Después de un terremoto, las primeras horas pueden ser decisivas para alguien atrapado debajo de un edificio. El problema es que los mismos escombros que mantienen encerrada a la víctima pueden hacer imposible que un rescatista, un perro o incluso un robot convencional llegue hasta ella.
Investigadores de la University of Queensland (UQ) y la University of New South Wales (UNSW) decidieron probar una alternativa singular: convertir cucarachas vivas en pequeños robots biohíbridos capaces no solo de localizar personas, sino de llevarles ayuda. El proyecto recibió el nombre de Paraborg.
Los científicos utilizaron ejemplares de Macropanesthia rhinoceros, la cucaracha excavadora gigante de Queensland. Es una especie particularmente grande y fuerte, algo que permite colocar sobre su cuerpo más equipamiento que en insectos pequeños.
Cada ejemplar recibió un arnés removible con componentes electrónicos. Algunos llevaban cámaras para transmitir imágenes; otros transportaban un diminuto sistema de autoinyección controlado remotamente.
Cucarachas cibernéticas con diminutas jeringas diseñadas para unirse a los equipos de búsqueda y rescate en grandes desastres. Foto: PR Image vía The Guardian
La idea final es que, ante un edificio colapsado o una cueva, distintos insectos puedan introducirse en espacios donde una persona no cabe. Unos localizarían a los sobrevivientes y otros podrían llevar equipamiento médico específico.
Una inyección a menos de 15 centímetros
Las pruebas fueron todavía de laboratorio y no utilizaron pacientes reales. Los investigadores dirigieron a las cucarachas mediante controles similares a los de un videojuego. Pequeños impulsos eléctricos enviados a los órganos sensoriales del insecto permiten orientar su movimiento sin tener que construir desde cero un robot capaz de caminar sobre superficies irregulares.
En los ensayos, el sistema de inyección por sí solo funcionó aproximadamente en el 90% de las pruebas. Cuando la cucaracha ya estaba ubicada a menos de 15 centímetros del objetivo, la tasa de éxito de la inyección alcanzó hasta el 95%.
El desafío aumentó cuando se evaluó toda la misión: navegar hasta el objetivo, colocarse correctamente, mantenerse estable y después inyectar. Esa secuencia completa tuvo éxito en alrededor del 72% de los ensayos.
Las decisiones médicas, aclaran los investigadores, permanecerían bajo control humano. La cucaracha funcionaría como una plataforma física para transportar una intervención supervisada hasta zonas de difícil acceso.
También existe una cuestión inevitable sobre los propios insectos. Los científicos de la University of Queensland afirman que las cucarachas son anestesiadas durante la colocación de electrodos y microchips y que, una vez retirados los arneses, pueden vivir tanto tiempo como otros ejemplares.
El siguiente paso será aumentar la precisión y probar el sistema en escenarios mucho más parecidos a derrumbes reales. El responsable del laboratorio de biorrobótica de UQ, Thang Vo-Doan, calcula que equipos de insectos cibernéticos podrían comenzar a tener aplicaciones en terreno dentro de cinco a diez años, si el desarrollo y las pruebas avanzan.
No reemplazarían a bomberos o rescatistas. La propuesta es mucho más específica: enviar algo vivo, pequeño y extraordinariamente hábil para trepar entre escombros allí donde un humano todavía no puede entrar y convertirlo, durante unos minutos, en los ojos, las manos y hasta la jeringa del equipo de emergencia.
Todavia no hay comentarios aprobados.