El emblemático edificio Chrysler, una joya art déco en el corazón de Manhattan, encontró nuevo comprador tras varios años de búsqueda: la promotora inmobiliaria Tishman Speyer anunció el miércoles que asume el desafío de su amplia renovación.
El Chrysler, inaugurado en 1930 como símbolo de exuberancia y modernidad en Nueva York, había pasado varios años en una situación de incertidumbre respecto a su propiedad, entre críticas sobre su abandono y hasta problemas por roedores.
"Estamos encantados de guiar este edificio tan querido en este nuevo capítulo", comentó Rob Speyer, director general de Tishman Speyer, citado el miércoles en un comunicado.
"Vamos a crear un entorno del que nuestros clientes se sientan orgullosos y en el que estén felices de venir a trabajar cada día", añadió.
Tishman Speyer no es ajena a la famosa torre de oficinas de 77 pisos: compró el contrato de arrendamiento en una subasta en 1997 y terminó de deshacerse completamente de él en 2019.
La firma y sus socios financieros prevén llevar a cabo un "intenso programa" de rehabilitación interior y renovación exterior, que incluye modernizar los sistemas mecánicos, eléctricos y de aire acondicionado.
Inyectarán 235 millones de dólares en la propiedad para devolver el esplendor a la antigua sede del fabricante de automóviles Chrysler.
También pagarán alquiler a Cooper Union, una universidad de Nueva York que es propietaria del terreno sobre el que se alza el Chrysler, como parte de un contrato de arrendamiento de suelo de 150 años.
El piso 61, cuya fachada exterior rinde tributo a las tapas de radiador de los primeros vehículos Chrysler, será convertido en un espacio gastronómico con acceso a terrazas al aire libre.
El proyecto también contempla la restauración de la fachada y el pulido de su famosa corona de acero inoxidable.
El objetivo es permitir que compita con los rascacielos más modernos de la mayor ciudad de Estados Unidos.
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