Hay familias en las que ciertas molestias forman parte de la conversación diaria. Uno tiene migrañas, otro vive con la panza hinchada, alguien duerme mal, una hija tuvo problemas respiratorios cuando era chica y otro sabe que algunos alimentos le caen mal. Para Jorge Dotto, médico patólogo y genetista, hay casos en los que es posible preguntarse si puede haber algo en común detrás de síntomas que parecen no tener relación. En su nuevo libro, El fin de las intolerancias: Histamina: la molécula que cambiará tu vida (Grijalbo), pone el foco en una sustancia que produce el organismo y también está presente en alimentos y bebidas.

“Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción”, afirma Dotto, y explica que cada persona hereda de sus padres la información que determina cómo funciona su organismo y cómo procesa determinadas sustancias. Por eso, una misma tendencia puede aparecer en distintos integrantes de una familia, aunque no se manifieste de la misma manera.

“La variabilidad individual, aun con la misma genética de base, es enorme”, señala el médico patólogo. Como ejemplo, menciona el caso de dos hermanas gemelas que presentaban síntomas diferentes a pesar de compartir casi el mismo ADN. Según Dotto, las diferencias pueden relacionarse con los alimentos que consume cada una, las cantidades y otros factores del entorno.

Qué es la histamina

La histamina aparece asociada a las alergias: cuando el sistema inmune identifica una sustancia como una amenaza, puede producir una respuesta inflamatoria y liberar histamina. De allí aparecen síntomas como picazón, sarpullido, secreción nasal o estornudos.

Para graficar la reacción del sistema inmune ante las alergias habituales, el genetista recurre a la imagen del polen: “Si yo paso por un árbol y hay polen, la primera vez el cuerpo dice: ‘Cuidado, esto es peligroso’, y toma lo que llamamos memoria inmunológica. Interpreta esa molécula, una proteína, y la registra como una amenaza. La segunda vez, o la vez un millón que me cruzo con ese polen, el cuerpo reacciona con una explosión inflamatoria, porque interpreta que algo de eso me está haciendo mal”.

Jorge Dotto se especializó en anatomía patológica en Yale University School of Medicine, donde fue jefe de Residentes. Foto: Maxi Failla.

Pero la histamina tiene otras funciones en el organismo. Dotto (@dottojorge) describe que esta participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y saciedad y en funciones cognitivas. También interviene en la producción de ácido en el estómago, en la contracción intestinal y en la regulación cardíaca.

“Es una sustancia química muy jerárquica en el funcionamiento corporal, pero desconocida”, plantea el autor de ¿Qué comemos? (Paidós), Nutrición y Genética (Paidós) y Genética. Cómo puede cambiar nuestras vidas (Paidós).

Por eso, una alteración en el manejo de la histamina puede expresarse de formas muy distintas. Dotto menciona alteraciones del sueño, picos de ansiedad, cambios parciales en la memoria, síntomas digestivos, migrañas, entre otras.

Según explica, la clave es entender que la histamina no llega al organismo desde una sola fuente. Si bien el cuerpo la produce, también puede incorporarse a través de lo que comemos y tomamos. El problema, según su explicación, aparece cuando la cantidad de histamina que se acumula supera la capacidad del organismo para eliminarla.

En El fin de las intolerancias, el médico especialista en genética y divulgador científico pone el foco en la histamina.

El vaso que se llena

Quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta o pescado tienen niveles elevados de esta molécula, o estimulan más su liberación interna. Dotto grafica: “Yo siempre digo: ‘acumulo, acumulo, acumulo como un vaso y exploto’, porque no puedo sacar el tapón”.

Es que, a lo largo del día, las comidas y bebidas, el estrés, el ejercicio intenso o las variaciones hormonales pueden llenar ese vaso (mientras el líquido no rebalsa, no hay molestias; pero cuando se llena, aparecen reacciones).

Dotto explica que cada persona tiene un umbral diferente: la cantidad de histamina que llega al organismo depende de los alimentos y bebidas que cada persona consume, de la que produce el propio cuerpo y de la capacidad para eliminarla.

Por eso, un mismo alimento no tiene por qué provocar la misma reacción en todas las personas. “No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas”, dice Dotto y, para ilustrarlo, menciona el caso del tomate: una persona puede tolerar el tomate cherry y presentar síntomas con el tomate común, incluso pelado y sin semillas

La idea de la dosis atraviesa todo su abordaje. No se trata de que un alimento sea “bueno” para todos o “malo” para todos, sino que depende de cada organismo y de la cantidad. “Hay alimentos saludables que no a todos nos caen bien”, sostiene.

Además, en las mujeres incorpora otra variable: las hormonas. El médico genetista explica que la relación entre estrógenos e histamina puede hacer que algunos síntomas cambien a partir de la pubertad y que ciertas mujeres noten molestias en determinados momentos del ciclo menstrual. “Cuando una mujer dice ‘tengo esta sintomatología una o dos veces por mes’, tenemos que preguntarle por el ciclo menstrual”, sostiene.

Egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), completó el Internado Anual Rotatorio allí y también en centros como Harvard University, Mayo Clinic Rochester (EE.UU.) y la Universidad de Florencia (Italia). Foto: Maxi Failla.

¿Por qué se habla más de intolerancias?

La intolerancia a la histamina aparece en un panorama más amplio de intolerancias alimentarias que ponen de relieve la relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos. Para Dotto, hay varias razones que explican esto. Por un lado, menciona la formación profesional: “Cuando nosotros vamos a la facultad de medicina, no aprendemos nada de nutrición, y deberíamos”, asegura. Otro factor que, según él, explica que hablemos más de intolerancias es que hoy existen marcadores genéticos que permiten estudiar mecanismos que años atrás no se conocían, o no podían analizarse.

Por otro lado, el médico -quien se dedicó durante mucho tiempo a analizar etiquetas y explicar en forma clara los ingredientes de los alimentos en su cuenta de Instagram- observa una mayor atención de las personas sobre los efectos que pueden producir los alimentos, sumada a la calidad de la alimentación: ultraprocesados, edulcorantes y resaltadores del sabor pueden contribuir a la aparición de síntomas (aunque hace una aclaración: hay alimentos naturales que también pueden generar molestias en determinadas personas).

El médico trabaja en poner a la histamina “en el radar” para evitar que quede escondida detrás de síntomas que se suelen estudiar por separado. Foto: Freepik.

En ese contexto, el médico trabaja en poner a la histamina “en el radar” para evitar que quede escondida detrás de síntomas que se suelen estudiar por separado. “Si una persona tiene sintomatología gastrointestinal, entonces se entiende que tiene un problema gastrointestinal; tiene sintomatología alérgica, entonces tiene un problema alérgico; tiene palpitaciones, mareos o baja presión arterial, entonces tiene un problema cardíaco. En algún punto, uno piensa que esa persona tiene múltiples condiciones en diferentes síntomas y, en el fondo, puede haber una sustancia que el cuerpo no maneja de manera eficiente y activa receptores en diferentes lugares del cuerpo”, plantea.

La presencia de estos síntomas no alcanza por sí sola para identificar una intolerancia a la histamina. Por eso, explica Dotto, el punto de partida es clínico: evaluar cada caso, observar el conjunto de síntomas y considerar si puede haber un mecanismo común. Para estudiar esa posibilidad, existen análisis genéticos y otras pruebas vinculadas con el metabolismo de la histamina. “Si uno sospecha el diagnóstico a nivel clínico, ya ganamos un terreno gigante”, cierra el médico.