La entrevista se encuentra en el punto exacto entre el interrogatorio policial y la indiscreción absoluta. Hay preguntas que no se le hacen ni al peor de los enemigos que aparecen en una entrevista y hay preguntas que son totalmente conflictivas y que el entrevistado las responde porque está dentro de un tipo de violencia consensuada: sentarse, hablar y dar la cara por algún tema específico.

Libros de entrevistas: cuando las conversaciones construyen la biografía de un escritor. Fotos: archivo Clarín.

Queda muy claro que una entrevista no es un diálogo habitual ni un intercambio casual ni una conversación desinteresada, que cuando se prende el grabador de voz lo que ocurre ahí toma un cariz, se podría decir, casi teatral, performático y donde se intenta buscar, detrás de esa maleza que interrumpe la visión y el verdadero paisaje, algo simple pero complejo a la vez: la verdad, aquello a lo que solo se accede preguntando. Cualquier vinculación de esto con el arte de Freud es totalmente válida.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando un conjunto de entrevistas se reúne en un libro? Emerge esa profundidad, en la acumulación, en la superposición y en la visibilidad de la cronología, que la entrevista individual siempre busca y no logra conquistar la mayoría de las veces.

La biografía y la autobiografía

De este modo, los libros de entrevistas se vuelven formas, muchas veces involuntarias, que adquiere la biografía y la autobiografía. Esto sucede particularmente con los libros que reúnen entrevistas a escritores y escritoras: se ve un camino y sus múltiples desvíos.

Quien primero popularizó este género, allá lejos y hace tiempo, fue The Paris Review, ya que a finales de los 50 comenzó a sacar masivamente sus compilaciones de entrevistas a creadores que habían tenido mucha repercusión desde el nacimiento de la revista en 1953 (y sigue en actividad).

En nuestro país, esos libros comenzaron a circular a mediados de los 90 publicados por la editorial El Ateneo y hoy son piezas frecuentes que se encuentran en cualquier librería de viejos y saldos de la calle Corrientes.

Eran textos con buenas traducciones, con un prólogo extraordinario en cada volumen, llevaban por nombre Confesiones de escritores. Los reportajes de The Paris Review y se dividían por rubros: Narradores, Teatro, Poetas y Escritoras.

Desde ahí en adelante, los libros de entrevistas no dejaron de aparecer en nuestro país. En este último tiempo, más cercano a nuestros días, las mesas de novedades de las librerías mostraron la persistencia del género.

Bolaño por sí mismo, entrevistas a Roberto Bolaño seleccionadas por Andrés Braithwaite (Bastante). Foto: imagen generada con inteligencia artificial.

Notas para una autobiografía. Entrevistas 1975-2003 (Alfaguara) de Roberto Bolaño es un buen ejemplo de cómo, a veces, esta clase de libros se convierten en la mejor puerta de acceso a la vida y la obra de un autor.

Bolaño, es sabido, era hábil en su discurso público, en su construcción de figura de autor y consideraba a la entrevista como un campo de batalla o un ring de boxeo (recordar la tapa de Opiniones contundentes, el libro de entrevistas de Nabokov) donde existían aliados y enemigos a los que había que vencer.

Por otra parte, y quizás estos sean los mejores momentos, Bolaño habla mucho de su infancia en Chile, adolescencia en México y adultez (y final) en España. En el medio, por supuesto, su obra literaria, pero vista desde la voz de alguien que lo apostó todo, sobre todo la salud, para poder escribir lo que escribió y por eso habla con tanta determinación y dureza, pero sin perder nunca el sentido del humor.

Contestar una pregunta

No hay persona más opuesta a Bolaño a la hora de contestar una pregunta que la entrañable Hebe Uhart (aunque el humor es algo que los une). Eso queda expuesto, con muchísima claridad, en El arte del detalle, conversaciones con Hebe Uhart.

El arte del detalle, de Osvaldo Aguirre (Mansalva). Foto: imagen generada con inteligencia artificial.

Un texto al que hay que poner junto con Está todo ahí, conversaciones 2006-2026 de Fabián Casas, ya que los reúne el momento de aparición y, además, porque son voces valoradas más allá de sus obras literarias. Ambos publicados por la editorial Mansalva, son libros en los que el escritor, poeta, editor y periodista Osvaldo Aguirre tuvo mucho que ver.

Aguirre viene trabajando en libros de entrevistas desde hace tiempo. Cuenta cómo empezó esta fascinación: “Cuando trabajaba en el Festival de Poesía de Rosario del 2008, se me ocurrió que se podía publicar un libro. La edición de ese año iba a estar dedicada a Juan L. Ortiz y mirando la obra completa me llamó la atención, en la bibliografía, las entrevistas que se citaban y sus autores: Francisco Urondo, Ricardo Zelarayán, Juana Bignozzi. Se me ocurrió recopilar esas entrevistas y se publicó en Mansalva con el título de Una poesía del futuro. Después compilé entrevistas con Walsh, Juana Bignozzi, Hebe Uhart y mis propias entrevistas con poetas en dos libros, La poesía en estado de pregunta y Hablados por la poesía".

Para Aguirre hacer un libro de entrevistas es un trabajo de creación y de investigación. Explica: “Se trata de crear un objeto nuevo y tiene la particularidad de que está referido a un autor o autora de referencia. De alguna forma ese libro va a incidir o agregar un elemento nuevo en la percepción de ese autor o autora, y por eso el editor debe ser muy cuidadoso. En algunos casos hay bibliografías que facilitan la búsqueda; en otros, hay que arremangarse más e internarse en una hemeroteca".

Es así como aparecen descubrimientos: Juan L. Ortiz entrevistado por la revista Familia Cristiana, Rodolfo Walsh entrevistado en una revista cubana en la que da vuelta los valores convencionales y plantea que el periodismo es superior como arte a la literatura.

Aguirre tiene muy claro el valor de estos libros: “Funcionan en dos direcciones. Permiten redescubrir autores desde ángulos diferentes; en la sucesión de las entrevistas decantan preocupaciones, ideas, obsesiones que no se notan o no son tan claras en los textos aislados. Por otro lado, permiten observar los criterios y los valores del periodismo cultural y los mecanismos del reconocimiento, ya que no se hacen entrevistas a cualquier escritor o escritora sino que de alguna manera hay que merecerlo. Una de las dificultades para armar estos libros consiste en evitar las repeticiones, ya que los periodistas suelen reiterar algunas preguntas (¿cómo comenzó a escribir?, por ejemplo) y los escritores suelen ponerse el cassette".

Hay libros que ya son parte de la bibliografía de importancia vital cuando se quiere bucear en profundidad dentro del universo de un autor. Por ejemplo, Un silencio menos, las entrevistas con Mario Levrero que compiló Elvio Gandolfo; No develarás el misterio, las entrevistas con Marosa Di Giorgio que armó Edgardo Russo; Lemebel oral, 20 años de entrevistas compilado por Gonzalo León; Conversaciones con Washington Cucurto de Facundo R. Soto; Un periodismo literario, conversaciones con Rodolfo Walsh compilado por Osvaldo Aguirre, entre otras piezas necesarias que solo el tiempo, y un editor atento, puede darle forma.