Conrado Estol volvió sobre una pregunta que aparece con frecuencia al hablar de bienestar: qué queda cuando el trabajo, el dinero y el reconocimiento dejan de ocupar el centro de la vida.

El neurólogo tomó como referencia trayectorias de personas que crecieron en contextos muy distintos. Algunas estudiaron en Harvard y construyeron carreras importantes; otras provenían de barrios humildes de Boston.

Conrado Estol, neurólogo: “La base de todo son los vínculos”: qué significa para la felicidad y la longevidad

“La base de todo son los vínculos”, afirmó Conrado Estol al referirse a la felicidad y la expectativa de vida. Para el especialista, las relaciones cercanas tienen un peso que no puede reemplazarse con logros profesionales u objetos materiales.

Estol habló de situaciones concretas: una conversación, una comida compartida o la presencia de alguien durante un momento difícil. No se refirió a tener una agenda llena de contactos, sino a contar con personas en las que se pueda confiar.

El neurólogo citó el Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, una investigación que siguió durante décadas a personas con condiciones económicas y sociales diferentes.

Conrado Estol, neurólogo: “La base de todo son los vínculos”: qué significa para la felicidad y la longevidad.

“Ir a Harvard y ser después un banquero importante no predecía; lo que predijo felicidad y expectativa de vida era tener vínculos, ya sea en el barrio pobre o entre quienes estudiaban en Harvard”, explicó.

El planteo también fue retomado por el médico Daniel López Rosetti. Al revisar las trayectorias completas de los participantes, destacó que el dinero y el éxito laboral perdían importancia frente a la familia, los amigos y la contención afectiva.

Tener vínculos sólidos tampoco significa evitar discusiones o atravesar una vida sin problemas. El dato observado fue la posibilidad de recurrir a otra persona y sostener relaciones con confianza a lo largo del tiempo.

Qué descubrió el estudio de Harvard sobre la felicidad

La investigación comenzó en 1938 con 724 jóvenes. Un grupo estaba integrado por estudiantes de Harvard y otro por adolescentes de barrios con bajos ingresos de Boston. Los investigadores siguieron sus trabajos, matrimonios, enfermedades y cambios personales. También realizaron entrevistas, revisaron historias clínicas y sumaron pruebas físicas.

Con el paso del tiempo, el proyecto incorporó a parejas y descendientes. Esa continuidad permitió observar a los participantes desde la juventud hasta la vejez, en lugar de tomar una fotografía de un único momento.

Uno de los resultados más difundidos fue que la satisfacción con las relaciones a los 50 años anticipaba mejor el estado de salud a los 80 que otros datos examinados durante el seguimiento.

Qué descubrió el estudio de Harvard sobre la felicidad. Foto ilustración Adobe Stock.

Robert Waldinger, director del estudio durante parte de su historia, señaló que las buenas relaciones ayudan a conservar la salud y el bienestar. También advirtió que la soledad mantenida se relaciona con un deterioro físico y cognitivo más temprano.

La calidad de los vínculos tuvo más peso que la cantidad. Una persona puede mantener numerosos contactos y sentirse sola, mientras que otra puede contar con una red pequeña pero estable.

El resultado de Harvard coincide con otras investigaciones. Un metaanálisis publicado en PLOS Medicine reunió 148 estudios y datos de 308.849 participantes. Las personas con relaciones sociales más fuertes presentaron una probabilidad de supervivencia un 50% mayor que aquellas con conexiones débiles. El seguimiento promedio fue de siete años y medio.