La película es mediocre, costumbrismo con resaltador que sobrevive en sobremesas cuando algún curioso sintoniza Volver, pero su valor es otro, el de un documento arqueológico: como encontrar esa servilleta arrugada a modo de primer contrato de Messi.

He nacido en La Ribera se llama esa producción del italiano Catrano Catrani en los márgenes del Riachuelo, esa cinta de los primeros balbuceos en cámara de un muchachito aniñado que con los años se convertiría en el rostro excluyente de nuestra cinematografía.

El debut en cine de Ricardo Darín ocurrió a los 15 años en un casi sainete futbolero estrenado en 1972. Ese fotograma darinesco "cero" representa su período embrionario, el que lo vio flotar en el líquido amniótico de un cine clase B.

En ese bautismo de barro es imposible no reconocer esos ojos turquesa, misma cara, misma insolencia natural para ocupar el espacio. Nadie podía intuir en aquel pichón de Darín esa condición futura de insignia, ni el enamoramiento de los españoles, ni los premios Goya, ni la alfombra roja de Hollywood.

En la historia encarna a un proyecto de futbolista criado en un conventillo -Miguel Notari- que entre penas de bandoneón, curtiembres, barcos, humo negro de chimeneas y estibadores gasta sus mocasines escolares a puro peloteo, a pesar de que su padre desea otro futuro. Todavía no es el tipo tallado a golpes de taquilla y prestigio internacional, ni el adulto capaz de encarnar el cinismo de una clase media con solo arquear una ceja (aunque sus cejas entonces ya son protagonistas).

Es el actor Enzo Viena el que aquí se calza el traje de “descubridor” de crack, el que fascinado por sus firuletes, lo lleva a jugar a Del Plata, un equipo ficticio que compite con Boca Juniors.

A Darincito se lo ve en los primeros veinte minutos y su rol adulto lo toma luego el joven Arturo Puig. Notari está enamorado de una hipnótica modelo (Susana Giménez), que juega en la película con los coletazos y la onda expansiva del póster de “¡Shock!”, la publicidad del jabón Cadum.

Una escena de Darín en "He nacido en la ribera" con Santiago Bal y Gino Renni. (Captura)

Más allá de que la película nos obliga a una distancia analítica y nos genera una pizca de incomodidad con sus diálogos artificiales y prefabricados, es una reliquia cultural, el sedimento de un nacimiento artístico. Cuenta con una pequeña actuación del mismísimo Benito Quinquela Martín y con la atmósfera de sus obras portuarias y obreras. La ternura la aportan los pasos de comedia de los fallecidos Santiago Bal, Gino Renni, Fidel Pintos y compañía.

En 54 años desde aquel estreno, Ricardo -hijo de los actores Ricardo Andrés Darín y Renée Roxana- se graduó con honores de camaleón. Fue estafador, abogado carancho, ferretero, Presidente de la Nación, Fiscal de la Nación, empleado judicial, gastronómico, héroe de historieta y tanto más, pero pocos saben que todo empezó con el modesto personaje de un goleador salido de un potrero de La Boca.