En las inmediaciones de la estación Villa Astolfi, en el partido bonaerense de Pilar, resurge una práctica de intercambio de bienes y servicios conocida por los argentinos: el Club del Trueque. Promueve el intercambio de bienes y servicios en encuentros presenciales y a través de un grupo de WhatsApp, y la mayoría de los participantes busca intercambiar ropa por alimentos. Además, se permite la compra-venta a precios accesibles. La iniciativa empezó a replicarse en otros barrios cercanos.
Las primeras dos jornadas presenciales se realizaron en la Sociedad de Fomento barrial, que puso a disposición de las organizadoras tablones y caballetes para montar mesas, sillas, agua caliente para el mate y baño para los participantes. En la entrada del galpón, un pasacalles artesanal atraviesa de lado a lado la abertura de la puerta y, con letras negras escritas con aerosol, anuncia: “Hoy trueque”.
La organización del Club del Trueque se lleva a cabo a través de un grupo de WhatsApp donde los miembros van coordinando durante la semana los intercambios que concretarán en las jornadas presenciales, y la cantidad de participantes va en aumento.
“Hoy trueque”, anuncia el pasacalles colocado en la Sociedad de Fomento del barrio Villa Astolfi, donde se realizaron los dos primeros encuentros.
“En el primer encuentro que realizamos participaron 50 personas, y en el grupo de WhatsApp había 75 integrantes. Ya para el segundo hubo 80 puestos reservados, y en el grupo más de 180 integrantes”, cuenta Ana Barreto, organizadora del Club y referente del partido político Libres del Sur.
Según especifica, el 95% de las participantes son mujeres y lo que más se intercambia es ropa por mercadería. “Lo que más se pide en este espacio de trueque son alimentos. Ofrecen ropa y calzados nuevos y usados, y a cambio piden alimentos puntuales como harina, fideos, puré de tomate, aceite azúcar”, asegura y ejemplifica: “Una mujer puso en el grupo una foto de un pantalón de jean usado y pidió a cambio harina y un kilo de azúcar. Una mamá publicó una ropita de bebé y pide a cambio yogur bebible y galletitas, ejemplos como estos hay miles”, concluye.
Silvia Amarilla tiene 46 años y es madre de seis hijos. Viene al Club del Trueque desde su primera edición y usualmente trae ropa o calzados que ya no se usan en su casa para intercambiar por alimentos. Otras veces cocina pan casero o sándwiches de milanesa para vender. “Cuando traigo comida hecha prefiero la plata porque invertí dinero, sino por intercambio de ropa, la mercadería me sirve un montón: azúcar, fideos, harina, arroz y, si hay aceite, buenísimo ya que es una de las cosas más caras”, cuenta.
Silvia cría a tres menores de edad y tiene otros tres mayores que aunque tienen trabajo, los ingresos familiares no alcanzan para solventar las necesidades básicas de todos. Por eso, relata, tuvieron que pedir un préstamo para comer: “No alcanza. Trabajamos para pagar el préstamo y la comida. El boleto del colectivo aumentó, dos de mis hijos toman cuatro colectivos para ir y volver del trabajo y para comer también hay que tener una buena plata, es difícil”.
La organización del Club del Trueque surgió en asambleas vecinales organizadas por ese espacio político en el marco de la presentación de un informe realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi) que reveló el siguiente dato: “El 77% de las 1.300 familias encuestadas está en alguna situación de inseguridad alimentaria, esto quiere decir que se saltean una comida al día, o que tuvieron que reducir la porción de comida o, endeudarse para comprar alimentos”. Según el relevamiento, esta situación ocurre también en los hogares donde el sostén económico de los integrantes es mediante trabajo registrado.
El Club del Trueque reúne a vecinos de Pilar que llevan productos para intercambiar o vender y recorren las mesas en busca de aquello que necesitan.
Además de alimentos, ropa y calzado en las jornadas se intercambian otros bienes y servicios. Juguetes, herramientas, artículos de bazar están entre los productos que circulan, y se ofrecen servicios como el de peluquería, entre otros.
El Club combina distintas modalidades de intercambio. Las dos personas que van a efectuar el trueque fijan la modalidad. Puede ser simplemente un intercambio o, si una cosa tiene más valor que otra, se podrá agregar además una parte en dinero.
La otra modalidad es la feria, es decir, la venta a precios accesibles de artículos nuevos o usados. “Los ingresos de la gente son muy bajos entonces hay prendas por mil pesos, zapatillas por cinco mil”, cuenta Ana. La tercera posibilidad de intercambio es a través de un grupo de WhatsApp, donde los participantes publican qué tienen para ofrecer y qué buscan a cambio.
Los dos primeros encuentros del Club del Trueque se realizaron en la sociedad de fomento barrial, que durante los fines de semana sin actividades programadas, puso sus instalaciones a disposición. El tercer encuentro se desplazó a la plaza ubicada en las inmediaciones de la Estación Villa Astolfi. La organizadora cuenta que la falta de espacio propio es lo que más dificulta la periodicidad y la organización de las jornadas presenciales. La próxima edición del intercambio en Villa Astolfi aún no tiene fecha concreta porque no cuentan con un espacio físico para realizarlo.
Por este motivo, algunos fines de semana no pudieron realizar el encuentro. Sin embargo, la iniciativa comenzó a replicarse en otros barrios y localidades como Presidente Derqui y Río Luján, ya que algunas vecinas que habían participado del Club comenzaron a organizarse en nuevos grupos de WhatsApp y realizaron jornadas en sus propios barrios. “También se contactaron desde San Miguel y Malvinas Argentinas para consultar cómo es la dinámica porque están pensando en organizar un trueque”, cuenta.
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