Tener plantas en un balcón puede cambiar por completo el aspecto de un espacio, pero no todas soportan las mismas condiciones. El sol intenso, el viento y el calor pueden convertirse en un desafío para algunas especies.

Por eso, antes de elegir qué plantar, conviene mirar cuántas horas de sol recibe el lugar y qué tan rápido se seca la tierra de las macetas.

También hay que considerar el riego. En un balcón, las plantas dependen de la cantidad de agua que reciben y una maceta pequeña puede perder humedad con rapidez.

Entre las especies que reúnen varias de estas características hay una que destaca por sus flores, su aroma y su resistencia. Puede crecer en recipientes y no necesita que la tierra permanezca húmeda.

Una planta mediterránea que se adapta a las macetas

La lavanda crece bien a pleno sol, tolera la sequía una vez establecida y se adapta a recipientes. Una guía de cultivo de esta especie de la Royal Horticultural Society recomienda usar un sustrato que drene bien, ya que el exceso de agua puede dañar sus raíces.

La lavanda, para un balcón con sol.

Otras de sus características:

  • Puede vivir en una maceta: para un ejemplar adulto recomiendan un recipiente grande, de unos 30 a 40 centímetros de diámetro.

  • Aporta flores durante meses: según la variedad, puede florecer desde fines de primavera hasta el verano. Sus flores suelen aparecer en espigas y pueden tener tonos violetas, azules, rosados o blancos.

  • También suma aroma: tanto las flores como el follaje son aromáticos. Esa característica hace que sea una planta atractiva para un balcón donde, además de verde, se busca incorporar perfume.

  • Atrae polinizadores: sus flores resultan atractivas para abejas y otros insectos polinizadores. Así, una maceta de lavanda puede aportar algo más que un elemento decorativo.

  • Necesita buen drenaje: uno de los puntos más importantes es evitar que las raíces permanezcan en agua. La maceta debe tener agujeros en la base y el sustrato debe permitir que el agua salga con facilidad.

  • No requiere demasiado fertilizante: la lavanda prefiere suelos con pocos nutrientes y no suele requerir fertilización frecuente. Un exceso de alimento tampoco es conveniente.

  • Se puede podar para mantener su forma: una poda anual ayuda a conservar una planta compacta. También es posible reproducirla por esquejes.

Se puede multiplicar sencillamente. Foto: iStock.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre cultivar lavanda en tierra y hacerlo en un balcón. Una planta en maceta tiene una cantidad limitada de sustrato y puede secarse con mayor rapidez.

Por eso, aunque la lavanda sea resistente a la falta de agua, no significa que pueda pasar semanas sin recibirla cuando está en un recipiente. En verano, conviene revisar la humedad antes de regar y hacerlo cuando el sustrato lo necesite.

Para un balcón soleado, la combinación puede resultar atractiva: una maceta con buen drenaje, varias horas de luz, riegos según el estado de la tierra y una poda al año.

El resultado es una planta que ocupa poco espacio, ofrece flores y aroma y puede soportar mejor que otras especies las condiciones de un balcón expuesto al sol.