Mientras a los 15 años Gabriella Rothberg preparaba un sándwich para su padre, le surgió una inquietud que podría parecer absurda. Pero lejos de serlo, terminó saliendo de su cabeza y llegando a un punto inimaginable. ¿Se podría hacer que el tomate tenga gusto a hamburguesa?, fue la pregunta que funcionó como disparador para que esta estudiante de Miami, Estados Unidos, modificara genéticamente a este alimento.
Pasaron solamente dos años para que la joven de transformara en coinventora de una patente estadounidense que modifica genéticamente a los tomates para que produzcan hemo, una molécula que contiene hierro y asociada al gusto de la carne.
Gabriella, que cursa el último año de la escuela secundaria Ransom Everglades de Coconut Grove, espera que esta tecnología pueda lograr que por ejemplo esta fruta que se usa como verdura en la cocina tenga un sabor más parecido al de la carne sin necesidad de procesarla para convertirla en sustitutos vegetales convencionales.
El interés de esta adolescente por la ciencia parte de una familia con experiencia en la investigación médica. Su padre, Jonathan Rothberg, es un emprendedor de la biotecnología que contribuyó al desarrollo de la secuenciación de ADN de última generación.
De hecho, en 2016, recibió la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación de manos del presidente estadounidense Barack Obama.
Utilizaron la bacteria Agrobacterium para introducir material genético en células de planta de tomate. Foto: Instagram (@impossiblevines)
Por otro lado, su madre Bonnie Gould Rothberg es investigadora oncológica en la Universidad de Miami.
El sándwich que se convirtió en la idea para un proyecto
Como fue dicho, la idea madre surgió mientras Gabriella preparaba un sándwich sin considerar que tiempo después sería el proyecto de biotecnología Impossible Vines. "Así, podrás morder un tomate y tendrá sabor a hamburguesa", explicó.
Para profundizar con esta idea, ella colaboró con Maddison Marshall, y utilizaron la bacteria Agrobacterium para transferir material genético a las células vegetales. Rothberg pretende lograr que las plantas de tomate lo produzcan mediante modificación genética.
Esta joven espera, que más allá del sabor, los tomates sirvan para equilibrar la dieta. Foto: Instagram (@impossiblevines)
La patente también describe métodos para modificar otras características de las plantas, como su contenido de licopeno (pigmento natural que da a los tomates su color rojo) y la producción de semillas.
Por el momento, el proyecto continúa en etapa de experimentación: los tomates no fueron sometidos a pruebas de sabor ni dentro del circuito comercial. Los investigadores tampoco determinaron si acercan los valores nutricionales esperados.
¿Los tomates modificados podrían ayudar a combatir la falta de hierro?
Esta joven espera que, más allá del sabor, los tomates sirvan para equilibrar la dieta. Este alimento podría resultar útil en lugares donde la carne es inaccesible o muy costosa. También identificó que las mujeres embarazadas en los países en vía de desarrollo podrían ser potencialmente consumidoras de esos tomates.
Vale destacar que esta dupla de investigadoras se enfrentó a numerosas dificultades durante las primeras etapas del proceso, ya que por ejemplo las plantas no se desarrollaban como esperaban.
Finalmente descubrieron que la concentración de vitaminas en el medio del cultivo, el material que se utiliza para proporcionar a las células vegetales los nutrientes necesarios para su desarrollo en condiciones de laboratorio, era incorrecta.
A sus 17, se transformó en coinventora de una patente estadounidense que modifica genéticamente a los tomates. Foto: Instagram (@impossiblevines)
Tras corregir la fórmula, ahora avanzan en acelerar el crecimiento celular de los tomates.
Gabriella reconoció haber utilizado inteligencia artificial para su proyecto: para diseñar construcciones genéticas, preparar materiales para patentes y desarrollar un plan de negocios.
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