La combinación conocida como “agrivoltaica” consiste en utilizar el mismo terreno para generar electricidad y producir alimentos. Pero el diseño de los paneles y las condiciones climáticas pueden determinar el éxito de esta innovadora fórmula, según ha comprobado un experimento realizado en Estados Unidos.

En regiones cálidas y secas, la sombra puede reducir el estrés provocado por el calor y la falta de agua en los cultivos. Pero en estados como Nueva York, en especial durante el otoño, el problema puede ser otro, ya que las plantas necesitan toda la luz posible para asegurar su crecimiento.

En este contexto, un experimento realizado en una planta solar por investigadores de la Universidad Cornell demostró que los paneles redujeron en un 24% la radiación solar disponible y dos vegetales produjeron aproximadamente la mitad de la biomasa que los ubicados fuera de la instalación.

El estudio se realizó en una sección de casi un acre ubicada en una instalación de energía solar donde los paneles estaban en filas separadas unos 5,8 metros y seguían el movimiento del sol mediante un sistema de seguimiento de un solo eje.

¿Cuál fue el efecto sobre los vegetales?

Para comprobar el efecto de los paneles, compararon las plantas cultivadas dentro del área “agrivoltaica” con otras situadas en una zona de control que recibía luz solar sin la interferencia de la instalación. Los dos cultivos, rábano y achicoria (radicchio), fueron elegidos por su capacidad para crecer durante el otoño y tolerar temperaturas relativamente bajas.

La plantación de rábanos fue perjudicada al recibir menos radiación solar. Foto: Archivo Clarín.

El resultado más llamativo lo obtuvieron al medir la cantidad de radiación disponible para las plantas. En la zona situada entre las filas de paneles, la radiación fue un 24% menor que en el área de control debido a la sombra proyectada por los paneles durante las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde.

Las plantas de rábano cultivadas dentro de la instalación solar produjeron un 46% menos de biomasa seca, en especial, en las raíces. Además, estos rábanos tenían una parte aérea con más recursos que la subterránea, al parecer, porque recibió más luz solar.

En cuanto a la achicoria, los investigadores creían que una planta de hoja podía reaccionar mejor a la reducción de luz o incluso beneficiarse de ella. Sin embargo, la biomasa seca fue un 49% inferior en la zona “agrivoltaica”.

Las plantas recibieron riego por goteo y no registraron diferencias entre ambas zonas. Esto llevó a los investigadores a identificar la disponibilidad de luz como una de las principales limitaciones ambientales.

De todas formas, los propios investigadores creen que el problema puede estar relacionado específicamente con cultivos de otoño en una región donde la luz ya es limitada.

El experimento también abarcó plantas de achicoria. Foto: Archivo.

Por ello, aconsejan iniciar el cultivo antes y prolongar la temporada de crecimiento para compensar la menor disponibilidad de luz al final del año. También plantean modificar el diseño de las instalaciones para permitir que una mayor cantidad de radiación solar alcance el terreno.