Para muchos de los chicos que llegan a la Escuela Secundaria N° 17 de Islas de Escobar, el río, los humedales, los árboles y los animales forman parte de la vida cotidiana. Están ahí todos los días. Pero justamente por eso, muchas veces pasan inadvertidos. Timoneles nació para cambiar esa mirada y busca que los estudiantes conozcan el ambiente que los rodea, aprendan a valorarlo y después puedan explicárselo a quienes llegan desde afuera.

La escuela está ubicada en la zona donde se encuentran el río Luján y el Arroyo Correntino, a unos 47 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Allí estudian chicos de entre 12 y 17 años, algunos provenientes del continente y otros que llegan diariamente en lancha desde el Delta. El proyecto convirtió a varios de ellos en guías de su propio territorio.

La directora de la escuela es María Oriz y la coordinadora de Timoneles es la docente Natacha Coppa, quien explica que la idea es abrir la escuela y su entorno a la comunidad. “Los chicos empezaron a conocer y una vez que conocieron, empezaron a valorar. Y cuando lo empezaron a valorar, lo empezaron a crear y comunicar a toda la sociedad”, cuenta.

Los alumnos que actualmente son guías van desde 1° a 5° año y el equipo integra a varios docentes como referentes.

El crecimiento fue rápido. Lo que empezó con apenas dos estudiantes como guías hoy reúne a alrededor de una docena. Incluso comenzaron a recibir escuelas de distintos lugares, hasta generar una lista de espera para realizar las visitas. Algunos chicos que viven en la ciudad llegan a la isla y conocen por primera vez el río de cerca.

El recorrido fue pensado y armado por los propios estudiantes junto a sus docentes. Tiene diferentes estaciones: un punto de bienvenida, un sendero para reconocer especies autóctonas e introducidas, un recorrido en lancha por el río Luján, un espacio dedicado a la fauna, una huerta y un mirador sobre el río. En cada lugar, los chicos son los encargados de explicar qué están viendo.

Uno de los momentos que más llama la atención es el recorrido por la fauna. Los estudiantes muestran huellas y rastros de carpinchos y explican las características del ambiente donde viven. También hablan del ciervo de los pantanos y de otras especies propias de los humedales.

Cada punto del recorrido tiene un código QR que permite a los visitantes acceder desde el celular a información preparada por los propios estudiantes.

Algunos estudiantes de primer año todavía tienen dificultades para hablar frente a un grupo, por lo que comienzan con intervenciones pequeñas, como nombrar un animal. “De a poquito ellos van a empezar a expresarse”, explica Coppa. La idea es que quienes hoy recién empiezan puedan convertirse mañana en los guías principales y darle continuidad al proyecto.

El trabajo también salió de la escuela. Formaron alianzas con la Escuela Técnica N° 3 de Escobar, que construyó un horno de barro utilizado en los talleres de amasado, y con la Fundación Temaikèn, que colabora con el mapeo del predio y la plantación de árboles nativos. Según Coppa, ese vínculo incluso puede abrir oportunidades laborales para los estudiantes que terminen la secundaria, ya que desde la fundación les plantearon la posibilidad de que algunos puedan trabajar como guías en el parque.

Los estudiantes trabajan con compostaje y utilizan la huerta como otro espacio para aprender sobre el cuidado del ambiente.

Dentro de las dos hectáreas hay espacios que tienen su historia propia. Uno de ellos es el Muelle Marcela, un mirador construido junto a una docente que falleció pocos días después de terminar la obra. Los estudiantes decidieron ponerle su nombre en homenaje. Allí, frente al río, incorporan otras especies de la flora local al recorrido.

El proyecto también llegó al Concejo Deliberante de Escobar, que lo declaró de interés ambiental, educativo y turístico. Y ese reconocimiento derivó en una visita del diputado provincial Leo Moreno a la escuela. Después de conocer el trabajo de los estudiantes, el legislador se comprometió a llevar a la Cámara de Diputados bonaerense una propuesta para que el predio sea reconocido como reserva natural educativa. Para la docente lo más emocionante es ver el avance que hacen sus estudiantes. "Lo que me motiva a continuar es eso", concluye.

El equipo en la presentación ante el Concejo Deliberante, uno de los primeros reconocimientos institucionales que recibió el proyecto fuera de la escuela.

El recorrido va sumando nuevos espacios, están desarrollando un nuevo camino en trabajo con Temaiken. La propuesta que nació dentro de una escuela pública de las islas ahora busca que ese territorio que los chicos aprendieron a mirar también sea reconocido y protegido.