Que un padre pregunte por las notas o establezca reglas es normal. El problema aparece cuando el niño empieza a percibir que recibir afecto, reconocimiento o tranquilidad familiar depende de cumplir siempre con determinadas expectativas.

Hay algunos hábitos que pueden aparecer más tarde en adultos criados bajo una presión intensa por las calificaciones y el cumplimiento de normas. La investigación científica respalda parte de esta relación, aunque no demuestra que todos aparezcan de manera inevitable.

Un estudio longitudinal con 789 adolescentes, realizado por investigadores de distintas universidades, siguió a los participantes durante cinco años y encontró diferencias en los resultados académicos y psicológicos según el tipo de relación parental. Los jóvenes que percibían mayor apoyo a la autonomía y calidez mostraron mejores resultados, mientras que el perfil más controlador se asoció con resultados menos favorables.

Los hábitos que pueden llegar a la adultez

1. Intentan complacer a los demás

Si la aprobación estuvo durante años ligada a hacer lo esperado, agradar puede convertirse en una estrategia automática para evitar decepcionar.

Equivocarse puede sentirse como una amenaza a la valoración personal. Foto: Shutterstock.

2. Evitan riesgos por miedo al fracaso

Equivocarse puede sentirse menos como una parte normal del aprendizaje y más como una amenaza al valor personal.

3. Ocultan lo que sienten

Cuando el rendimiento recibe más atención que las emociones, algunos niños pueden acostumbrarse a seguir cumpliendo aunque estén agotados, frustrados o preocupados.

4. Se vuelven muy competitivos

Si éxito significa obtener mejores resultados que otros, la comparación puede continuar después en la universidad o el trabajo.

5. Necesitan mantener el control

Respetar reglas y evitar errores puede convertirse en una fuente de seguridad. En la adultez, delegar o aceptar maneras diferentes de hacer las cosas puede resultar incómodo.

6. Pueden trabajar en exceso

La oficina reproduce una estructura conocida: objetivos, evaluaciones y reconocimiento por rendimiento. Esto puede favorecer la tendencia a demostrar valor mediante productividad.

7. Ignoran sus propias necesidades

Descansar, decir que no o aceptar que algo no puede hacerse puede sentirse como incumplimiento.

El riesgo aparece cuando rendimiento, obediencia y aprobación terminan demasiado unidos. Foto: Shutterstock.

Un estudio de 2025 realizado por especialistas de la Universidad de Bielefeld, aporta evidencia relevante sobre este último punto. En 624 universitarios, el recuerdo de una aprobación parental condicionada al rendimiento académico se relacionó con una autoestima más dependiente de los logros, conductas de estudio excesivas y síntomas de agotamiento.

Esto no significa que exigir esfuerzo académico produzca adultos complacientes, competitivos o adictos al trabajo. Tampoco que las reglas sean perjudiciales. El factor importante parece estar en cómo se presentan esas expectativas.

Un niño puede recibir límites claros y saber que una mala nota no modifica el afecto que sus padres sienten por él. En ese escenario, las reglas aportan estructura.

La dificultad surge cuando el mensaje termina siendo otro: “cuando rindes bien, estás bien”. Esa asociación sí puede sobrevivir mucho tiempo después de que desaparezcan los boletines escolares.