria.