Las primeras horas en Buenos Aires del cuadro atribuido al artista y militar francés Adolphe d'Hastrel están marcadas por el trabajo de laboratorio y el cotejo documental. Tras la donación del psicoanalista argentino Horacio Amigorena desde París, las autoridades culturales pusieron en marcha los análisis técnicos para verificar la autenticidad, la datación de los pigmentos y el origen de la tela.
La obra de Adolphe d'Hastrel muestra a una joven junto a un retrato del Libertador y plantea preguntas sobre su historia. Foto: Noel Smart.
Hugo Pontoriero, director del Museo Nacional de Arte Decorativo, confirmó el inicio de las pericias. "Actualmente estamos iniciando la investigación sobre la materialidad del cuadro y también vamos a consultar los registros documentales e iconográficos existentes en archivos de la familia Beccar Varela y otras instituciones con obras equivalentes de d'Hastrel", dijo en la nota que María Laura Avignolo publicó ayer en Clarín.
Por ahora, la obra se exhibe en un atril en la antecámara principal del Palacio Errázuriz y tiene como destino definitivo el nuevo dormitorio de Josefina de Alvear, en proceso de restauración.
Estricta intimidad
En la pintura, una joven está sentada frente a un escritorio de época mientras un retrato del general José de San Martín observa desde la pared: es una escena de estricta intimidad. Amigorena conservó la pieza durante años en su buhardilla del barrio parisino de Le Marais, tras hallarla cerca de la Place du Châtelet, como relata la nota de Clarín.
El psicoanalista Horacio Amigorena junto a Eduardo Carbailido, curador de la Galería argentina, con el cuadro de Adolphe d'Hastrel. Foto: Noel Smart.
Para él, la obra documenta un rapport de boudoir, un vínculo íntimo de alcoba, y revela "una dimensión afectiva secreta de la vida de San Martín".
En su conjetura, el nexo entre el pintor y el general fue el periodista y escritor Florencio Varela, que mantenía trato político con San Martín y compartía con d'Hastrel un temprano interés por el surgimiento de la fotografía y el pasaje desde la litografía. Se trata de una hipótesis del donante, no de un dato documentado.
"¿Fue a través de este escritor y periodista que San Martín encargó a d'Hastrel un cuadro para engalanar la alcoba de sus últimos amores?", se pregunta Amigorena en la nota de Avignolo. Para el psicoanalista existía en el siglo XIX una escisión insoslayable entre "la identidad social del prócer y la identidad personal", marcada por un appel de liaison peligrosa. Este óleo sería, dice, "el primer testimonio tangible donde aparece esa dimensión de la vida secreta, entre comillas, de nuestro prócer".
Frente a la hipótesis de un romance clandestino, los historiadores consultados especialmente para esta nota piden cautela. Felipe Pigna descarta que existan constancias de una amante francesa: "La verdad es que es un misterio, no se conocen datos de amantes o amores de San Martín en Francia".
El historiador Felipe Pigna en su escritorio. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
Para Pigna, el retrato en la habitación responde a una devoción cívica e intelectual: "La hipótesis más cercana es que la joven pudo haber sido una admiradora del Libertador y por eso colgó su retrato, pero no hay mucho más".
El rastro amoroso de San Martín
Ese silencio documental contrasta, dicen, con el abundante rastro amoroso que San Martín dejó en América. El historiador y médico psicoanalista Pacho O'Donnell, que en diciembre publicará por Sudamericana su nuevo libro de relatos históricos, En tiempos de Rosas, repasó para esta nota las huellas de esa vida íntima y se detuvo en la estética de la obra recién llegada. "Es un retrato que tiene cierto aspecto aristocrático... un retrato típico de la clase alta", advirtió.
El historiador sostiene que ese porte refinado no se corresponde con la austeridad de los últimos años en Francia, sino con otro período de la biografía del general: "El momento de mayor clase alta de San Martín fue en Perú conviviendo con Rosa Campusano".
Durante el Protectorado, recuerda, "hizo una vida bastante aristocrática, viviendo en lo que fue la residencia del virrey de España en Lima y paseaban en el carruaje que había sido del virrey".
El historiador y médico psicoanalista Pacho O'Donnell. Foto Guillermo Rodriguez Adami
O'Donnell define a Campusano como hija natural de un aristócrata y muy amiga de Manuela Sáenz, y describe el lazo como una relación en la que San Martín "se enamora intensamente, apasionadamente de ella; conviven, viven juntos y se muestran juntos". Fue una unión pública, y Campusano recibió la Orden del Sol por su militancia activa en favor de la causa patriota.
Al contrastar esa suntuosidad con el cuadro de París, O'Donnell ratifica la falta de testimonios de parejas en el viejo continente: "Lo que no se le conocen son mujeres durante su exilio en Francia. No hay datos, a pesar de que muy posiblemente las haya habido".
Mucho antes, recuerda el historiador, había comenzado la vida afectiva de San Martín: en España, con Pepa "la Gaditana", la primera mujer que se le conoce tras sus largos años de servicio en Cádiz y antes de regresar, a los 34 años, al Río de la Plata. Luego vendría el matrimonio con Remedios de Escalada, una convivencia muy breve y, en su lectura, "un matrimonio muy mal avenido": "Se acusan recíprocamente de infidelidades y San Martín parecería confirmar una infidelidad de Remedios con un oficial de su ejército".
El psicoanalista Horacio Amigorena donó el cuadro de Adolphe d'Hastrel al Museo Nacional de Arte Decorativo. Foto: Noel Smart.
En Mendoza, relata O'Donnell, San Martín mantuvo una relación pública con la viuda mexicana María Josefa Morales, condesa de los Ríos, con quien se mostraba abiertamente al punto de que los pobladores los llamaban "el Pepe y la Pepa".
El historiador menciona también a Jesusa, criada de su esposa, a quien describe como bellísima, a quien llevó consigo en la campaña al Perú y "con la cual tiene un hijo".
Tras la etapa limeña con Campusano, O'Donnell evoca el breve paso de dos días del general por Guayaquil, donde conoció a Carmen Mirón, probablemente, interpreta, como una cortesía de Simón Bolívar. De ese vínculo nació Joaquín Miguel de San Martín, quien años después viajaría a Francia para visitarlo en su exilio, añade el historiador.
Faltan papeles
Beatriz Bragoni, investigadora principal del Conicer y académica de número de la Academia Nacional de la Historia, también consultada para esta nota, coincide en que las fuentes son contundentes sobre las mujeres que rodearon al Libertador en Sudamérica y en que faltan papeles sobre sus días en Francia: "La verdad es que no hay evidencia sobre relaciones amorosas de San Martín en Francia".
Beatriz Bragoni forma parte de la Academia Nacional de Historia. Foto: Mariana Villa / Los Andes
Para Bragoni, la clave para interpretar la vida del prócer en París está en su entorno social y en el mecenazgo que lo acompañó: "Frecuentaba cafés y teatros junto a su amigo y mecenas Alejandro Aguado, el marqués de las Marismas".
Aguado era una figura de enorme influencia económica y cultural en la sociedad francesa: "un tipo súper millonario", "amante de la ópera" y destacado "coleccionista" de arte hasta su muerte, en 1842.
Con el respaldo y la cercanía de este protector, San Martín transitaba los años previos a la agitación política: "Hay que recordar que es el París previo a 1848". Esa cotidianidad transcurría en un sector urbano particular: el Libertador "vivió además en un barrio salpicado de cabarets y salones de citas".
Ese entorno de esparcimiento nocturno, tertulias líricas y salones galantes es el marco en el que se inscribe la vida social del general en París. Queda abierta la pregunta sobre si el óleo tiene alguna relación con él, algo que los estudios sobre la tela y el cotejo de archivos deberán ayudar a establecer.
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