Hay algo profundamente nuevo en esta forma de abuelidad. Durante siglos, ser abuelo implicó cercanía física, olor conocido, brazos, piel, objetos compartidos y una presencia que se volvía familiar a través de todos los sentidos. Hoy, en cambio, muchísimas familias sostienen ese vínculo con una pantalla en la mano.
Los nietos pequeños ven la cara, escuchan la voz, reconocen el tono, sonríen, imitan, esperan. Pero no tocan, no huelen, no sienten el cuerpo del otro en el mismo espacio. La pregunta, entonces, no es si eso “vale” o no vale, sino qué tipo de relación permite construir.
La evidencia disponible es bastante más optimista de lo que muchos imaginan. Una revisión sobre videochat y desarrollo infantil, firmada por Gabrielle Strouse y otras investigadoras de la División de Orientación y Psicología Educativa de la Universidad de Dakota del Sur, sostuvo que las videollamadas pueden contribuir a mantener y desarrollar lazos familiares entre niños pequeños y abuelos cuando están físicamente separados.
El punto fuerte del videochat es que permite interacción en tiempo real: turnos de palabra, atención compartida, juegos simples, canciones, lectura y repetición de rituales.
Un bebé puede aprender a reconocer una cara sin por eso tener la experiencia sensorial completa de esa persona. Estudios sobre percepción infantil muestran que el olor materno, por ejemplo, mejora el reconocimiento de rostros en bebés pequeños.
Una videollamada puede sostener un vínculo, pero no reproducir del todo la huella sensorial del encuentro físico. Foto: Shutterstock
Un trabajo dirigido por investigadoras de la Universidad de Friburgo en Suiza y otras instituciones europeas señaló justamente que los bebés de pocos meses se benefician de la presencia del olor de su madre para procesar los rostros humanos. El análisis demostró mediante registros electroencefalográficos que este estímulo olfativo facilita y acelera la respuesta visual del cerebro infantil ante las facciones.
Eso ayuda a entender por qué una videollamada puede sostener un vínculo visual y auditivo, pero resulta incapaz de reproducir la huella sensorial completa del encuentro físico.
Lo que realmente fortalece el vínculo
También existe evidencia más específica sobre abuelos y videollamadas. Un estudio sobre “virtual grandparenting” encontró que la frecuencia y la variedad de actividades realizadas en video se asociaban con más cercanía familiar y más disfrute de esta forma de comunicación.
Los abuelos por videollamada están construyendo un vínculo real dentro de un formato incompleto. Foto: Shutterstock
Es decir, no alcanza con mostrar la cara unos segundos: lo que fortalece el vínculo es convertir la llamada en experiencia compartida. Cantar, esconderse, leer, repetir palabras, enseñar objetos o sostener pequeños rituales importa más que la mera conexión técnica.
Por eso, desde la psicología, la conclusión no es triste ni ingenua. Los abuelos por videollamada no están fingiendo un vínculo: están construyendo uno real dentro de un formato incompleto.
El bebé puede reconocer perfectamente la cara y la voz. Lo que no tendrá, al menos allí, es el olor, la temperatura, el tacto y esa presencia corporal total con la que generaciones anteriores definían el cariño. Y quizá ahí esté la verdad más precisa: la videollamada no reemplaza el encuentro, pero sí evita que la distancia se vuelva puro vacío.
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