Hace 55 años se produjo una de las más grandes tragedias de la vida cultural argentina: el 10 de octubre de 1971 nueve bailarines del Teatro Colón, entre ellos las populares figuras de Norma Fontenla y José Neglia que encabezaban el elenco, murieron en un estúpido y fatal accidente de aviación en las costas del Río de la Plata.

Sus nombres eran, además de Fontenla y Neglia, Antonio Zambrana, Carlos Schiafino, Margarita Fernández, Carlos Santamarina, Rubén Stanga, Sara Bochousky y Marta Raspanti, todos ellos integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón, viajaban desde Buenos Aires a Chubut, para presentarse en el Teatro Español de Trelew. Iban a ofrecer un espectáculo a beneficio.

La década anterior había representado un período brillante para la danza en el Colón: no sólo por las grandes visitas extranjeras –la compañía de Maurice Béjart, Rudolf Nureyev como bailarín invitado del Ballet, la gran coreógrafa moderna alemana Dore Hoyer–, sino también porque por primera vez el Ballet del Colón contaba con una producción propia y completa del archiclásico Lago de los cisnes.

Habían partido del Aeroparque y se dirigían a Trelew como parte de una serie de giras que auspiciaba la empresa de bebidas gaseosas Pepsi. Se supone, con bastante certeza, que la avioneta llevaba demasiado peso en escenografía y decorados y que, ante el riesgo de una caída por la falla de un motor, los bailarines se precipitaron a la parte trasera del aparato provocando un funesto desequilibrio.

Apenas había despegado algunos minutos antes, la avioneta cayó en el Río de la Plata. Afirmar que la muerte de estos bailarines resultó una pérdida irreparable para el Teatro Colón es un modo de decirlo que apenas roza las verdaderas dimensiones de esa pérdida.