Ubicado en una pequeña parcela de campo en Canelones, Uruguay el proyecto surge a partir de un encargo marcado por dos condicionantes precisos: un presupuesto reducido y un programa doméstico definido de antemano.

Concebida como un refugio para una mujer próxima a su jubilación que buscaba alejarse del ritmo urbano, la propuesta transforma esas restricciones en el principal motor de las decisiones proyectuales.

Axonométrica.

Lejos de recurrir a operaciones complejas, la vivienda concentra su estrategia en la optimización de recursos. La búsqueda de una construcción rápida, económica y sencilla de mantener condujo a la adopción de una forma elemental: una cubierta a dos aguas que remite a las construcciones productivas características del ámbito rural.

Planta.

A pocos metros del nuevo volumen se encuentra un antiguo galpón cuya presencia funciona como referencia directa y permite inscribir la obra dentro de una continuidad tipológica con el paisaje construido del lugar.

Corte.

La simplificación volumétrica no responde únicamente a una cuestión económica. La elección de una geometría compacta permite reducir complejidades constructivas y concentrar los esfuerzos en la calidad espacial y material de una arquitectura que prescinde de recursos superfluos.

Construcción industrializada y materialidad austera

La estrategia constructiva refuerza esta lógica. Toda la estructura fue fabricada previamente y luego montada en el sitio mediante un proceso ágil que redujo los tiempos de ejecución. La industrialización de los componentes permitió optimizar recursos y garantizar una construcción eficiente, acorde con los requerimientos económicos del encargo.

El proyecto retoma la forma del antiguo galpón que se ubica cerca.

La envolvente exterior se resolvió mediante placas cementicias dispuestas con pequeñas separaciones entre sí. Estas ranuras generan un sutil juego de sombras que atenúa la uniformidad del volumen y aporta variaciones perceptivas a una fachada deliberadamente austera.

El contraste de lo nuevo con lo existente.

La operación, mínima en términos formales, demuestra cómo pequeñas decisiones de diseño pueden enriquecer la expresión arquitectónica sin alterar la economía general de la obra.

El proyecto preve un interior cálido de madera.

En el interior, la selección de placas de madera protegidas con una terminación básica responde a los mismos criterios de racionalidad. Además de agilizar la ejecución, el sistema reduce las necesidades de mantenimiento y aporta una atmósfera cálida que contrasta con la contundencia exterior del volumen.

Extender el habitar hacia el exterior

Una modificación incorporada durante el desarrollo del proyecto fue la creación de un alero destinado a ampliar las posibilidades de uso del exterior. Resuelto mediante una estructura liviana de perfiles metálicos y chapa, el agregado extiende la actividad doméstica hacia el entorno inmediato y ofrece protección durante los días de lluvia sin competir con la claridad formal del volumen principal.

El alero protege el ingreso a la casa.

Con apenas 48 m2, la vivienda concentra sus recursos en aquellos elementos capaces de mejorar la experiencia cotidiana y reforzar el vínculo con el entorno rural. La intervención demuestra que la calidad arquitectónica no depende necesariamente de la complejidad formal ni de grandes presupuestos, sino de la capacidad de organizar decisiones coherentes entre programa, construcción y contexto.

La sobriedad es uno de los conceptos generales de la obra.

Más que una búsqueda expresiva, Refugio Santa Lucía plantea una reflexión sobre la capacidad de la arquitectura para operar con precisión dentro de un marco de recursos limitados.

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Ficha técnica

Proyecto. Refugio Santa Lucia Tipologia. Residencial Ubicación. Santa Lucía, Canelones, Uruguay Equipo de diseño. Pablo Castro y Matias Marchesoni Fotografía. José Ignacio Gastañaga Crédito de los planos. 1987 Arquitectos