Santiago Mazarrasa, el filósofo santanderino de 38 años, encontró en su pluma una vocación paralela que lo ayuda a sanar preguntas que lo acompañaron toda su vida.

El escritor español lanzó su tercera novela, "Casilla Vacía" (2026) y brindó una entrevista al diario español El País, donde reflexionó sobre su propia búsqueda de respuestas y rememoró algunas dudas existenciales con las que convivía desde la niñez.

Además de ser el autor de "El aspirante" (2021), "Caníbal sin dientes" (2023), es licenciado en Filosofía y Máster en la especialidad de Pensamiento Contemporáneo.

"Sentía una especie de náusea espiritual que me hacía consciente de que me iba a morir en cualquier momento. Cuando la tenía de pequeño me sentía muy mal, muy incómodo, pero era algo que me ocurría muy de vez en cuando, de forma muy espaciada", reveló durante la charla sobre su infancia en Santander.

Cerca de los 30 se mudó a Alemania y se asentó en Berlín, donde trabajó como cocinero de hamburguesas. "Me empezó a ocurrir muy a menudo, cada vez era peor, hasta que se convirtieron en ataques de pánico que me hacían sentir una pérdida de contacto con la realidad", confesó.

"No me pasaba nada grave ni peligroso, pero recuerdo mirarme y no verme las manos, no sentir el suelo bajo los pies. Llegué a un punto en el que me resultó completamente insoportable", explicó.

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¿Qué es la filosofía?

Decidió regresar a su ciudad natal en el norte de España y allí, en ese mismo lugar, a orillas del Cantábrico, que es justamente el lugar geográfico donde comienza su última novela, "Casilla vacía".

La historia comienza el día que un grupo de amigos se junta para ir pescar. Todos regresan a casa, menos uno. A partir de ese momento el protagonista, que se iba a Londres para trabajar en una empresa familiar, se debate en una tormenta existencial.

"No es una novela de trama. Está escrita desde una fisura", reconoció el propio Mazarrasa. Fanático del filósofo francés Gilles Deleuze, destacó una cita del pensador sobre la lógica de las palabras: "Para mí es fundamental porque me interesa el lugar tan extraño que ocupa el lenguaje entre la realidad y su dimensión inmaterial; las fallas que tiene el lenguaje son las fallas que se trasladan después de nuestra vida".

Buscar respuestas o preguntas mejor formuladas

Puso su propia experiencia en aquellas páginas y su flamante obra aborda problemas generacionales clásicos de un millennial, los procesos de vaciamiento de expectativas y de deseos, la necesidad de emigrar o de volver al lugar de origen, y los contrastes con lo vivido por padres o abuelos.

"Nuestros padres vivieron en un mundo donde las promesas se cumplían y las aspiraciones de progreso estaban relacionadas con las posibilidades que tenían, pero nuestra generación no tiene este tipo de aspiraciones y las herramientas para construir otras se han acabado", opinó el filósofo.

"Nuestra generación vive en una sensación de fracaso enorme y no somos conscientes de hasta qué punto es así", remarcó. La búsqueda de propósito fue una de las razones por las que empezó a estudiar filosofía.

"Quería entender qué hacía yo en el mundo, preguntas clásicas para las que no he encontrado respuestas definitivas, pero sí he encontrado maneras de formularlas muy interesantes, mejores y que me confirmaron que soy muy de tirar para adelante en la vida", manifestó.

Su nueva obra también aborda el mundo laboral, sus ramificaciones, las promesas que contiene, las obligaciones y sus efectos. "En la novela no se plantea el trabajo exactamente como un lugar de alienación sino como un espacio aspiracional, donde uno cree que puede arreglar las cosas", comentó y aseguró que ahora tiene un trabajo de oficina que, para su grata sorpresa, lo hace feliz.