La construcción sustentable exige una mirada integral que contemple el consumo energético, el confort, la calidad del aire, la elección de los materiales y su impacto a lo largo de todo el ciclo de vida.

Sandra Amerise, arquitecta, docente y asesora en Sustentabilidad del Instituto Unicer, analiza los indicadores y las decisiones de proyecto que permiten lograr edificios saludables, eficientes y duraderos.

Y presenta el trabajo de esta asociación civil integrada por siete empresas de la industria cerámica argentina, dedicada a investigar, promover y divulgar soluciones constructivas basadas en ladrillos cerámicos rojos.

-¿Alcanza con medir el consumo energético de un edificio?

-El consumo energético es un indicador importante, pero la sustentabilidad de un edificio debe evaluarse de manera integral. Hay que considerar también el confort térmico y acústico, la calidad del aire interior, la ventilación, el uso del agua, la elección de los materiales y su impacto ambiental.

La envolvente y los materiales, como las soluciones de mampostería termoeficiente, son parte de esa estrategia.

En definitiva, no se trata solamente de consumir menos energía, sino de lograr edificios más saludables, confortables y eficientes, adaptados a su clima y a las necesidades de quienes los habitan. La envolvente y los materiales, como las soluciones de mampostería termoeficiente, son parte de esa estrategia.

-¿Cómo se relacionan la eficiencia energética, la calidad ambiental interior y la calidad de vida de quienes habitan un espacio?

-Están profundamente relacionadas: un edificio eficiente debería consumir menos recursos sin resignar el bienestar de quienes lo habitan. Una buena calidad ambiental interior implica temperaturas adecuadas, confort térmico, buena ventilación, aire saludable, iluminación y condiciones acústicas confortables.

Por eso, la eficiencia energética no debería pensarse solamente como ahorro, sino como una herramienta para mejorar el confort y la calidad de vida.

El diseño, la orientación, la envolvente y la elección de materiales sanos, de materia prima genuina, como es, por ejemplo, la arcilla de los ladrillos termoeficientes deben trabajar en conjunto para lograr espacios saludables, confortables y eficientes.

Se obtiene un material inerte y estable, sin emisiones provenientes de aditivos químicos incorporados al producto.

-¿Qué significa que un edificio sea saludable?

-Técnicamente, un edificio sustentable es aquel que logra un buen desempeño ambiental durante todo su ciclo de vida, reduciendo el consumo de recursos y el impacto ambiental, pero manteniendo —o mejorando— el confort, la salud, la seguridad y la calidad de vida de sus ocupantes.

La sustentabilidad ya puede medirse objetivamente, aunque no existe un único indicador que diga por sí solo si un edificio es “sustentable” o cuánto lo es.

Se pueden evaluar, entre otros: demanda y consumo energético (calefacción, refrigeración, agua caliente e iluminación), desempeño de la envolvente (transmitancia térmica, aislación, puentes térmicos, infiltraciones), confort higrotérmico, calidad del aire interior (ventilación, CO2, material particulado y otros contaminantes), uso del agua y gestión de aguas pluviales.

También sobre materiales (origen, impacto de fabricación, durabilidad, mantenimiento y fin de vida), emisiones de gases de efecto invernadero, gestión de residuos, iluminación natural y confort acústico.

En Argentina existe el PRONEV (Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas), que permite clasificar una vivienda de A a G según su desempeño energético mediante el Índice de Prestaciones Energéticas (IPE).

“Todas las fábricas del Instituto Unicer trabajamos mucho y hemos podido integrar nuestros productos a los listados oficiales de certificaciones energéticas, lo cual es un gran logro desde lo técnico industrial”, acota Amerise.

Además, menciona que en CABA el Código de Edificación incorpora requisitos de diseño sostenible, incluyendo estrategias de diseño pasivo, aislamiento térmico de la envolvente y medición de energía. “Desde 2026, el etiquetado energético de viviendas en la Ciudad se implementa de manera voluntaria dentro del PRONEV, siendo ya 18 provincias las adheridas “, resume.

-¿Qué variables ambientales deberían considerarse?

-El clima, la orientación y el asoleamiento, la temperatura, los vientos y la humedad del lugar. También la disponibilidad de luz natural, ventilación, entorno urbano y características del suelo. Estas variables permiten definir la orientación, la forma del edificio, sus aberturas, la envolvente y los materiales más adecuados. No se debería diseñar primero y adaptar el edificio al clima después.

La geometría del ladrillo y la configuración de sus celdas permiten mejorar su comportamiento térmico.

-¿Qué indicadores permiten saber si una vivienda es confortable?

-Existen indicadores objetivos. Se analiza la temperatura operativa, que combina la temperatura del aire y la temperatura media radiante, y permite evaluar el confort térmico de los ocupantes. Resulta fundamental la humedad relativa, especialmente para evitar condiciones que favorezcan condensaciones y aparición de moho.

La ventilación y la calidad del aire pueden medirse en la tasa de renovación de aire, las concentraciones de CO2, material particulado, compuestos orgánicos volátiles y otros contaminantes. También es necesario evaluar el comportamiento de la envolvente edilicia, mediante parámetros como la transmitancia térmica, la resistencia térmica, las infiltraciones y los puentes térmicos.

Todos estos indicadores permiten determinar si una vivienda realmente ofrece condiciones adecuadas de confort, eficiencia y calidad ambiental interior. Lo que no se mide, difícilmente se puede mejorar.

-¿Cómo se debería evaluar un material?

Se debe considerar todo su ciclo de vida: el origen de sus materias primas, su extracción, su proceso de fabricación, su comportamiento durante la vida útil y su impacto al finalizarla. También deben considerarse su eficiencia térmica, durabilidad y aporte a la calidad ambiental interior.

La cerámica roja es un buen ejemplo. Los ladrillos cerámicos huecos se elaboran a partir de arcillas naturales que, para estas aplicaciones, no requieren la incorporación de agregados químicos. Por eso, una vez cocidos, se obtiene un material inerte y estable, sin emisiones provenientes de aditivos químicos incorporados al producto.

En algunos procesos puede incorporarse cáscara de arroz como material orgánico auxiliar, aprovechando un residuo y facilitando determinadas etapas del proceso. En las soluciones termoeficientes, además, la geometría del ladrillo y la configuración de sus celdas permiten mejorar su comportamiento térmico.

-¿Qué información debería ofrecer un fabricante?

-La información técnica no debería limitarse a una ficha. Las fábricas del Instituto, por ejemplo, están a disposición de arquitectos, ingenieros, constructores y usuarios en general para responder consultas y acompañar la elección y correcta utilización de los productos.

Incluso, las vistas a las fábricas terminan de afianzar conceptos y determinar elecciones correctas. Además, la información técnica debería ser clara y verificable: prestaciones térmicas, transmitancia, resistencia, absorción de agua, comportamiento frente al fuego, dimensiones, tolerancias, composición y recomendaciones de colocación.

También es importante contar con información ambiental y de durabilidad, para evaluar el material a lo largo de su vida útil.

-¿Cómo se ponderan aspectos que pueden entrar en tensión?

- Un material debe evaluarse considerando todas las etapas de su vida y su desempeño integral. La energía utilizada durante su fabricación debe ponderarse junto con su durabilidad, mantenimiento, comportamiento térmico y el ahorro energético que puede generar durante décadas de uso.

En este sentido, también es fundamental trabajar sobre la eficiencia del propio proceso productivo: optimizar el uso de energía y materias primas, reducir desperdicios y aprovechar residuos o subproductos, son aspectos que forman parte de la sustentabilidad de un material.

La mejora continua de los procesos productivos busca justamente reducir el impacto de fabricación sin perder las prestaciones y la durabilidad que se esperan de un material destinado a acompañar al edificio durante toda su vida útil.