Las palas de turbinas eólicas son un residuo difícil de reciclar. Durante años, eran arrojadas en vertederos y sepultadas bajo la tierra. En Wyoming, por ejemplo, más de 1.100 conviven con otros residuos en una instalación municipal. Pero durante los últimos años han surgido alternativas para darles una nueva vida luego de girar millones de veces en lo alto de los aerogeneradores.
A diferencia de otras partes de las turbinas, las palas son difíciles de reciclar porque están construidas con materiales compuestos, como fibra de vidrio, resinas y, en algunos casos, fibra de carbono y madera de balsa. Esto proporciona la resistencia necesaria para soportar millones de rotaciones y condiciones meteorológicas extremas.
Un estudio publicado por la organización Science Direct afirma que los residuos de palas de aerogeneradores constituyen un desafío creciente y que las opciones incluyen procesos mecánicos, térmicos y químicos. El Global Wind Energy Council estima que estos residuos podrían pasar de unas 10.000 toneladas anuales en 2025 alrededor de 110.000 en 2030.
Por ello, este símbolo de la energía renovable se ha convertido en un desafío para los fabricantes, las empresas de energía y los ambientalistas. Pero, a veces, las soluciones son más simples de lo que parece.
¿Cómo es el puente de Atlanta?
Durante años, una enorme pala giró a decenas de metros del suelo en un parque eólico de Colorado. Al terminar su vida útil, podría haberse convertido en otro habitante más de un vertedero. En cambio, recorrió unos 1.600 kilómetros hasta Atlanta, Georgia, para convertirse en parte de un puente peatonal.
La sección de la pala, de 15 metros de largo, fue llevada en camión desde Colorado hasta Georgia. Foto: Georgia Tech.
Según informa el Georgia Institute of Technology, la estructura fue instalada en Beaverbrook Park, en el noroeste de la ciudad, donde un arroyo dificultaba el acceso a una zona boscosa. Investigadores de la Georgia Tech combinaron ingeniería y reutilización para resolver una necesidad concreta de la comunidad.
Para ello consiguieron la pala, de 15 metros de longitud y unas tres toneladas, que había funcionado en un parque eólico de Colorado. La llevaron hasta Atlanta y la colocaron debajo de una estructura que, desde arriba, parece un puente peatonal convencional.
Georgia Tech describe el proyecto como reutilización adaptativa, más que como reciclaje convencional. En lugar de desmontar el material y convertirlo en otra materia prima, como ocurre en algunas plantas de Iowa donde trituran las palas, decidieron conservarlo prácticamente como estaba y aprovechar sus propiedades estructurales.
El uso nació de una necesidad muy concreta. Jud Ready, investigador principal del Georgia Tech, conocía Beaverbrook Park y había participado en su desarrollo. El espacio ya contaba con senderos, áreas infantiles, un gazebo y campos deportivos, pero faltaba una conexión que permitiera recorrer a pie la zona boscosa situada al otro lado del arroyo.
Ready descubrió que su colega Russell Gentry, profesor de la Escuela de Arquitectura de Georgia Tech, llevaba años investigando junto con la red internacional Re-Wind cómo reutilizar las palas. Re-Wind tenía experiencia en el tema porque ya había construido dos puentes a base de palas en Irlanda.
El puente de Beaverbrook Park representó un nuevo desafío porque las palas utilizadas en Estados Unidos son mayores que muchas de las empleadas en los primeros proyectos europeos. Entonces, los investigadores del Georgia Tech pusieron manos a la obra.
Ingenieros y estudiantes de la Georgia Tech trabajaron para adaptar la pala de turbina eólica a la estructura del puente. Foto: Georgia Tech.
Junto con estudiantes y antiguos alumnos, analizaron la geometría y trabajaron en los cálculos necesarios para garantizar que la estructura pudiera cumplir las exigencias de seguridad y las normas de la ciudad. Tuvieron que diseñar prácticamente todo el sistema estructural desde cero porque los códigos existentes ofrecen poca información sobre el uso de materiales compuestos procedentes de estas palas. Finalmente, en junio de 2025, inauguraron el pequeño pero práctico puente.
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