Nadie discute el peso que tiene Marcos Rubio en la administración de Donald Trump. Es el responsable de las relaciones exteriores, y tiene una influencia notable en la gestión de gobierno. Es también un secreto a voces que en la sucesión están anotados el propio Rubio y el vicepresidente Vance, si es que el jefe de la Casa Blanca no se juega un pleno a seguir otro período, a pesar del impedimento constitucional.

Rubio habló con Milei para anunciarle la llegada de una misión de alto nivel. Según fuentes que consigna hoy Clarín, no hubo buenas noticias para la política oficial para frenar las explotaciones petroleras cerca de las islas Malvinas. Las sanciones a empresas que financian y proveen materiales al proyecto Sea Lion -un consorcio israelí-británico- que ha comenzado a aplicar el gobierno de Milei afectan intereses norteamericanos. De allí la inquietud de Rubio, a pesar de la evidente sintonía del gobierno de Trump con la Casa Rosada.

Esta dificultad se produce en simultáneo con el incremento de la tensión con Chile.

Aquí confluyen varios factores. El primero, es que se está por inaugurar una conexión marítima entre Punta Arenas y las islas Malvinas. Hay un barco de bandera chilena, el “Danstar”, que comenzará a transitarla por el estrecho de Magallanes, cuya soberanía es chilena desde el Acuerdo de 1881. La provisión logística a Malvinas es una cuestión crucial para los británicos, para el proyecto petrolero y, obviamente, para la Argentina que quiere impedir que se materialice. Después de muchas idas y venidas, Argentina hizo lo que debería haber hecho desde el comienzo: denunciar las intenciones británicas ante el Tribunal del Mar.

Este giro malvinero, un idioma nuevo en el vocabulario libertario, está plagado de contradicciones. Solo hay para mencionar algunas: el presidente declaró a las Naciones Unidas casi como un organismo inútil y lleno de parásitos, pero no solo recurre allí por el diferendo con Gran Bretaña sino que postula a un diplomático argentino muy bien considerado para conducirla. Y al mismo tiempo que pide apoyo en el comité de descolonización contra Londres, se abstiene en la votación que condenó al colonialismo en todas sus formas. Un galimatías que se explica por el seguidismo ciego a lo que haga Washington.

En Chile, gobierna la derecha con José Antonio Kast que está pasando por un mal momento. La aprobación popular se derrumbó como un piano, no hay sintonía con el embajador que Trump nombró allí y ahora debe enfrentar una cuestión delicada con la Argentina, en la que debería prevalecer de ambos lados la profesionalidad por encima de cualquier cálculo político interno.

Ya se sabe -aquí y allá- lo que repercuten internamente los problemas limítrofes y a los que se echan mano en tácticas políticas o electorales de corto plazo que puede ser peligrosas.

Si el buque que partiría de Punta Arenas hacia Malvinas recorre el estrecho de Magallanes se encontrará en su desembocadura con aguas argentinas.

¿Cuál será la actitud de la Prefectura? ¿Lo detendrá para requisarlo y verificar si llevan alimentos frescos a las islas, como dicen, o materiales para el proyecto Sea Lion?

Hay fuentes que sugieren que el barco navegaría las heladas aguas del estrecho el 10 de noviembre, que sería el penúltimo día de la visita del Papa a la Argentina, si es que este viaje se concreta por la reciente intervención a León XIV.

Juan Pablo II evitó en 1978 una guerra entre Argentina y Chile por el canal de Beagle y las islas Picton, Nueva y Lennox. Se llegó a un acuerdo en una mediación del cardenal Samoré que se firmó en 1984. Raúl Alfonsín ganó un referéndum para ratificar ese acuerdo. El peronismo se opuso. Carlos Menem, en cambio, fue la excepción y apoyó el laudo con Chile. ¿Acaso alguien podría, en cualquiera de los dos países, entrar en esta provocación?

El Papa ha sido dado de alta y los preparativos del viaje no se han detenido aunque existen razonables dudas médicas de que un paciente que haya sufrido la ablación de un lóbulo de un pulmón se someta a los riesgos de un viaje prolongado, donde los cambios de presiones son una realidad.

Ilustración: Agustín Sciammarella.

No solo las atmosféricas, por supuesto. Más allá del carácter pastoral que la Iglesia le otorga a la presencia de León XIV en la Argentina, la política estará presente. En el Gobierno, hay prevenciones y cierto alivio si se posterga. Por el contrario, en la oposición más dura, una cancelación de la visita es una pésima noticia.

La cuestión del Estrecho de Magallanes, que agrandó un discurso del jefe de la Fuerza Aérea Argentina, se complicó por un decreto de Alberto Fernández que aún no fue corregido y que es una de las fuentes de esta controversia.

En ese documento se habla de control “conjunto” del estrecho y del mar, lo que desató una catarata de repudios en Chile, siempre con la guardia alta por el “expansionismo” argentino.

Kast hizo un reconocimiento de la soberanía argentina sobre las Malvinas, pero su ministro de Defensa reivindicó el derecho chileno de comerciar con la población isleña.

La dictadura de Pinochet hizo de Chile en la guerra de 1982 una plataforma clave para los británicos.

Será clave, entonces, cómo evoluciona la cuestión que Rubio le habría planteado al Presidente y que se negociará aquí durante la visita de su número dos, Christopher Landau, y el encargado del Hemisferio Occidental, Juan Segura, hijo de padre y madre argentinos.

Ya ha dicho Rubio: “Este es nuestro hemisferio”.

Se infiere que las cuestiones conflictivas entre la Argentina y Chile están en la agenda, así como el resultado de la elección brasileña.

Tanto Bolsonaro como Lula manejan encuestas que los ponen en mejor posición. Así como en el primer choque se votó en favor o en contra de Lula, en la que sacó una sorpresiva ventaja el opositor, ahora los estrategas del presidente brasileño buscan que sea un plebiscito contrario: Bolsonaro si o no. El hijo del ex presidente tiene una gran oportunidad pero la chapa todavía no está puesta.

Si hay alguien que sigue todos los detalles de esta elección es Cristina Kirchner, interesada también por las legislativas en Estados Unidos, cuya tendencia es desfavorable a Trump. Ese interés de la ex presidente, desde su prisión domiciliaria, es explicable por su cercanía a Lula y porque una derrota del trumpismo podría afectar a Milei.

Esto no es una novedad.

Lo que sí es una noticia es que hay dirigentes peronistas que coinciden en la importancia del equilibrio fiscal y en la vigencia del sistema RIGI, como garantía para los inversores. Un mensaje arrojado en una botella al mar peronista. ¿Llegará a algún destino?