La inminente visita de León XIV a la Argentina, a la espera de confirmación oficial luego de su intervención quirúrgica, ya despierta distintas disputas e interpretaciones, aún antes de su llegada. No solamente por la agenda, por los lugares que visitará o por quiénes tendrán la posibilidad de encontrarse con él. La disputa es, sobre todo, por los sentidos que se construirán en torno a su visita.
Se sabe que el Papa estará en la Casa Rosada, hablará ante autoridades y representantes de la sociedad civil en el Palacio Libertad, se encontrará en la Universidad Católica Argentina con dirigentes empresariales, sindicales y de movimientos sociales, visitará el Cottolengo Don Orione de Claypole, celebrará una misa en Palermo, viajará a Córdoba, donde celebrará otra misa en la Fábrica Argentina de Aviones, se encontrará con jóvenes, visitará el Complejo Penitenciario de Villa Devoto y terminará su recorrido en Luján.
Los lugares importan y tienen significados. La Casa Rosada representa al Estado y al poder político. La Universidad Católica es el escenario donde se sentarán en una misma mesa representantes del mundo del trabajo. El Cottolengo introduce en la visita la cuestión de la discapacidad, en un contexto en que son cuestionadas las políticas gubernamentales de asistencia a ese sector. Luján condensa uno de los símbolos centrales del catolicismo argentino. A su vez, Córdoba agrega otro elemento significativo: la misa tendrá lugar en la Fábrica Argentina de Aviones. No es simplemente un espacio para una celebración religiosa. Es también un escenario asociado al trabajo, la industria, la producción nacional.
La agenda del Papa es mucho más que un simple itinerario. Supone una discreta negociación entre un abanico de actores con sensibilidades e intereses diversos. La define la Secretaría de Estado del Vaticano, pero interviene la Iglesia local a través de su Conferencia Episcopal, el gobierno nacional e incluso referentes de múltiples organizaciones con vínculos estrechos con las autoridades católicas. La agenda finalmente acordada puede leerse como una evidencia de las capacidades de negociación de una institución bimilenaria como la Iglesia católica: una institución que conoce como pocas el arte de administrar tensiones, preservar interlocutores diversos y construir equilibrios sin clausurar las diferencias.
No obstante, cada sector parece estar preparando su propio León XIV. El Gobierno seguramente pondrá el acento en la dimensión institucional del encuentro con el Presidente y en la relación entre el Estado argentino y la Santa Sede. La oposición, los sindicatos y los movimientos sociales buscarán amplificar toda enunciación papal referida a la pobreza, al trabajo y a la desigualdad. También los empresarios participarán de esa disputa por el sentido. Focalizarán en determinados conceptos del discurso papal -producción, desarrollo, progreso-, como fundamentos de legitimación de sus propias acciones y posiciones. El mapa se completará seguramente con las voces de la Iglesia católica, intentando no perder de vista la dimensión pastoral de los pronunciamientos papales.
Es claro que la visita trasciende ampliamente la dimensión religiosa. Sin embargo, convertir cada escala en una señal política sería tan reduccionista como pensar la visita únicamente como un acontecimiento religioso. Los lugares elegidos, los actores convocados y los encuentros previstos construyen un mapa de prioridades que tiene dimensiones religiosas, sociales, culturales, institucionales y también políticas. La clave está, precisamente, en esa superposición de sentidos.
Ese será, probablemente, uno de los principales problemas de la visita: la tentación de leer cada gesto como una señal y cada señal como una toma de posición. Con Francisco ocurrió de manera particularmente intensa. Una frase, una fotografía, el tiempo dedicado a cada Presidente eran rápidamente transformados en una interpretación política.
Cada sector recortará al Papa en sintonía con sus principios, valores e intereses. Y pugnará por instalar esa visión parcial para delinear el perfil de la visita y del propio León XIV. Ocurre habitualmente. Toda interpretación supone un ejercicio de selección. La disputa surge cuando esos recortes se presentan como si fueran la totalidad.
Para quienes estudiamos el fenómeno religioso, nos queda el desafío de analizar no solo los significados que los distintos actores construyen en torno a la presencia papal, sino la integralidad de su visita, la totalidad de sus discursos y el conjunto de sus gestos. Para ello, será imprescindible observar a León XIV más allá de una frase puntual. Analizar qué dice, pero también dónde lo dice. Y cuáles son los temas que menciona con mayor recurrencia. Diferenciar al Papa que cada uno quiere escuchar con lo que efectivamente vaya a decir.
En definitiva, la llegada del Papa ofrecerá una oportunidad única tanto para analizar de cerca los valores que orientan su pontificado como para comprender a la sociedad que lo recibe. El tono y la disonancia de las interpretaciones sobre sus palabras y sus gestos dirán mucho sobre una Argentina atravesada por fuertes disputas de sentido.
Todavia no hay comentarios aprobados.