El salón de la Biblioteca Ricardo Güiraldes estaba lleno cuando llegaron los escritores Guillermo Martínez, Luisa Valenzuela y Jorge Fernández Díaz, quienes, entrevistados por la periodista cultural Cristina Mucci, profundizaron sobre la novela policial como espejo de la Argentina.

Guillermo Martínez, Luisa Valenzuela y Jorge Fernández Díaz analizaron las diferencias entre el policia local y los modelos europeos y anglosajones en Semana Negra. Foto: gentileza.

Entre detectives con acento criollo, crímenes políticos y dilemas filosóficos, los autores desglosaron las tensiones de escribir policiales en un país donde la realidad suele superar a la ficción. En el marco de la Semana Negra en Buenos Aires, la literatura policial volvió a confirmar su capacidad para operar no solo como entretenimiento, sino como una radiografía sociológica y política de la Argentina.

Tanto Valenzuela, como Fernández Díaz y Martínez coincidieron en que, a diferencia de los policiales europeos en los que el rol de la policía es central, en nuestro país sería una ironía escribir una novela negra basada en las investigaciones de una de las instituciones más desacreditadas en la actualidad.

Mientras la novela policial anglosajona descansa sobre la premisa de una policía confiable, la narrativa argentina choca de frente con la memoria colectiva: “El sistema policial en la Argentina ha estado históricamente cruzado por la sospecha o por la ineficiencia. Por eso, si colocás a un policía como héroe tradicional, corrés el riesgo de terminar 'blanqueando' a la institución", señaló Guillermo Martínez.

El personaje de Luisa Valenzuela, el comisario retirado Santiago Masachesi, podría ser la excepción a la regla. “Masachesi me dictó al oído cómo había sido asesinado el fiscal Nisman y así nació la novela Fiscal muere”, contó Valenzuela.

Un policía muy correcto

La escritora detalló además el vínculo entre la muerte de Nisman y la desaparición, cuatro años más tarde, del policía de la Ciudad Arshak Karhanyan, de quien nunca más se supo nada. “Era un policía muy correcto, que estaba en cibercrimen en la época de la muerte de Nisman”.

En ese sentido, Martínez agregó: “Me parece que el sistema policial de Argentina está absolutamente corrompido y la policía se está dedicando a ir a pegarles a los manifestantes. Pero me pasó que en La muerte lenta de Úrsula B. no podía dejar afuera a toda la policía. Entonces, la mencioné, pero relacionada con lo que fue –ustedes recordarán– el escándalo de los presos que salían a robar para la policía”.

Jorge Fernández Díaz recordó que el policial fue por mucho tiempo considerado un género menor y que fue Borges quien le dio la importancia que tenía, la de retratar a la sociedad. “Creo que la ley del policial sublima eso que tenemos en los genes, y que por eso nos gusta tanto y ha sobrevivido durante tantos años y ha pasado al cine y a las series. Hay un momento fundamental cuando se convierte en novela negra y lo más interesante del cazador no es ya cómo agarra la presa o qué hizo la presa, sino cómo es la jungla. Me parece que es por eso que el policial se convirtió en una gran novela sociológica de nuestros tiempos”, dijo Fernández Díaz, autor de La trilogía de Remil.

“Borges en el 33 ya decía que era imposible crear como personaje de ficción a un detective argentino dentro de la policía, porque la policía era la mafia y finalmente terminó siendo así. Después de haber sido cronista policial durante 10 años, de haber estado en la morgue, en las calles, en los crímenes, siempre me planteé cómo hacer un personaje policial en la Argentina. Primero empecé con un periodista de investigación de policiales, una especie de lo que yo hacía en la década de los 80. La diferencia entre un periodista y alguien que no lo es, es que ese periodista vive el lado B de la realidad”, compartió Jorge Fernández Díaz, quien además contó que ya desde niño soñaba con ser detective.

Guillermo Martínez, Luisa Valenzuela y Jorge Fernández Díaz analizaron las diferencias entre el policia local y los modelos europeos y anglosajones en Semana Negra. Foto: gentileza.

El libre albedrío y la culpa

Otro de los grandes temas de la conversación fue el del libre albedrío, la culpa y el peso de las decisiones humanas. Guillermo Martínez detalló cómo había escrito su novela Un crimen dialéctico: “Un exmilitante revolucionario, que recibió entrenamiento militar en Alemania Oriental, está estudiando en una universidad extranjera cuando sus antiguos camaradas lo convocan a un país que se parece a la Argentina, pero que no lo es (podría ser cualquier país de Latinoamérica en la transición de una dictadura violenta hacia la democracia) y hay un candidato del partido militar y un candidato socialdemócrata”.

El candidato socialdemócrata, que posee chances de ganar la elección –contó Martínez–, tiene un secreto de su juventud que es inconfesable y que si se descubre puede arruinar toda la elección; el problema es que solo una persona lo sabe. “El candidato que ha compartido celda durante la dictadura con los miembros de este partido revolucionario le pide ayuda al partido para que lo saque del medio. Y aparece esa dicotomía tremenda; es una novela existencialista”, explicó el escritor.

Guillermo Martínez, Luisa Valenzuela y Jorge Fernández Díaz analizaron las diferencias entre el policia local y los modelos europeos y anglosajones en Semana Negra. Foto: gentileza.

La charla finalizó con la convicción de que la trama policial se convierte en la excusa perfecta para diseccionar la política, la justicia y las zonas oscuras de la sociedad.