Toda gran obra genera sus apócrifos. No necesariamente falsificaciones: papeles satélites, materiales preparatorios, notas al margen, desvíos, ocurrencias, borradores de una obsesión. Libros que llegan después para iluminar, desde otro ángulo, una construcción que parecía terminada. Textos akáshicos. Artículos y rarezas, la compilación que acaba de publicar Ediciones Biblioteca Nacional, pertenece a esa especie. No es una obra inédita del novelista, cuentista y poeta Alberto Laiseca ni una antología de sus mejores páginas. Es algo más extraño: el mapa de las rutas secundarias que desembocaron en su literatura. Una puerta de entrada lateral a su obra.
El término akáshico proviene de la palabra sánscrita akasha, que significa éter, espacio o cielo. En el ámbito de la espiritualidad y el esoterismo, se suele utilizar para referirse a los Registros Akáshicos, descritos como una especie de biblioteca universal o memoria cósmica no física donde se almacena absolutamente todo lo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá en el universo. Los textos incluidos en esta antología funcionan de ese modo. Claves del universo laisequiano que pretenden ser descifradas.
El libro puede leerse como un anverso de Laiseca, el iniciado, la muestra inaugurada el año pasado en la Biblioteca Nacional. Consta de artículos periodísticos, ensayos, prólogos, contratapas, perfiles, textos autobiográficos y rarezas diversas (inclusive las crónicas rockeras que escribió para la revista Twist y Gritos dirigida por Tom Lupo), recopilados por Mariano Buscaglia, que se acumulan formando parte de una misma memoria secreta. Son criptogramas textuales que expanden y profundizan el universo de este maestro de escritores, autor de la novela más extensa de la literatura argentina (Los Sorias) y creador del realismo delirante.
Las obsesiones de Laiseca aparecen desparramadas a lo largo de este compendio de su prosa crítica y ensayística. Esto es posible de rastrear, también, en su literatura: historia antigua, cultura oriental, ruinas de grandes imperios, conspiraciones, la Unión Soviética, sindicatos, mundos subterráneos y héroes extravagantes.
Todo se condensa en estos textos cuyo orden cronológico construye una serie de soldados en fila, como aquellos libros forrados de blanco que conformaban su biblioteca personal –hoy resguardados en su Camilo Aldao natal– y según contaba los había uniformado para combatir a los fantasmas.
También aparecen sus lecturas, de las cuales echa mano a la hora de escribir reseñas, que no suelen encontrarse en las recomendaciones más habituales del canon literario. Laiseca solía defender a capa y espada a autores como Mika Waltari, H. Rider Haggard o Gaston Leroux, que hoy en día suelen ser incluso menospreciados, pero que supieron forjar en él un estilo único. Este libro ayuda también a comprenderlo.
Hay algunos textos que se destacan por su peculiaridad. Es el caso de sus crónicas sobre las cloacas porteñas publicadas en Tiempo Argentino durante los años 80. En “Fantasmas de la ópera en Buenos Aires” escribe: “Las cloacas de Buenos Aires están llenas de personas”. Alberto Laiseca desciende literalmente al subsuelo de la ciudad guiado por su amigo Enrique César Lerena de la Serna, mejor conocido como Ithacar Jalí, artista conceptual y performer que solía frecuentar el Bar Moderno.
En otro artículo, “Sexo y crimen en las cloacas”, vuelve a citar a Lerena al realizar toda una clasificación de los diferentes seres que, en teoría, viven en el submundo de la capital.
Entre los ensayos incluidos sobresale “Centro-Periferia”, publicado en la revista La Caja en 1992. Allí aparece una de las formulaciones más precisas de su programa estético. “Volverse centro, pero centro de verdad, lleva inevitablemente a la lógica del poder y esta a la lógica de la evaporación”.
Aquí Laiseca resalta la importancia de construirse una tesis propia a la hora de forjarse como escritor. Esto, visto a la distancia, es interesante de analizar teniendo en cuenta el apoyo que le brindaron autores como Fogwill, Piglia y Aira en el intento de difundir su obra y en busca de un más que merecido reconocimiento que quizás recién esté consiguiendo post mortem.
“De lo real partimos hacia lo imaginario”, escribe en uno de sus últimos textos, “La construcción del personaje en narrativa”. Sus consejos fueron pensados para la literatura pero bien podrían funcionar para la vida en general. Concluye: “Tener toda clase de amigos, no ser hermético, andar por lugares exóticos. Vivir”.
Textos akáshicos, Alberto Laiseca. Ediciones Biblioteca Nacional, 350 págs.
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